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El mar se comerá más de 20 metros de Playa Granada en un plazo de 83 años

El mar se comerá más de 20 metros de Playa Granada en un plazo de 83 años
  • Expertos de la Universidad prevén que el agua llegará hasta el hotel en el 2040, aunque el efecto podría retrasarse con espigones

Apenas dos meses después del último, un nuevo temporal volvió a azotar con fuerza la semana pasada el litoral granadino. Una vez más, muchas de sus playas tuvieron que enfrentarse a las embestidas de las olas sin ningún tipo de protección, algo por lo que los ayuntamientos de la comarca llevan años solicitando soluciones definitivas que dejen atrás los continuos trasvases de arena que la Delegación Provincial de Costas tiene que realizar para dejarlas en su estado anterior. Un caso paradigmático es Playa Granada, emblema del turismo de la zona, donde temporal es sinónimo de mordida y regeneración obligada. Aquí, la falta de protección en forma de espigones y la ausencia de sedimentos que regeneren la zona de manera natural provocan no sólo la dependencia de los aportes de arena para llegar a punto a cada cita turística, sino una disminución en su tamaño que conducirá a la pérdida progresiva de más de 20 metros de playa en el plazo de 83 años, haciendo desaparecer lo que hoy conocemos como la primera línea.

Así lo revelan los estudios de los investigadores de la Universidad de Granada, que también apuntan a que el agua llegará a inundar el Hotel Playa Granada Club Resort en pocas décadas, aproximadamente en el 2040. Estos datos son el resultados de los estudios realizados durante casi 20 años por Miguel Ortega y Miguel Losada, del departamento de Ingeniería Hidráulica de la Universidad de Granada, que dan un paso más y especifican que se trata de previsiones «incluso optimistas» a tenor de las consecuencias que han dejado los últimos temporales en la zona.

Ortega, que coloca como punto de referencia en sus previsiones el camino que discurre en paralelo al hotel, explica que, para tener una visión total de lo que significará para la zona la regresión de Playa Granada, hay que tener también en cuenta la llegada de estos temporales, que harán que el agua suba aún más de manera natural y se trague entre 50 y 115 metros de tierra. Lo hará también de manera progresiva y con una media de entre 12 y casi 29 metros cada 20 años que provocará que ya en el año 2060 un temporal como el vivido la semana pasada lleve el agua hasta, sin ir más lejos, el campo de golf.

«La tormenta perfecta»

Si para los expertos hay un factor que determina la cota de inundación de esta playa, ése es el cierre de la Presa de Rules en el año 2000. Esto, unido a la subida natural del nivel del mar a nivel mundial, así como la ocupación por el hombre de la primera línea de playa generan, en palabras de Losada, «la tormenta perfecta» para su disminución.

Según explica este catedrático, con el corte de la presa, Playa Granada dejó de recibir los sedimentos que entraban de manera natural por el Delta del Guadalfeo que, a día de hoy y si se ve a vista de pájaro, no trae ni un solo grano de arena, algo que, en palabras del arquitecto municipal del Ayuntamiento de Motril, Juan Fernando Pérez, «ha quebrado el equilibrio en el perfil de la playa», que ya no sobrevive con el transporte de material que impulsaban el oleaje entre Playa Granada y la vecina Playa Poniente y que lo lleva de una zona a otra.

Lejos quedan ya, por ejemplo, los grandes aportes que trajo el río en una gran tormenta que se produjo en 1997, que agrandó de forma considerable la zona y que dio la oportunidad perfecta para que se urbanizase de forma masiva, aumentando así la oferta residencial, según relata Ortega.

Ya ante el bloqueo que cortó la llegada de sedimentos, científicos de la Universidad alertaron de que las consecuencias no tardarían en llegar, predicciones que se cumplieron en menos de una década, cuando Playa Granada recibió los primeros aportes de arena de la mano de la Delegación Provincial de Costas a finales de los 2000. Tanto Ortega como Losada argumentan que la playa podría enfrentarse mucho mejor a los temporales y a su propia regresión si contase con la anchura suficiente, pero, al no ser así, únicamente resiste con la arena que traen los camiones que, inevitablemente, se va con cada temporal.

Dunas y espigones

«Una solución posible podría ser la colocación de dunas que mitigasen los golpes del mar, aunque no es la única», señala Ortega que, al igual que Losada, también ve en la construcción de espigones que se adentren en el mar o escolleras frontales una fórmula para frenar la regresión. Pero ambos científicos avisan: ninguna de estas barreras frenarán la disminución de Playa Granada que, al igual que el resto de playas del mundo, tendrá que enfrentarse sí o sí a la subida del nivel del mar que, además, se hará más patente en Playa Granada por encontrarse en una zona baja como es la proximidad del delta de un río.

Subida del nivel del mar

La propia ubicación de la playa y la subida natural del nivel del mar son fenómenos de los que la zona no podrá escapar en las próximas décadas. Miguel Ortega explica que Playa Granada no es ajena a este fenómeno que pondrá en jaque tarde o temprano a todos los países del Mediterráneo y, sobre todo, al litoral que se alarga cerca del delta de un río. «Las zonas bajas son las primeras que se inundan, es algo común del Mediterráneo. Las zonas próximas a los grandes deltas como son el Nilo o el Ebro se inundarán y lo mismo, aunque a menor escala, ocurrirá con la zona del Guadalfeo».

Ortega, que se muestra especialmente preocupado por el desarrollo de Playa Granada, se agarra a las estimaciones y tendencias que, según Losada, apuntan a que el calentamiento global hará que el nivel del mar suba cada año. Los investigadores no quieren dibujar un paisaje apocalíptico, pero alertan de que los estudios revelan que la cota de inundación irá aumentando de manera inexorable hasta que la playa encuentre por sí misma su equilibrio natural. Un cambio que, según aclaran los expertos, cambiará por completo el paisaje de Playa Granada tal y como la conocemos, lo que obligará a repensar la configuración de la zona y la manera de protegerla.