Al mar por primera vez

El pequeño Daniel disfruta del mar en brazos de su madre Inma ante la atenta mirada de su padre Dani. /José Ignacio Cejudo
El pequeño Daniel disfruta del mar en brazos de su madre Inma ante la atenta mirada de su padre Dani. / José Ignacio Cejudo

José Ignacio Cejudo
JOSÉ IGNACIO CEJUDO

Una escena común de estos meses de verano es la primera vez de cualquier crío en el mar. Los padres, primerizos o no, pisan la arena de la playa con todo a cuestas incluido su hijo, expectante ante uno de sus primeros días frente al agua salada de la Costa.

Muchos de los niños son desconfiados y rechazan de primera mano esa inmersión acuática que los padres desean. Para ellos, tener a su hijo en brazos y enseñarle a disfrutar del agua es todo un placer. Para el chiquillo, no obstante, implica un desafío personal frente al miedo a lo desconocido. Otra parte de la vida de cuantas ignora y que nunca dejan de temerse.

El pasado fin de semana, un matrimonio jienense decidió visitar las playas granadinas. Son Dani e Inma, y juntos cargan con un niño encantador de dos años y medio llamado Daniel, como el padre. Lo apodan 'el travieso'. No les fue fácil bañarlo en el mar.

Daniel es de Linares como sus padres y tiene la mirada purísima, esos ojos angelicales del que sólo ha conocido bien en un entorno idílico. Respira y transmite calma pero comienza a hacer honor a su apodo cuando se moja los pies y siente el mar, esa inmensa masa de agua en la que quieren introducirlo. Se resiste y patalea. Los padres lo siguen intentando y lo consiguen. Se calma. Le bañan cuanto se deja.

«Lo lleva muy mal, le gusta más el agua calentita de la piscina. Aquí está más fría y no se quiere meter», detallan, y tiene sentido.

Ya se afanaron el pasado verano para que el pequeño Daniel cruzara el horizonte de la orilla. Acababa de peinar un año de vida pero las playas murcianas no debieron de gustarle demasiado. «Se enteró la playa entera de que no quería bañarse. Lloraba y lloraba. No quería pasar de la orilla pero esta vez hemos podido entrar», celebran.

Entre risas comentan que todavía no se atreven a que intente nadar. «Está todavía muy metido en su mundo», afirma Dani. «Eso sí, se fía más de mí, que no me meto, que de él», comenta divertida Inma. «Luego es más como yo y no para: un bichejo», añade él, y ambos coinciden.

Escenas cotidianas de verano que esconden la felicidad de vivir y de ser una familia. El mes de agosto también es esto.

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