Condenado a nueve meses de cárcel por dejar morir de hambre y sed a un caballo

Aspecto que presentaba el caballo cuando fue encontrado por los agentes de la Guardia Civil. /IDEAL
Aspecto que presentaba el caballo cuando fue encontrado por los agentes de la Guardia Civil. / IDEAL

La sentencia, que ha sido recurrida, impone al acusado la prohibición de trabajar con animales durante dos años

Carlos Morán
CARLOS MORÁN

Un vecino de Maracena ha sido condenado a nueve meses de cárcel por dejar morir de hambre y sed a un caballo de su propiedad. La sentencia, dictada por un juzgado penal de la capital granadina, también inhabilita al acusado para tener animales o trabajar con ellos durante un periodo de dos años. La resolución no es firme y el procesado ya ha presentado un recurso ante la Audiencia Provincial para que revoque la pena.

El suceso ocurrió en octubre de 2016, cuando el encausado, que era dueño de «una explotación» de ganado equino, abandonó a su suerte a un caballo famélico y, por tanto, poco atractivo para sacarle provecho comercial, según detalla la sentencia. Se da la circunstancia de que el animal en cuestión había sido vendido antes «a otra persona», pero había sido devuelto. «Como quiera que (...) se hallaba debilitado y no era ya útil para la venta, decidió -el ahora condenado- trasladarlo a una zona descampada (...) y lo dejó a su suerte (...) sin agua ni comida», refiere la sentencia dictada por el Juzgado de lo Penal 1 de Granada. Ese abandono terminó por precipitar la «agonía» del caballo. Perdió «la capacidad de moverse, llegando a tal estado de deterioro que hizo preciso su sacrificio», describe la resolución el triste final del animal.

El procesado alegó en su descargo que el infortunado équido ya no le pertenecía porque se lo había vendido a un vecino de Loja. Pero también admitió que el cliente se lo había devuelto, aunque lo hizo cuando él no estaba en la explotación. Además, reconoció que el animal «estaba aguado y debilitado», pero argumentó que probablemente se escapó del cercado y por eso apareció en un descampado. Con estas declaraciones, pretendía desvincularse de la presunta comisión de un delito de abandono animal, que finalmente es por lo que ha sido condenado.

En este sentido, el magistrado no considera «creíble» la versión de los hechos que ofreció el reo. Para el juez, el encausado propició la muerte del caballo de forma premeditada. Llegó a la conclusión, explica la sentencia, de que, debido al estado esquelético del équido, no iba a poder 'colocárselo' a nadie, así que optó por desentenderse de él. «Lo que se considera veraz (...) es que el acusado vendió el caballo» a un cliente, pero al ver su deterioro, «lo devolvió», «y el acusado, en lugar de dispensarle cuidados o llamar al veterinario, decidió que no merecía la pena gastar dinero en cuidar a un animal enfermo, y lo trasladó al lugar donde fue hallado y allí lo dejo abandonado a su suerte para que muriese», establece la resolución judicial.

«Deliberado»

De acuerdo con esas evidencias, la sentencia llega a la siguiente deducción: «Se concluye que es un caso claro de abandono deliberado y consciente de un animal doméstico, una vez que este ha cumplido su ciclo vital y ha dejado de ser útil».

Para el magistrado no hay duda de que el responsable de la precaria salud del caballo fue el acusado, tal y como certificaron los veterinarios y los miembros del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil que investigaron el caso. «(...) La debilidad y el deterioro que mostraba el animal, documentado no solo en las manifestaciones de los agentes del Seprona, sino también en el informe veterinario (...), es imputable al acusado y no a otra persona. Y en ese informe se relata que se halla en estado de caquexia extrema por haber estado (...) sin agua ni comida». La resolución judicial calcula que el caballo sufrió ese «maltrato agónico» durante «al menos dos o tres días». Así que cuando fue encontrado por el Seprona, se impuso la necesidad de sacrificarlos para poner fin a la tortura.

Fue el día 5 de octubre de 2016 cuando la Guardia Civil tuvo constancia de que un caballo «en muy mal estado» había sido abandonado en una alameda junto a la urbanización Canto Grande del término municipal de Granada. Gracias al microchip que llevaba implantado el animal, los investigadores averiguaron que este había sido comprado y vendido en numerosas ocasiones, «todas ellas sin documentación alguna», según informó el instituto armado cuando ocurrió el suceso.

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