Cinco detenidos al mes por simular delitos, en su mayoría robos de móviles

Una mujer, en el banquillo ante un juez./IDEAL
Una mujer, en el banquillo ante un juez. / IDEAL

Los fiscales detectan que en los últimos años entran cada vez más casos en el juzgado de guardia, donde estos nuevos pícaros del siglo XXI suelen aceptar la multa que conlleva su mentira | La Guardia Civil ha puesto a disposición judicial a 38 personas en los primeros nueve meses del año por denunciar ilícitos fingidos

YENALIA HUERTASGranada

La Policía no es tonta. Tampoco los fiscales ni los jueces, no lo olvide. Cuando uno pierde su teléfono de última generación debe asumirlo y huir de la fabulación, pues inventarse un robo para intentar cobrar el seguro puede salir más caro que el propio móvil. La mentira, como bien dice el refrán, tiene las patas muy cortas y, además, en estos casos, alcance penal. Muchos ciudadanos desconocen este extremo y se arriesgan a mentir ante un funcionario policial; no saben que formulando una denuncia falsa están cometiendo lo que el Código Penal llama una simulación de delito, que conlleva penas de multa de seis a doce meses.

En los últimos tres años, este tipo de denuncias falsas ha aumentado dentro del saco general de las simulaciones de delito -no todas las simulaciones son por robo de móviles-, como confirman algunas fuentes consultadas de la fiscalía de Granada. «Es un delito frecuente en las guardias», aseguran. No llegan, por supuesto, al nivel de las alcoholemias al volante y las conducciones sin carné -que son de los delitos que más trabajo dan al juzgado de guardia-, pero se podría decir que forman ya parte de la rutina de asuntos de este órgano.

Lo que dice la ley

Artículo 457: «El que, ante alguno de los funcionarios señalados en el artículo anterior -ante funcionario judicial o administrativo que tenga el deber de proceder a su averiguación-, simulare ser responsable o víctima de una infracción penal o denunciare una inexistente, provocando actuaciones procesales, será castigado con la multa de seis a doce meses». Este ilícito está recogido en el capítulo dedicado a los delitos contra la Administración de Justicia.

Sus autores suelen ser ciudadanos de a pie que se resisten a aceptar el extravío o 'la muerte' de su terminal al caer al agua. No son delincuentes ni habituales ni profesionales, por lo que es bastante común que acaben derrumbándose y confesando el engaño al saberse 'pillados'. Suelen además conformarse con la pena que les pide el ministerio público -que es siempre una sanción económica- y abortar su intento de engañar al seguro. En caso contrario, si siguieran adelante y presentasen la denuncia falsa a la compañía, estarían cometiendo un segundo delito: estafa.

Detalles coincidentes

Según las fuentes, los seguros de bajo coste que tienen concertados quienes denuncian estos falsos robos de móviles cubren los robos, pero no las pérdidas u olvidos ni los hurtos. Por eso se formulan estas denuncias, a fin de tratar de certificar que se ha sido víctima de una sustracción con violencia y reunir los requisitos exigidos para ser resarcido. Sin embargo, los relatos que ofrecen los supuestos perjudicados destilan falsedad en la mayoría de los casos, pues son coincidentes en detalles. «Casi todos dicen que les han atracado dos personas encapuchadas cuando iban por la calle», señalan las fuentes.

La conformidad -que implica asumir la culpa y aceptar la pena- conlleva una rebaja en la sanción económica que se impone como castigo. Uno de los últimos casos calificados por la fiscalía en Granada fue el de una joven que se personó el pasado 7 de abril en la Comisaría asegurando que la madrugada de ese día, sobre las 2.15 horas, «dos autores desconocidos y varones» la abordaron «inopinadamente» cuando transitaba por la intersección existente entre las calles Recogidas y Manuel de Falla, «exigiendo y obteniendo» la entrega de su terminal telefónico: un móvil Apple iPhone 6S con un valor estimado «en 600 euros».

El asunto, que dio lugar a una investigación judicial, se archivó por falta de autor conocido. Días después, la chica manifestó que los hechos denunciados «aunque sí ocurrieron en realidad, no lo fueron de la manera especificada», por lo que el juzgado en el que había aterrizado el caso, Instrucción 4, reabrió el expediente para unirle la nueva versión de la denunciante y lo archivó a continuación, ordenando lo procedente para que se le investigase por presunta simulación de delito. La denuncia se volvió contra ella, dando lugar a unas diligencias urgentes -un juicio rápido- en el Juzgado de Instrucción 7. El fiscal calificó esta denuncia como constitutiva de «un delito contra la Administración de Justicia en su modalidad concreta de simulación de delito», y reclamó 1.080 euros de multa, o lo que es lo mismo, seis meses a una cuota diaria de 6 euros. A su juicio, la acusada actuó «consciente de la mendacidad de los términos que referiría».

