Los últimos animales de Peña Escrita esperan su reubicación

Los ponis de Peña escrita se prestan a una caricia y acercan el hocico a la cámara. / JAVIER MARTÍN

De los 150 animales que había, aún quedan por 'colocar' más de 50 entre osos, ponis o cabras

LAURA GAUTIERMotril

En una escarpada montaña a unos 800 metros de altura, se encuentra el exuberante recinto de Peña Escrita, un antiguo zoológico que se ubica a 18 kilómetros de la localidad pero en los que hay que invertir 40 minutos para llegar. Recorrer una sinuosa y estrecha carretera es la única manera que hay para entrar al parque, que a día de hoy está clausurado, pero en el que todavía viven unas 50 de las 150 fieras que llegó a haber entre osos, leones, tigres o lemures. Al llegar al Ayuntamiento, el nuevo gobierno –que no tenía dinero para adaptarlo a la normativa y mantenerlo– decidió que la mejor manera de cerrar definitivamente el parque y tener la oportunidad de sacarle algo de rendimiento era buscar un nuevo hogar a estos animales. Lo que no se imaginaban es que el camino para conseguirlo iba a ser igual de sinuoso, largo y complicado que el de Peña Escrita.

La solución llegó de la mano de FAADA, una asociación que se encarga de apadrinar y gestionar los traslados de animales y que paradójicamente entró en contacto con el Ayuntamiento tras denunciar al gobierno ante la Fiscalía. Finalmente el conflicto se convirtió en remedio y es este colectivo quien desde entonces se está encargando de buscar el destino de los animales de Peña Escrita. Pero la polémica no terminó entonces. Hace apenas una semana, la asociación volvió a arremeter contra el Ayuntamiento a quien acusó de entorpecer los trámites para conseguir la documentación necesaria para hacer efectivos esos traslados e incluso de tener a los animales en mal estado. «En la espera han muerto bisontes, macacos...y lo que nos sabemos», afirmó Laura Riera, asesora en fauna salvaje de FAADA.

Así lo publicó este periódico el pasado miércoles, día en el que el propio Luis Aragón se mostró estupefacto ante las declaraciones del colectivo. «Nosotros somos los primeros interesados en darle salida de una vez a los animales de Peña Escrita, no tiene sentido que nos acusen», afirmó Aragón, que cifra en 300.000 euros anuales la cantidad que tiene que gastar para mantener a los animales en buenas condiciones.

Lo cierto es que después de la riña y según afirmó la propia Laura Riera a IDEAL, la sangre no ha llegado al río y ambos han limado asperezas para continuar trabajando y dar salida a esos 50 animales que siguen viviendo en el paraje vallado y para los que trabajan siete personas, entre ellos un biólogo y un veterinario. «Aún así, seguimos esperando una comunicación por su parte para seguir con las gestiones», matizó Riera.

Zorros y hasta un tigre

Entre estos 50, según indicó el concejal de Medio Ambiente, Luis Aragón hay cuatro macacos, dos zorros plateados, seis osos, diez lobos canadienses, ocho ponis y una veintena de jabalíes, además de algún ciervo, cabras montesas, pavos y un tigre, que no es de propiedad municipal, sino de un particular que está pendiente de ceder su titularidad para que se pueda trasladar.

Junto a la verja de los osos –que no parecen estar en mal estado–, el edil defiende que no existe ningún problema a la hora de elaborar la documentación que da luz verde a la salida de estos animales una vez que ya se les ha encontrado destino, pero que es difícil tramitarla.

Según explicó Jesús Ruiz, biólogo municipal, para conseguir los papeles hay que elaborar un permiso «cites», realizarle al animal un análisis y elaborar una guía de transporte. El último en salir, hace dos semanas, según explicó el veterinario fue un lince y se espera que en septiembre sean los ponis los que salgan hacia Cataluña.

Uno de los ponis espera una cría, una prueba, según indicó el veterinario, irrefutable de que los animales están perfectamente. «Un animal enfermo sencillamente no se reproduce», afirmó tajante. «A los osos los tenemos castrados y separados y estamos dividiendo el recinto para conseguir capturar a otros tantos».

El supuesto maltrato

La otra cara de la polémica la sirvió también la asociación la semana pasada, que acusó al gobierno de mantener a los animales en malas condiciones. Incluso, según indicaron en un comunicado, en la espera por conseguir la documentación había muerto alguno. El primero en saltar ante estas acusaciones fue el veterinario del recinto, que defendió la buena salud de estos animales y su trato.

El trabajador reconoció que algunos animales, como una macaca o un bisonte habían muerto durante la anestesia que tienen que suministrarles para facilitar su traslado, algo que ocurrió únicamente por la avanzada edad de los animales. «Este oso –señalando a un ejemplar– por ejemplo tiene artrosis. Igual que los humanos, los animales también sufren enfermedades cuando se hacen mayores y aquí tenemos algunos con más de 40 años», defendió.

Lo cierto es que el medio centenar de animales que quedan cuentan con recintos propios y comederos. Los macacos agitan con fuerza las vallas y sacan los dientes al curioso, mientras los ponis se prestan a una caricia y buscan la cámara con el hocico. «Probablemente, si yo enseñara las facturas de lo que me cuesta la comida de los animales habrá gente que me criticaría, sabiendo que Almuñécar tiene otras necesidades pero, ¿qué hacemos? Si los que saben me dicen que la alimentación tiene que ser de primera calidad y que me tengo que gastar 1,20 euros en manzanas yo no puedo decir que no», reiteró, por su parte, Luis Aragón.

Los que probablemente no lleguen nunca a encontrar un nuevo hogar serán los jabalíes. A día de hoy hay más de una veintena por Peña Escrita, cuyo fin será la eutanasia, según indicaron tanto el biólogo municipal, como Laura Riera, de FAADA. El deseo del gobierno es que el resto encuentre cuanto antes un destino, «el mejor que se pueda», indicó Aragón, que no ve la hora de zanjar de una vez la herencia envenenada de Peña Escrita.

«No nos da rentabilidad alguna y no podemos sacar a concurso los terrenos»

. Aunque todavía los animales no hayan salido en su totalidad de Peña Escrita, el concejal de Medio Ambiente, Luis Aragón ya baraja desde hace tiempo varias fórmulas para dar una nueva vida al recinto. Precisamente para que éste deje de ser una inversión fija sin retorno económico alguno el gobierno quiere cerrar de una vez el parque. La idea, una vez que se consiga, es sacar a concurso el terreno donde todavía existen 11 cabañas con capacidad para alojar a 48 visitantes para que pueda explotarse turísticamente y dar otra opción de ocio en Almuñécar.

Por otra parte, y una vez que las jaulas ya se queden vacías, Aragón tiene en mente volver a llenarlas de animales, pero no peligrosos ni salvajes precisamente. El edil de Medio Ambiente considera que podría establecerse un refugio para perros, algo que podría hacerse en colaboración con alguna asociación animalista que ya trabaja en Almuñécar y a la que se le cedería el espacio. Y es que, actualmente, el Ayuntamiento no cuenta con este servicio.

«No sacamos rentabilidad alguna y no podemos sacar a concurso los terrenos», manifestó Aragón haciendo alusión al dinero que les cuesta mantener a los animales de Peña Escrita. Algo para lo que, según indicó no reciben ningún tipo de ayuda de otras administraciones, indicó.

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