Inmersiones hacia lo desconocido

Un equipo de buceo se dirige hacia el mar en La Herradura para vivir una experiencia única en el medio acuático. /José Ignacio Cejudo
Un equipo de buceo se dirige hacia el mar en La Herradura para vivir una experiencia única en el medio acuático. / José Ignacio Cejudo

José Ignacio Cejudo
JOSÉ IGNACIO CEJUDO

Siempre se teme lo que no se conoce, por más cercano que se encuentre. Las profundidades del mar no son una excepción. Desconocidas para muchos que todavía no se han atrevido a descubrirlas, el verano abre una época de buenas oportunidades para hacerlo.

Varias empresas a lo largo de la Costa Tropical se dedican a la iniciación en el buceo. Sus monitores, experimentados y con certificados a sus espaldas, enseñan a sus alumnos cómo mimetizarse con el mar y los seres que lo habitan. Sus equipos de buceo son pesados de cargar hasta que alcanzan el agua. Una vez dentro, todo se trata de fluir con una botella de oxígeno como aliada y el miedo a lo desconocido como enemigo a batir.

«Libertad absoluta»

'Open Water' es un centro de buceo de La Herradura que se dedica a la iniciación, entre otras funciones. Alberto es el monitor de un grupo que ayer experimentó su segundo día bajo el mar. El buceo representa para él muchas sensaciones. Entre ellas, «la libertad absoluta».

Aunque depende de cada día, pueden llegar a tener a cincuenta personas por jornada como clientes. «La mayoría son certificados pero también tenemos gente que quiere aprender y hay muchos bautismos náuticos», informa. «Está siendo un buen verano», analiza Alberto, que señala a los madrileños como a sus principales clientes, sobre todo turistas nacionales. «En esta playa no vamos muy profundos, alcanzamos los 18 metros. Tranquilos y seguros», remarca.

En su grupo de ayer aprendieron Marta y Alicia, dos hermanas nacidas en Úbeda aunque ahora una vive en Granada y la otra en Madrid. Comparten un curso de tres días. «Es una pasada, sentimos algo totalmente diferente. Esa sensación de estar ahí en el fondo...», describen.

Alicia asegura que ella ha perdido el mito de que en el fondo del mar se va a encontrar seres peligrosos, que van a picarle al rozarle. «Una vez en su medio, puedes verlos y tocarlos y tienes una relación diferente; los comprendes», explica. «Ahí estás solo, aislado, con colores y movimientos diferentes. Al separarme de mi medio siento tranquilidad», describe Marta. Un mundo nuevo sin ser lejano.

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