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Lisboa pide paso como nueva capital europea del arte actual

instalación de la exposición ARCO en Madrid.
instalación de la exposición ARCO en Madrid. / Afp
  • Las favorables condiciones fiscales que ofrece Portugal a los nuevos residentes animan su emergente mercado

  • La segunda edición lisboeta de la feria de arte contemporáneo reúne casi 60 galerías de trece países

¿Crisis, qué crisis? Portugal ha pasado del borde del abismo al optimismo. Está de moda y gana autoconfianza. Tras estar deprimido y al filo del rescate, el país se inyecta moral y autoconfianza en la política, la economía, el fútbol, en la música eurovisiva y también en el arte. Portugal atrae hoy como un imán a coleccionistas 'postcrisis'. Nuevos y adinerados residentes llegados de Europa y América que se benefician de una fiscalidad más que favorable y consumen arte en la incierta Europa del 'brexit' .

Un efecto que tiene su reflejo en un emergente mercado artístico que alimenta ARCO Lisboa. Por segundo año la feria cruza la raya portuguesa para atender y dinamizar un mercado al alza y reforzar el papel de una Lisboa que se reivindica y pide paso a codazos como nueva capital del arte contemporáneo.

Casi 60 galerías de trece países -15 españolas- participan en una feria trufada de optimismo que quiere aprovechar esa inyección de moral, arrinconar la 'saudade' y superar sus cifras del año pasado, con más de 15.000 visitas y buenas ventas. Con un millón de euros de presupuesto, es la cuarta parte por dimensión y coste que su hermano mayor, ARCO Madrid. "Lisboa es una feria adecuada a un mercado que no asumiría 200 galerías y que sale al encuentro de de un coleccionista que ha perdido el miedo y abandona su cueva", dice un feliz Carlos Urroz, director del certamen.

"Se respira un optimismo que no era tan intenso el año pasado, cuando todo eran dudas", confirma Urroz. "Hay una docena de grandes coleccionistas en Portugal y una clase media que se recupera de la crisis, además de un nuevo coleccionista que llega del Reino Unido, Francia, Brasil o Bélgica", señala. "Cuando se residencian en Portugal disfrutan de unas condiciones fiscales especiales durante un periodo, aunque el IVA del arte es aquí del 23%", explica Urroz. Es un público ávido de arte y con poder adquisitivo "que crea unas fenomenales expectativas de venta".

Lo confirma Ignacio Navarro, al frente de la galería Leandro Navarro, un clásico que apuesta por grandes del informalismo español como Saura, Rivera y Tàpies, y clásicos del siglo XX como Dalí, Picasso y Miró. Tiene una de las piezas más caras del certamen, un Saura que homenajea al perro de Goya por 182.000 euros, y un Torres García de 1931 por 65.0000. "Portugal y Lisboa cada vez son más atractivos para europeos y americanos que se acomodan aquí y disfrutan de grandes ventajas fiscales. Tanto que hace que quien tributa en Francia a casi un 70% lo haga aquí en torno 30% durante un periodo determinado", confirma Navarro. "Hay una comunidad internacional que llega para quedarse y quiere buen arte", explica el galerista madrileño, habitual de Basel Miami.

Comparte su criterio su colega portugués Nuno Centeno, habitual de ARCO Madrid y que precisa además como el comprador europeo puede eludir el 23% de IVA que soporta el comprador portugués. "La nueva comunidad internacional anima el mercado. Hay más demanda. Está claro que Lisboa es muy atractiva. Está de moda y es un imán para los artista y galeristas que antes se instalaba en otras ciudades europeas como Berlín o Bruselas", asegura. "En los últimos años Lisboa ha cambiado de piel y es una plaza emergente en el mundo del arte", dice este galerista luso, con piezas entre 5.000 y 40.000 euros de artistas como el español Secundino Hernández o el británico Dan Rees.

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