Cien montañeros homenajean a la primera víctima de los terroristas de ETA en Granada

El grupo de montañeros desciende desde el Mulhacén hasta Capileira.
El grupo de montañeros desciende desde el Mulhacén hasta Capileira. / A.M.

Conrada Muñoz fue asesinada en 1.989 con una carta bomba dirigida a su hijo, funcionario de prisiones

ALEJANDRO MOLINAGRANADA

El nombre de Conrada Muñoz dejó de ser noticia hace más de veinte años, pero son muchos los que se empeñan en que no caiga en el olvido. Ella fue la primera víctima de la banda terrorista ETA en la provincia de Granada. La asesinaron en 1989 con una carta bomba dirigida a su hijo, funcionario de prisiones destinado primero en Murcia y luego en las Palmas de Gran Canaria. Dionisio Bolívar era su marido y asegura que la historia no se puede olvidar «para que las generaciones venideras no repitan estos errores». Lo dijo el pasado sábado en Capileira, localidad a la que se desplazó para recibir al centenar de montañeros que participó, un año más, en la subida al Mulhacén en recuerdo de Conrada y todas las víctimas del terrorismo.

Visiblemente emocionado, a Dionisio se le quebraba la voz cuando recordaba el asesinato de su mujer. «Afrontamos este acto con tranquilidad, a pesar de que volvemos a revivir algo tan doloroso», afirmaba, para continuar diciendo que el drama de las víctimas es algo que «debería estudiarse en las escuelas». ETA sesgó la vida de Conrada Muñoz mediante una carta bomba que aparentaba ser un libro. En el remite sólo una frase: «De tu mejor amigo de Murcia». Hacía tiempo que su hijo Dionisio había dejado su destino en Murcia para pasar a desempeñar su trabajo las Palmas de Gran Canaria. Además de recibir penas de cárcel, los etarras José María Arregui Erostarbe, Francisco Múgica Garmendia y Henri Parot fueron condenados a indemnizar a los herederos de Conrada y al resto de heridos en la explosión, otro de sus hijos y una sobrina. Al funeral de Conrada no faltaron el ministro de Interior, José Luis Corcuera, el director de Instituciones Penitenciarias, Antonio Asunción, y el delegado del Gobierno en Andalucía, Alfonso Garrido. Toda la prensa se hizo eco de la muerte de la primera víctima que dejaba la banda terrorista en la provincia de Granada. Pero el tiempo pasó y su nombre se fue diluyendo. Y es que, tal y como afirmó el sábado en Capilerira la secretaria general de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) y delegada en Granada, Mayte Araluce, «estamos en un país en el que se olvida muy pronto». Su padre, Juan Mari Araluce, también fue asesinado por ETA en 1976, cuando ocupaba el cargo de presidente de la Diputación de Guipúzcoa. «Este tipo de conmemoraciones tienen un gran valor porque no queremos que la víctimas caigan en el olvido» dijo la dirigente de AVT, quien también lamentó que todavía hoy la convivencia en el País Vasco sea muy complicada.

Los que no están dispuestos a olvidar son los miembros de la Agrupación de los Cuerpos de la Administración de Instituciones Penitenciaras (ACAIP), que a través de su fundación Sociedad y Justicia organizan este memorial. Aunque comenzó como un certamen de relatos cortos, hoy cuenta también con una marcha que dirige el Club de Montaña Chordi, que tiene en sus filas a muchos funcionarios de prisiones.

En la edición que tuvo lugar el pasado sábado tomó parte un centenar de montañeros con procedencia tanto de dentro como de fuera de Andalucía. El recorrido fue especialmente duro, con salida desde la Hoya de Mora, subida al Mulhacén y bajada hasta Capileira. Uno de los momentos más emotivos se vivió junto al monumento a la Virgen de las Nieves, cuando se guardó un minuto de silencio en memoria del alpinista granadino recientemente fallecido en los Alpes, Antonio Jesús Vélez. Muy conocido entre los montañeros de la provincia, Vélez tenía varios amigos entre los integrantes que tomaron parte en la marcha homenaje a Conrada Muñoz.

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