El último SMS de María Teresa

El teléfono móvil, clave para resolver el caso de Diana Quer, no ha podido arrojar luz a la desaparición de la motrileña, pese a que lo usó justo antes de perderse

Los padres de María Teresa, Teresa y Antonio, miran la imagen de su hija en un teléfono móvil. / JAVIER MARTÍN
LAURA UBAGO y YENALIA HUERTASGranada

El teléfono de 'El Chicle' fue dejando un reguero de migas de pan que la Guardia Civil recorrió para poder acorralarlo. La ubicación de su móvil y del de la propia Diana Quer han sido claves para dar caza a este villano que se quedó sin coartada cuando pudieron geolocalizarlo y seguir sus pasos en aquella noche de verano gallega. Prácticamente desde el primer momento estuvo entre los sospechosos y desde noviembre la Guardia Civil lo tenía contra las cuerdas con las pruebas e indicios. El intento de asaltar a una nueva chica esta Navidad lo delató y los datos de su móvil y el de Diana cerraron el círculo.

María Teresa Fernández desapareció también en agosto, también en fiestas, en Motril, en el año 2000 y llevaba móvil. Pero eran otros tiempos y, a través del teléfono, no pudieron situarla a pesar de que lo usó minutos antes de desaparecer para mandar un mensaje a su novio, como atestigua el sumario. «No había ni medios ni ganas», resume su madre Teresa Martín, que dice que para los padres de Diana Quer ha tenido que se muy doloroso saber que su hija está muerta, pero que, al tener el cuerpo «al menos descansan». Ellos llevan 18 años conviviendo con la incertidumbre, con la esperanza justa para seguir y con la rabia de pensar que «no se hizo nada» en las decisivas primeras 48 horas.

Teresa y Antonio abren las puertas de su casa, 18 años más tarde, a todo el que quiera hablar de su hija para colaborar. Mantienen viva la investigación asistidos por la mirada de María Teresa, que cuelga de la pared de salón en forma de retrato.

La niña, que ya era mayor de edad, traía buenas notas, cuidaba de los caballos, se merecía un teléfono móvil en aquellos tiempos en los que pocos jóvenes tenían uno. «Nos íbamos al cortijo y me gustaba tenerla controlada, ya sabes cómo somos las madres», expresa Teresa con una media sonrisa. Quién le iba a decir que le arrebatarían a su hija en pleno centro de Motril, cuando las calles eran un hervidero, después de que varias personas la viesen por la zona donde se perdió usando su teléfono móvil; del que Teresa no recuerda el modelo, sí que era negro y azul.

«No se actuó en las 48 horas siguientes a la desaparición. No había medios ni ganas» Teresa Martín | Madre de María Teresa

«Seguimos pidiendo la colaboración porque alguien tuvo que ver algo y nunca lo ha contado» José Rojas | Abogado de la familia

«Sí hubiese sido posible la triangulación de un móvil pero hace 18 años eran técnicas muy novedosas» Francisco Hernádez Guerrero | Fiscal de la Fiscalía de Granada

Teresa madre no escribía mensajes, la llamaba para saber dónde estaba. Aquella noche, la del 18 de agosto del 2000, también llamaron al móvil de su hija. «Dio dos tonos y lo cortaron». Después se apagó de por vida.

Según los datos que aparecen en las extensas diligencias y a las que ha tenido acceso IDEAL, el padre de María Teresa, Antonio Fernández, la dejó en un semáforo de la calle Cuevas a las 21.40 para recoger a dos amigos y coger el autobús de la playa para encontrarse con el novio de la joven, que trabajaba en Poniente y que terminaba a eso de las diez. Después pensaban ir a la feria, al concierto de Café Quijano, y al terminar la recogerían sus hermanas. Ella ni siquiera llegó a la playa. La última vez que la vieron fue unos minutos antes de las diez de la noche pasando por el bingo que hay cerca del Cerro de la Virgen, en dirección a la parada del autobús, usando su teléfono móvil. Mandaba un sms a su novio. Textualmente decía así: «Puede q llegue 1 tarde pero voy espérame». Eran las 21.53.

