Panata pierde su última batalla

Los empleados de la gasolinera de Panata, que tendrá que cerrar./JAVIER MARTÍN
Los empleados de la gasolinera de Panata, que tendrá que cerrar. / JAVIER MARTÍN

La gasolinera de la N-323 que luchó una década para lograr un acceso desde la autovía echará el cierre | La apertura de una nueva estación en el acceso de la autovía, en la GR-14, supondrá el final para unos empleados que lo han intentado todo

Mercedes Navarrete
MERCEDES NAVARRETEMOTRIL

La apertura de la autovía Granada-Motril dejó sin circulación de vehículos a la vieja carretera N-323 y con ella sin clientes a la estación de servicio Panata, que, lejos de bajar los brazos, ha luchado durante una década con uñas y dientes por su superviviencia. Esta gasolinera de la Costa, y sobre todo sus empleados, se hicieron populares por las protestas y actos reivindicativos que protagonizaron durante años para exigir las señales que anunciaran a los conductores su presencia y, sobre todo, por pedir que se pusiera en servicio un acceso directo a la N-323 desde la autovía que permaneció años cerrado porque la obra tenía fallos de seguridad. No hubo acto de apertura de un tramo de la autovía, ni visita a la Costa en la que no estuvieran los empleados de Panata persiguiendo al ministro de turno para exponerle sus reividicaciones.

Pelearon en la Subdelegación de Granada, en el ministerio de Fomento en Madrid,... y finalmente, ganaron esa batalla. En 2014, con cinco años de retraso, Fomento abría el acceso desde la autovía a la N-323 y señalizaba la gasolinera, a unos 800 metros de la rotonda de Motril que da entrada a la autovía. Desde entonces la estación de Panata ha sobrevivido, con un sobreesfuerzo de empresario y empleados que, entre otras actividades, han realizado una campaña de tarjetas de fidelización, prácticamente puerta a puerta, por todos los pueblos cercanos.

Pero ahora sí, Panata está a punto de perder su última batalla. La apertura justo en la rotonda de entrada a la autovía de una nueva estación de servicio Cepsa, paradójicamente de la misma firma a la que ellos pertenecen, pero impulsada por otro empresario, dará la puntilla a esta guerrera estación. El propietario de la gasolinera de Panata, Rafael Yanguas, asume que se acerca el final. Y no porque ellos hayan tirado la toalla, ya que han pedido a Cepsa que les deje reinventarse como estación de gasóleo a domicilio para poder sobrevivir, pero no han obtenido el permiso de la marca, según explican empresarios y trabajadores. «No es justo, el trabajo de fidelización con más de dos mil tarjetas lo hemos hecho nosotros y ahora otra gasolinera se va a llevar nuestro trabajo. Estamos vendiendo dos millones de litros», lamenta Carmen Heredia, una de las trabajadoras de Panata, que ha batallado durante años de la mano del empresario. «Es un abuso de Cepsa, no hacia mi que ya nos defenderemos, yo más que he luchado por esta estación ya no puedo luchar, el problema ahora son cuatro historias familiares, las de Salva, Alina, Carmen y Gabi, que llevan toda la vida trabajando aquí», resume Yanguas, que llega pedir al empresario de la nueva gasolinera Cepsa que contrate a los trabajadores que se verán en la calle el día que la nueva estación abra. «No nos dejan sobrevivir, pedimos a Cepsa que no nos hunda. ¿Qué problema habría en que nos dejen reciclarnos como estación de gasóleo a domicilio? Los compañeros hasta se han sacado el carné de mercancías peligrosas, uno con mucho trabajo porque no domina el español», apunta Carmen, descorazonada por el final de la gasolinera por la que tanto han luchado juntos, trabajadores y empresario. Cuando fue a pedirle trabajo a Yanguas, hace 18 años, le ocultó su apellido, Heredia, por miedo a que tuviera prejuicios hacia los gitanos. Pronto se dio cuenta de que su jefe no era de esos. «Rafa se ha matado por mantener esta gasolinera abierta y lo ha hecho por nosotros, él tiene otros negocios y no lo necesitaba pero sabe que todos tenemos más de 40 años y que para nosotros es difícil empezar de nuevo», señala.

El frente judicial

Independientemente del pataleo ante Cepsa, la gasolinera de Panata mantiene otro frente de lucha abierto en los tribunales desde hace tres años. Y es que empresario y trabajadores denunciaron el acuerdo de pleno por el que el Ayuntamiento de Motril permitió la construcción de la nueva gasolinera Cepsa en unos terrenos que el PGOU calificaba como 'suelo no urbanizable de protección agrícola para cultivos de primor'. Un juzgado de lo Contencioso falló a favor del Ayuntamiento, entendiendo que en este suelo se permitía la construcción de infraestructuras «de utilidad pública o interés social». Y el juez entendió que una gasolinera la tiene, por lo que declaró el acuerdo de pleno conforme a derecho. No obstante, presentaron un recurso de apelación que aún no ha resuelto el TSJA.

«Somos poco optimistas, aunque empresa y trabajadores lucharemos hasta el final, igual que hicimos con la salida de la vergüenza. Lo peor es que se apropian del esfuerzo de quienes han defendido con todas sus fuerzas los intereses de una compañía que sale beneficiada junto con la persona que compró un terreno que valía para cultivar chirimoyos y de repente vía recalificación vale también para montar una gasolinera», denuncia Yanguas.

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