La lapa motrileña de los 50.000 euros

Las obras de ampliación del dique son las de mayor envergadura que ha acometido el puerto en los últimos años. / JAVIER MARTÍN

El puerto de Motril consigue salvar a una especie marina protegida y que se reproduzca en su dique | Durante unas obras, la dársena granadina tuvo que trasladar a uno de estos moluscos para lo que se necesitó de una inversión consistente

Laura Ubago
LAURA UBAGOMotril

El puerto de Motril se disponía a hacer la obra de su vida, la gran inversión, a ejecutar un proyecto que iba a permitir que entrasen barcos más grandes y que las aguas de la dársena estuviesen más calmadas cuando... se topó con ella. Ella es la lapa Patella Ferrugínea que habita en el puerto granadino pegada a su dique y que es una de las especies que en más peligro de extinción está en el Mediterráneo. Es como una almeja grande amarillenta que vive pegada al hormigón.

Así, los técnicos del puerto se pusieron a idear un plan para salvar a esta lapa y protegerla a lo largo de estos trabajos que se terminaron el año pasado. Las exigencias medioambientales de la Junta y el Gobierno les requerían actuaciones para salvaguardar la lapa, para cuidarla y que no se perdiera ni un sólo ejemplar y desde la Autoridad Portuaria se pusieron manos a la obra.

Desde al área de Infraestructuras diseñaron una estrategia con el personal cualificado para proteger el molusco. Había uno en concreto que les preocupaba por su situación, según cuenta Francisco García Pérez, el jefe de esta División.

Una de las lapas estaba en el dique y hubo que trasladarla tras pasar por un acuario

Una de las 77 lapas que había estaba justo en la punta del dique por donde se iba a ampliar. Se había separado de sus 'hermanas' y vivía por libre. Explica Francisco García que hubo que trazar una estrategia de conservación apoyados por un biólogo de la Universidad de Sevilla.

A estos moluscos les gustan las turbulencias y esta lapa patella ferrugínea se había separado de las obras 76 para vivir aventuras por su cuenta en la esquina del dique. «Se pensó en quitar el trozo de hormigón donde estaba pegada y trasladarla pero podía morir por estrés», expresa el responsable de infraestructuras del puerto.

La familia de patella ferrugínea ha crecido y ahora son cien más que antes de las obras

Así que les aconsejaron mejor hacer una «traslocación», que era cambiarla de sitio con garantías. Buzos especializados cogieron la lapa, la pegaron en una tablilla con alimento y se la llevaron dos meses a un acuario en Conil. Al regresar la colocaron con todas las medidas de seguridad en la zona en la que estaban sus compañeras.

Esta medida medioambiental costó unos 50.000 euros y después de dos meses de haber pegado la lapa, cuando regresaron para ver cómo iba... ya no estaba. Pudo ser algún depredador o un golpe de mar, según señalan.

Los buzo cogiendo la lapa con sumo cuidado. / IDEAL

Lo importante, según apuntan desde la Autoridad Portuaria, es que a pesar de esta obra de tanta envergadura «se ha conseguido salvar a las lapas y crear un entorno propicio para que se reproduzcan».

De ser 77 antes de la obra, ahora la familia ha pasado a tener 172 y desde el puerto se sienten orgullosos de tener estos cuidados con el medio ambiente «como también los tuvimos con la playa de las Azucenas y por lo que fuimos reconocidos», señalan.

Ahora si alguna vez alguien divisa una lapa de este tipo deberá tener cuidado porque se trata de un ser delicado que cuesta mucho mantener. En el puerto de Motril habita una familia entera que habrá que seguir conservando.

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