Condenado por agredir a su madre por no plancharle un pantalón

La sentencia ordena el internamiento del menor un año y que se trate para superar su obsesión por las nuevas tecnologías

Carlos Morán
CARLOS MORÁN

El chico, menor de edad, llegó a casa al borde de la madrugada para coger algo de ropa y se encendió porque su madre no le había planchado un pantalón. No era la primera vez que ocurría. El chaval llevaba meses intimidando a su progenitora, pero aquella noche fue especialmente conflictiva. Ofuscado porque la prenda estaba sin planchar, el joven inició una discusión con su madre que enseguida degeneró en una catarata de insultos cada vez más gruesos. Luego comenzó a romper objetos y terminó por echar la mano al cuello a la víctima. Entonces intervino el hermano del agresor e intentó alejarlo de la mujer. Pero el menor tuvo tiempo de dar un empujón a su madre, que sufrió un fuerte golpe en la cabeza y un ataque de ansiedad.

El suceso se produjo el año pasado en la capital granadina y el muchacho fue acusado de un delito de maltrato familiar habitual y otro de lesiones. Cuando llegó el día del juicio, la Fiscalía de Menores propuso un acuerdo al encausado: si reconocía su culpa, podría beneficiarse de una pequeña rebaja en la petición de pena. El joven aceptó el pacto y no fue necesario celebrar la vista oral. En consecuencia, fue condenado a una medida de internamiento de un año de duración en un centro correccional, un tiempo durante el cual deberá someterse a terapia psicológica para superar su obsesión y dependencia de las nuevas tecnologías.

Libertad vigilada

Además, cuando salga tendrá que permanecer ocho meses más en libertad vigilada, es decir, que todos sus pasos serán supervisados por el juzgado de Menores y tendrá que cumplir una serie de objetivos educativos y sociales. Por ejemplo, la justicia vigilará sus amistades y 'organizará' su tiempo de ocio. Si en algún momento no sigue las instrucciones de los educadores, podría ser procesado por desobediencia, lo que implicaría su más que probable regreso al centro.

El maltrato de hijos a padres, un fenómeno que crece imparable desde hace una década, es cada vez menos subterráneo. Los padres, pese a que es un trago muy amargo, se están atreviendo a denunciar a sus hijos, que es el primer paso intentar poner solución al problema. Cuando cruzan esa frontera, lo normal es que el agresor haya convertido el hogar en un auténtico infierno. Fue lo que sucedió en el caso que acaba de zanjar la justicia. En ese ambiente crispado, cualquier incidente, por nimio que sea, puede desembocar en un episodio de violencia de consecuencia impredecibles.

En esta ocasión, la tensión estalló por unos pantalones. «Sobre las 23,15 horas (...), el menor llegó a su casa a por ropa, ya que pensaba pasar la noche en casa de su abuela, y le recriminó a su madre que no le hubiese planchado unos pantalones, iniciándose una discusión en cuyo transcurso el menor la llamó 'gorda, me cago en tus muertos', comenzando a golpear y romper objetos de la casa, y finalmente dirigirse a su madre (...) y cogiéndola fuertemente del cuello hasta que fue separado por su hermano, empujándola entonces contra la pared y golpeándose la cabeza la madre, debiendo ser atendida».

Esta conducta encaja, explica la sentencia, con el delito de maltrato familiar habitual, «ya que se produce una agresión continua en todas sus modalidades, tanto físicas como psíquicas, que origina en la víctima, madre del menor, un sentimiento de temor hacia este», refiere la resolución.

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