Luto en Salobreña: «Paquita era muy cariñosa y estamos rotos y llenos de tristeza»

Paquita (izq.) en una de sus actuaciones de baile. /IDEAL
Paquita (izq.) en una de sus actuaciones de baile. / IDEAL

La Guardia Civil encontró ayer el cuerpo de Francisca De la O sin signos de violencia y sobre las rocas de un acantilado

Laura Ubago
LAURA UBAGOSALOBREÑA

La alcaldesa de Salobreña, María Eugenia Rufino, se acercó ayer por la mañana hasta el cuartel de la Guardia Civil donde estaba una de las hijas de Paquita, que había vuelto al punto de partida en la intensa búsqueda de su madre. Y, allí, le tuvo que dar la noticia, con todo el cariño del mundo y con todo el dolor de su corazón. Francisca De la O había aparecido muerta en un acantilado. Se confirmaba, desgraciadamente, que aquello que había avistado la patrullera a lo lejos, era el cuerpo sin vida de una de las vecinas más queridas del pueblo.

María Eugenia Rufino recordaba ayer a Paquita, siempre implicada en las actividades que se organizaban, siempre dándole besos y un poco más apagada cuando el alzhéimer llegó a su vida y avanzaba lentamente. Este vecina de 74 años seguía haciendo vida normal. Daba sus paseos en un ‘circuito’ que era siempre el mismo y seguía acudiendo al centro de mayores del brazo de su inseparable amiga Carmen Flores, Carmelina.

Después de 45 horas desaparecida, agentes del Servicio Marítimo de la Guardia Civil encontraron ayer sobre las diez de la mañana el cuerpo sin vida de Francisca De la O López. Estaba en un paraje conocido como Pargo Villas, en un acantilado justo bajo el hotel Salobreña. El cadáver no tenía signos de violencia y estaba tendido sobre las rocas. Para su reconocimiento bajaron la forense y un familiar por una vereda complicada. Al ser un lugar de difícil acceso, los agentes decidieron acercarse al cuerpo por el mar, con una lancha de goma, y llevarla en la patrullera hasta el Puerto de Motril. De ahí pasó al anatómico forense y el funeral será hoy a las cinco y media de la tarde, según indicaron sus familiares en redes sociales.

Un amplio dispositivo había estado buscando desde el sábado a Francisca. El domingo por la noche había unas 200 personas dispuestas a seguir buscando y fue la propia Guardia Civil las que les invitaba a comer y descansar para poder seguir el rastreo a la mañana siguiente, cuando se empezar a buscar hasta el terrible hallazgo del cuerpo de esta salobreñera, sobre las diez de la mañana.

«Somos un pueblo muy pueblo para estas cosas. Ha sido un dispositivo sin precedentes. Ha buscado todo el mundo: gente joven, mayor...», contaba ayer la alcaldesa de Salobreña emocionada con sus paisanos. «A los propios agentes de la Guardia Civil les ha estado dando ánimos mirar a ese gente a la cara y ver las ganas que le han puesto a esta búsqueda y como no han perdido la esperanza nunca», expresó María Eugenia Rufino.

El rastro de Francisca De la O se perdió el sábado sobre la una de la tarde en La Caleta, en la plaza del Lavadero de este anejo pegado al mar. No era su recorrido habitual, aunque los que la vieron no observaron nada raro en ella. Paqui tenía alzhéimer en su estado inicial. Salía sola, por ejemplo, a comprar el pan. Aquel día dejó hasta la comida sobre la mesa y después, sus familiares, al ver que no volvía, avisaron a la Guardia Civil y a la Policía Local. Lo que se desconoce es que si de La Caleta al hotel Salobreña la llevó el mar o si ella pudo transitar por aquel acantilado. Todas las hipótesis están abiertas. No llevaba ni móvil ni identificación, aunque sí un monedero con poco dinero.

Por todos sitios

El Paseo de las Flores, La Caleta, el Monte de los Almendros, el Camino del Canal, el del Cementerio... las patrullas de voluntarios, la Policía Local de Salobreña al completo, la Guardia Civil hasta con helicóptero y la agrupación de Protección Civil de Motril, con una unidad canina, lo patearon todo. Hasta llegaron a mirar muy cerca de donde se localizó ayer el cuerpo y también 600 metros mar adentro y no encontraron nada. La esperanza no se quebró hasta que no se encontró ayer el cuerpo sin vida de esta querida vecina. Lo único que se podía hacer era darle todo el apoyo a la familia de Francisca, y el pueblo se volvió a volcar.

Las bodas de oro de Francisca y Manuel.
Las bodas de oro de Francisca y Manuel. / IDEAL

«Estamos rotos y llenos de tristeza: Paquita era una mujer muy cariñosa», recordaba ayer la alcaldesa salobreñera, María Eugenia Rufino, que conocía a este matrimonio de toda la vida y que, ahora, en estos últimos tiempos había tenido mucho trato con Manuel Flores, el esposo de Francisca, porque ha sido presidente del PSOE local hasta hace pocos meses.

Paquita hacía mucha vida social en el pueblo. Se apuntaba a todo. A sus 74 años, estaba bien, aunque el alzhéimer ya la limitaba un poco. Ella tenía sus recursos para seguir acordándose de los nombres de la gente y para continuar enganchada a las actividades del centro de mayores que la hacían salir de casa y relacionarse con sus compañeras y amigas. «Estaba guapísima y ¡tenía un cuerpazo¡», comentaba ayer con lágrimas en los ojos Teresa Arboledas, coordinadora de los centros de mayores de Salobreña. Teresa conocía a Paquita desde hace 20 años que empezó a trabajar con los mayores salobreñeros. Y ayer, estaba destrozada al conocer la noticia. «Soy feliz con ellas (refiriéndose a sus mayores), pero he enterrado ya a muchas ‘madres’», decía emocionada recordando a Francisca casi en presente. Francisca De la O era muy apañada. Lo mismo hacía roscos para el mercadillo solidario, que cosía los trajes para alguna función como la de ‘Salobreña Nazarí’. «Todas suelen estar dispuestas pero es que ella sabía hacer de todo. No había que pedírselo... siempre se ofrecía».

Teresa Arboledas cuenta cómo Paqui tenía toda la vida por delante a pesar de que el alzhéimer había hecho su aparición. Ella seguía yendo al baile, del brazo de Carmelina y Antonia. Había que volver antes porque era una responsabilidad grande cuidar de Paquita, algo que hacían encantadas. Que se le olvidaba un paso... ella seguía bailando; que era complicado intervenir en un teatro... salía cogida de su amiga sin decir nada.

Francisca De la O había estado en el coro de la asociación de mujeres tropical, en el baile, en la gimnasia... su casa era ayer un hervidero, el pueblo había ido a darle un abrazo a la familia en estos momentos tan duros, después de vivir un final tan inesperado, un sufrimiento con gotero desde el sábado al mediodía que no volvió a casa.

Paquita siempre iba con su marido Manuel. Siempre juntos, disfrutando de la vida después de haber estado regentando un chiringuito: ‘Las Palmeras’. Hace dos años celebraron sus bodas de oro junto a los vecinos de Salobreña. Estaban radiantes y Paquita, feliz, abrazando a la alcaldesa.

De hecho, ahora en marzo, iba a participar en una representación de los 20 años del hogar del pensionista y también iba a actuar en la gala que hacen todos los años, en abril. Este año irá por ella, por Paquita, por esa vecina que se implicó en hacer la vida más fácil a los salobreñeros. Y ahí estará, del brazo de Carmelina.

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