"Ahora mi silla son mis nuevas zapatillas"

Daniel Rodríguez se enfrenta ahora a un mundo lleno de obstáculos, pero piensa sortearlos con muchas ganas de vivir y el cariño de los suyos

Daniel posa para IDEAL, de vuelta a casa, en Motril. / Javier Martín
LAURA GAUTIERMotril

Daniel Rodríguez, el físico e ingeniero motrileño que apareció malherido en unas vías del tren de Milán en aquella fatídica madrugada del mes de abril no piensa mirar nunca más al pasado. Su padre cuenta que el maquinista que estaba entrando a la estación iba con la velocidad reducida y al ver las zapatillas rojas del muchacho paró. Dani prefiere no ahondar más en aquello, porque está centrado únicamente en construir su presente y su futuro, mientras continúa utilizando las redes sociales como una ventana para compartir sus experiencias. «Ahora mi silla son mis nuevas zapatillas», confiesa a IDEAL desde el salón de su casa, en Motril. Tiene 28 años, muchas ganas de vivir y el apoyo de los suyos. «Podría hundirme y quedarme encerrado en casa, pero esa no es mi opción», asegura.

Después de pasar siete meses en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, Dani ha vuelto con su familia, que se desvivió por atenderlo en Milán y se encargó de fletar un avión medicalizado para trasladarlo a España. El joven, que sufre una tetraplejia a la altura de la llamada vértebra c6 afronta su nueva situación con una fortaleza admirable, aunque resta importancia a una actitud que considera necesaria para seguir viviendo. «Tampoco tienes otra opción», cuenta Dani, que antes del accidente se encontraba terminando sus estudios de doctorado en el instituto de Física Corpuscular de Valencia. «De la noche a la mañana ves cómo tu vida cambia por completo y yo entiendo que haya mucha gente que se hunda. Al principio cuesta mucho salir adelante pero tienes que asimilar que vas a seguir viviendo», asevera.

No ser "una persona vertical"

En cuanto llegó a su ciudad natal, el joven se dio cuenta de que tendría que enfrentarse a una nueva situación en la que no todas las ciudades son accesibles, pocos cines están adaptados y que incluso alquilar un piso acorde a sus necesidades puede ser una odisea. En su portal, sin ir más lejos, se encontró con una de las primeras dificultades: la empinada rampa que hay en el bloque, por la que es imposible subir con su silla sin ayuda. Poco a poco, con esfuerzo y filosofía, Dani se está haciendo de nuevo a su casa, en la que ahora ya no puede moverse, como él dice, como una «persona vertical» y en la que ya no cuenta con las facilidades que tenía en el hospital de Toledo.

A esto, además, hay que sumar los obstáculos que se ha ido encontrando en la ciudad para poder moverse. Dani relata que la configuración de Motril, donde hay tantas y empinadas cuestas, y la falta de accesibilidad que sufre su edificio le hace prácticamente imposible moverse de manera autónoma.

Son sus amigos o familiares los que van a casa a recogerlo y tienen que ayudarle hasta a abrir la puerta de la calle, que se abre hacia atrás y que no puede sostener mientras empuja su silla hacia dentro o fuera del edificio. Algo en lo que, según explicó el joven, ya se está trabajando para buscar una solución. «Hasta que no llegas a esta situación no te das cuenta de lo mal que está todo. Cuestas, escalones, huecos estrechos...». El joven, que ha visto cómo de la noche a la mañana su vida ha cambiado por completo, denuncia la falta de accesibilidad que se está encontrando no sólo en el centro de Motril, sino también en instalaciones que son nuevas y a las que se les presupone una mayor accesibilidad. «Las pasadas Navidades me puse a buscar una sala de cine en Granada, y lo máximo que ofrecían para personas con discapacidad eran las filas uno y dos. Incluso en los cines nuevos te encuentras esta situación y no me parece lógico», denuncia.

Pero nada de eso frena a este físico de 28 años, que desde que volvió a Motril se desplaza cada mañana a un centro de fisioterapia en Granada para ir trabajando sus músculos. «Nunca vas a recuperar el 100% de la movilidad, pero la fisioterapia ayuda. Mi primer pronóstico era quedarme entubado en una cama y mira...», asevera.

Precisamente para poder ir con más facilidad a estas sesiones, el joven está barajando mudarse a Granada. Además, Dani considera que en la capital tendrá más posibilidades de llevar una vida mejor, ya que su intención es buscar deportes para llenar sus días. La piscina, el tenis de mesa, o el baloncesto, son algunas de las actividades que baraja. Y no lo hará solo. Su hermana Beatriz, uno de sus grandes pilares se mudará con él para ser su «cuidadora personal», mientras continúa estudiando un máster.

Y justo aquí, en la tarea de mudarse, Daniel se ha dado de bruces con una nueva dificultad. Si cualquier persona que busque piso valora que sea luminoso o que tenga un mobiliario moderno, Daniel busca viviendas con un baño amplio o una cocina baja y esto está siendo prácticamente imposible. «Me parece indignante que portales de alquiler de renombre tengan la opción de buscar pisos con piscina, pero no den la posibilidad de limitar la búsqueda a pisos adaptados», critica.

Y para que estas carencias, a las que se enfrentan todas las personas con discapacidad sean visibles se conozcan, Daniel se encarga de explicarlas puntualmente en sus redes sociales a través de vídeos o fotografías que documentan sus vivencias diarias. Lo hace en la reconvertida página de Facebook ‘Dani Rodríguez C6’, que en su momento funcionó como una plataforma organizada por amigos y familiares para facilitar su traslado desde Milán a España bajo el lema ‘Dani debe volver’. Una ventana que Dani también ha aprovechado recientemente para promocionar su labor en ‘capacesde’, una organización nacional en la que discapacitados de toda España cuentan sus vivencias y las dificultades a las que se encuentran en primera persona.

Pero las dificultades físicas no son las únicas a las que se enfrenta el motrileño, que quiso cerrar la entrevista concedida a este periódico asegurando que tener a su novia «lejos», en Valencia, es otra de las dificultades a las que se está enfrentado. «Cuando estaba en Toledo le era mucho más fácil venir porque las comunicaciones son mucho mejores. En tres o cuatro horas estás allí desde Valencia. ¿Pero desde Valencia hasta Granada cómo vienes, si no hay ni tren y tendría que coger un autobús y bajarme en Antequera?», lamenta.

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