Equilibrio entre las rocas

El francés Fabrice mantiene el equilibrio sentado, paso previo a levantarse y caminar sobre una cinta de slackline en La Herradura.
El francés Fabrice mantiene el equilibrio sentado, paso previo a levantarse y caminar sobre una cinta de slackline en La Herradura. / José Ignacio Cejudo

El slackline es una disciplina deportiva muy practicada en parques aunque en verano otros prefieran la Costa

José Ignacio Cejudo
JOSÉ IGNACIO CEJUDO

Su afán es controlar el miedo. Se puede hacer de muchas formas. Una de ellas es el slackline. Se trata de una disciplina deportiva que consiste en mantener el equilibrio de pie sobre una cinta tensa atada a dos puntos. A poco que uno se esfuerce, pueden advertirse aprendices y profesionales en muchos parques de cada ciudad. Pero no todo iba a ser sobre el verde y entre troncos; hay otros que optan con el verano por el mar y las rocas. Como Fernando y su amigo Fabrice, francés.

Gustan de visitar la playa de La Herradura. Allí encuentran una zona perfecta con rocas para colocar la cinta bien aferrada a dos rocas la una frente a la otra con una distancia de alrededor de veinte metros entre ellas. Desde el mar alcanzan una altura media en la cinta para subirse a ella. Trepan y, no sin dificultad, se sientan. Tras un momento de pausa para controlar la respiración y el cuerpo, deciden levantarse. Con los brazos en cruz y una vez en el momento justo, caminan. Con pasos finos pero firmes, seguros y más prudentes que miedosos. Avanzan unos metros hasta que finalmente caen. En este ejercicio, el premio no es conquistar la meta lo más rápido posible sino mantenerse sobre la cinta. Visto desde lejos, parece que caminan sobre el agua.

Desafío personal

Fabrice explica que «controlar el miedo y mantener la calma para no caer al agua es un desafío personal». «Hay muchos que comparan esto con la meditación porque tiene mucho de introspección, de sentir el cuerpo y, con los ojos cerrados, no dejarse perturbar», describe. «Es muy agradable», añade satisfecho.

En el fondo, se saben observados y admirados por lo que pueden hacer. «En España el slackline no es muy conocido pero sí en Francia, en ciudades como Grenoble, Niza o Marsella», comenta. Fabrice trabaja desde hace un año en Granada y califica el movimiento en la ciudad -con su propia asociación- como «fuerte», a pesar de que no logren permisos. «Nos ponen muchas multas por practicar en los parques. La policía nos pide que nos vayamos», lamenta.

No tienen ese problema en La Herradura. «Aquí no tenemos ningún problema», ríe. «Venimos cuando hace buen tiempo porque las rocas permiten el slackline y el paisaje es precioso», señala el equilibrista.

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