Los agentes de La Zubia sobresalen por su efectividad en esclarecimientos

Otra mujer, ese mismo mes, denunció que le habían quitado su móvil estando de marcha en un karaoke de la capital tras recibir un golpe. Días después trató de retirar la denuncia porque, según dijo, debido a su estado no tenía seguridad de cómo habían sucedido los hechos. Su supuesta denuncia falsa recayó en el Juzgado de Instrucción 6. También terminó acusada.

En otro lugar perdió su teléfono de alta gama un hombre de Canarias, que terminó siendo investigado por el Juzgado de Instrucción 9; se lo dejó olvidado en un taxi después de una noche de ocio nocturno en Granada. Lo extravió «con la borrachera» y denunció un supuesto robo, pero al final el caso acabó siendo archivado al recordar el hombre la posibilidad de que se le cayera en el trayecto. Para que exista denuncia falsa el asunto debe haber dado lugar a una causa judicial. «Hasta que no hay diligencias practicadas no hay denuncia falsa», aclaró uno de los jueces de Instrucción, que indicó que en su juzgado actualmente sólo mantiene abiertas unas diligencias previas por un delito de esta naturaleza.

Ante el juez

Son receptores de este tipo de dudosas denuncias tanto la Policía Nacional como la Guardia Civil, pero también el ciudadano puede comparecer directamente en el juzgado. En sus estadísticas, la Guardia Civil de Granada contabiliza las denuncias falsas de robo en el apartado de las simulaciones de delito en general. En lo que va de año, la Comandancia de Granada ha puesto a disposición judicial en la provincia por fingir un delito -no sólo robos de móviles- a un total de 38 personas, 27 de ellas en el partido judicial de Granada (sin contar la capital, que es territorio de Policía Nacional). Esta cifra supone que cada puesto del Instituto Armado ha recibido una media de tres denuncias falsas en estos nueve meses.

Uno de los puestos que sobresale en esta materia es el de la Guardia Civil de La Zubia, que cuenta con un índice de esclarecimiento superior al resto. Sus agentes detectan cada mes una media de dos denuncias falsas relacionadas con móviles, como precisa el Sargento Primero Cabello, jefe del Área de Investigación en este municipio. Para este mando, nos encontramos sin duda ante los nuevos pícaros del siglo XXI. «Esa es la definición más correcta», opina.

Las falsas sustracciones de teléfonos suponen el 50% de las simulaciones de delito que dan lugar a las investigaciones del equipo que dirige Cabello. Como resalta, normalmente, la gente que compra un teléfono de alta gama suele concertar un seguro. Lo ofertan las compañías en determinadas superficies comerciales y se puede asegurar por 30 euros un terminal de 600 euros. «Esos seguros están diseñados para el robo con violencia», explica el sargento, al tiempo que aclara que para cobrarlos es preciso «que alguien nos atraque y nos quite el móvil». Por eso la gente maquina, inventa.

Otros motivos

No obstante, entre los asuntos que han pasado por este puesto también ha habido alguna denuncia falsa para evitar dar explicaciones a la pareja. Ocurrió hace unos dos años. El denunciante había estado «en un sitio a unas horas que no debía de estar». Se había ido de fiesta con los amigos y decidió ocultar a su novia «algo que tenía en su teléfono» con el supuesto robo del terminal. Acabó en los juzgados porque los investigadores pudieron constatar, a través de cámaras de establecimientos, que no estaba a la hora referida en el lugar donde decía haber sido atracado.

Los teléfonos que suelen figurar en los asaltos fingidos tienen un coste de unos 700 euros, aunque en La Zubia han registrado algún caso en el que el teléfono que se afirmaba robado no superaba los 150. Aunque hay de todo, como en botica, entre los denunciantes destacan los jóvenes de 18 a 20 años, que acuden una vez cumplida la mayoría de edad y «a espaldas de sus padres».

Cabello confirma un aumento cualitativo -no cuantitativo- de estas denuncias falsas. Es decir, que si bien no han aumentado en número las simulaciones de delito con respecto a otros años, sí han crecido los robos de móviles fingidos dentro de esa tipología delictiva. Y da un consejo directo al ciudadano: «No lo haga».

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