Unas cuantas horas antes, según consta en la declaración del novio -que era menor de edad-, María Teresa le había mandado otro sms. «Piénsatelo ¿vamos a ir al concierto? Piénsatelo bien y piensa lo que quieres hacer esta noche. Voy a las diez a la playa».

El chaval cuenta que, viendo que no llegaba su novia a la playa, se dirigió a Motril ciudad andando por si la veía; pero no. La llamó desde cabinas (porque no tenía saldo) y todas estas veces daba llamada pero no cogía nadie. Entonces decidió ir a buscarla al ferial, donde tampoco la encontró.

«Técnicamente no es posible»

Los investigadores en seguida pensaron que los móviles podrían arrojarles luz sobre la desaparición pero no fue así. El 22 de agosto del 2000 -cuatro días más tarde de la desaparición- la Policía Nacional de Motril pidió a Movistar la lista de mensajes y llamadas de María Teresa y el novio y que, por supuesto, colaborasen para averiguar dónde había estado la joven a través de la señal del teléfono, petición que la jueza ratificó con un mandamiento judicial. En el 2000, los avances tecnológicos eran limitados y desde Telefónica respondieron oficialmente que «técnicamente no era posible la localización de un móvil». Así que de poco le sirvió a María Teresa llevar un terminal y usarlo antes de desaparecer. La Policía concluyó que, de los mensajes y llamadas, no se desprendía ningún elemento nuevo ni esclarecedor.

Sin embargo, Francisco Hernández Guerrero, fiscal decano de la Sección Penal de la Fiscalía de Granada y delegado de Criminalidad Informática, piensa que se podría haber llegado más lejos. «Sí hubiera sido posible la triangulación de un móvil y hace 18 años no estábamos sometidos a regulación. Sí se hubiera podido realizar, lo único que pasa es que eran técnicas muy novedosas y yo creo que se emplearían en alguna ocasión, sobre todo en la lucha antiterrorista, pero no en los asuntos de seguridad ciudadana. Tecnológicamente sí habría sido posible, no con la precisión actual, pero digamos que ni las fuerzas de seguridad ni nosotros estábamos acostumbrados a realizar estas técnicas de investigación», expresa el fiscal, que precisa que no hubiese sido por geolocalización sino por las señales dentro de la red de comunicación, por las antenas de la zona donde desapareció. Para Francisco Hernández Guerrero el móvil suele ser, en estos casos, una prueba más. «Es un indicio más, porque detrás de un dispositivo móvil siempre tiene que haber una persona, entonces ese tipo de pruebas, como todas las pruebas electrónicas, lo único que acreditan es la presencia de un dispositivo electrónico, que puede estar vinculado a una persona, la persona sospechosa, bien por su titularidad bien porque hace un uso regular de él. Ese un paso en la investigación que se descubrirá a través de las pesquisas policiales», señala el fiscal experto en criminalidad informática.

Pero el contenido del mensaje sí removió y mantiene aún en vilo a los padres, que piensan que, si la niña dijo que iba a tardar pero que iría a la playa debió ser porque «se entretuvo con alguien conocido o con alguien que le dio confianza», según apunta el abogado de la familia, José Rojas, que les acompaña en esta dura travesía desde 2003.

Arropados por su letrado, por los más cercanos, por todo el pueblo de Motril que salió a rastrear la Vega, el caso de los padres de María Teresa es peculiar porque se caracterizan por su lucha, porque ellos mismos buscaron y aún buscan. «Han sufrido mucho, con llamadas falsas que querían gastarles una broma y hasta con estafas económicas», dice José Rojas, que continúa yendo al juzgado a preguntar y que mueve papeles de este caso para no dejar que se apegue; el último, hace apenas un año.

Teresa madre vuelve a esos primeros días y se enfada al recordar «las pocas cuentas» que les echaron. Pegaron sus carteles a mano mientras, dice, les insinuaron «que su hija se había ido por sus propios medios».

«Estamos muy agradecidos al pueblo de Motril y a Protección Civil, que tanto nos ayudaron a buscar. Ahora hay que sacar fuerzas de flaqueza, echarle coraje y seguir para adelante», expresa esta madre que nunca dejará de luchar «porque un hijo duele mucho» y porque aún no sabe qué le pasó a su María Teresa.

1. Calle Cuevas. El padre de María Teresa, Antonio Fernández, la deja aquí a las 21.40 del día 18 de agosto del 2000, para que cruce donde había quedado con unos amigos con los que bajaría a la playa a por su novio, que salía de trabajar a las 22.00. / 2. Calle Pedro Vitoria. Había quedado con sus amigos y como no aparecen toca al portero de la casa de un familiar de uno de ellos, que le dice que no están. Aquí se le pierde la pista. / 3. En esta parada iba a coger el autobús que la llevaría hasta la playa para encontrarse con su novio. Alguien la vio de camino a la parada, a la altura de un bingo que había, usando su teléfono móvil. Nadie la volvió a ver. / JAVIER MARTÍN

Aún sobre la pista

Con su insistencia y sorteando dificultades, las pistas llevaron a los padres de María Teresa, a la investigación, hasta Tony King, el británico condenado por las muertes de las jóvenes malagueñas Rocío Wanninkhof y Sonia Carabantes, que escribió desde la cárcel una carta en la que nombraba a María Teresa.

Tony Alexander King reconoció en 2004 en su declaración ante un Juzgado de Motril haber escrito la carta en la que afirmaba que «haría pagar» a Robert Graham «por lo que le hizo a Rocío y a la chica de Motril» y dijo que intuía que éste había acabado con la joven María Teresa Fernández.

El abogado José Rojas comentó en ese momento que este testimonio abría una «nueva línea de investigación» para contrastar los datos ofrecidos por King, si bien ya se ha solicitado la comparecencia de Graham, cuyo último destino conocido era Egipto, hace 14 años.

El abogado de la familia cuenta que hay «pruebas suficientes» para demostrar que Graham estuvo en Motril en las fechas en que desapareció María Teresa, entre ellas el testimonio de personas que aseguraron haberle visto, y apunta que es «totalmente posible» porque entonces trabajaba en una agencia inmobiliaria de Nerja, localidad muy próxima a Motril.

Con la sangre helada y la falta de humanidad de la que sólo un asesino puede hacer gala, Tony King -que cumplía condena en la cárcel de Albolote- aseguró frente a frente con los padres de María Teresa Fernández que a su hija la había matado Robert Graham.

Y en ese punto se quedó y sigue la lucha de estos padres incansables, que sienten que esto «les ha tocado a ellos» y que quieren saber de una vez qué pasó y poder así descansar tranquilos.

El abogado de la familia, José Rojas, cuenta que hace poco volvió a reiterar la petición de que se produzca un careo entre King y Graham, aunque éste último está en paradero desconocido y está siendo buscado por la Interpol. Al menos piden que declare y qué diga qué hay de cierto en las acusaciones de Tony King.

Teresa se pregunta qué habría pasado si su hija hubiese desaparecido hoy día, con smartphones, con Whatsapp... «De Motril a la playa hay muy poca distancia pero no se actuó en las primeras horas. No nos hicieron caso y teniendo ahí el mar, un barco sale para cualquier punto en cuestión de minutos», se lamenta la madre de María Teresa, que sabe que tuvieron mala suerte en aquellos primeros momentos en el que el rastro de su hija, en el centro del pueblo, estaba aún caliente.

«Siempre he pensado que hay alguien que vio algo y que no lo cuenta. A esas horas, en el centro de Motril uno no desaparece sin más, alguien tuvo que verla montarse en un coche, hablar con alguien... así que seguimos pidiendo esa colaboración», apunta José Rojas, que se impulsa con la fuerza y la esperanza que transmiten los padres de María Teresa. Padres coraje, padres con mucho coraje: el referido a la rabia.

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