El Ayuntamiento obliga a los negocios del Albaicín a retirar toldos, rótulos y carteles

Las terrazas no han recibido todavía las notificaciones. / Alfredo Aguilar

Empresarios y vecinos rechazan la aplicación de la medida «de forma indiscriminada» y piden soluciones para publicitar sus establecimientos

Javier F. Barrera
JAVIER F. BARRERA

El Ayuntamiento de Granada ha comenzado a aplicar el Pepri a rajatabla. El Pepri es el Plan Albaicín, que busca uniformidad y estilo en el barrio Patrimonio de la Humanidad para tener una imagen de calidad y evitar el actual desbarajuste de tipografías, colores e iniciativas de lo más variopintas. La respuesta de la asociación de vecinos del Albaicín y también de AEHRAS (la Asociación de Empresarios del Albaicín y Sacromonte) ha sido contundente. Ha calificado la medida de «indiscriminada, sorprendente, negativa» y ha pedido de inmediato una reunión con los responsables municipales de Urbanismo para que se les explique el alcance de esta campaña.

De hecho, ambas asociaciones albaicineras han explicado a este periódico que aun estando de acuerdo con el Plan Albaicín y su aplicación, «lo que no puede ser -argumenta Ana Fernández, de la Asociación de Empresarios del Albaicín y Sacromonte- es que la medida al parecer se esté aplicando en unos lugares del barrio y en otros no, o al menos no tenemos constancia de ello. Por eso nos parece que es una aplicación a rajatabla y poco uniforme, que se está practicando de forma indiscriminada con graves perjuicios para muchos de nuestros asociados».

- Una reunión
Con Urbanismo, la autoridad competente, «para que nos informe con exactitud y dejarnos de más sorpresas»
- Denuncias
Terminar con el sistema de denuncias «que se realiza por parte de particulares por competencia o por cuestiones de mala vecindad»
- Buscar soluciones
«Necesitamos soluciones para saber cómo podemos cumplir las normas y al mismo tiempo poder publicitar nuestros negocios»
- Uniformidad
Quieren que la aplicación del Pepri sea uniforme y no indiscriminada, «de forma que parece que solo se está aplicando en unos negocios y en otros no se aplica»

La campaña de aplicación del Plan Albaicín se remonta a mayo de este año, cuando la Concejalía de Urbanismo anunció que sancionaría con 6.000 euros la ocupación ilegal de la vía pública, calles y plazas, y de las fachadas. Para ello, anunció que disponía de una herramienta legal, la publicación de un oficio en el que se informa que exigirá el cumplimiento de todas las normas urbanísticas que refleja el Plan Albaicín.

Pero, avanzó Urbanismo, «no hay una voluntad ni sancionadora ni recaudatoria. De hecho, hay una moratoria de dos meses para la aplicación de la normativa para que todos los comercios y establecimientos pueden regularizarse sin temor a ser multados», se explicó entonces.

El oficio firmado con fecha de 3 de mayo por el concejal de Urbanismo, el socialista Miguel Ángel Fernández Madrid, se basa en los artículos III.16 III.19 del Pepri Albaicín. El primero dice: «Quedan prohibidos los rótulos normales a fachada y sólo se admitirán los paralelos a fachada en la planta baja, salvo cuando sean objeto de protección específica».

Y también: «Los rótulos paralelos a fachada que se sitúen sobre macizos de obra estarán realizados con letra suelta según modelos tradicionales existentes en el área del Plan y no superarán los cuarenta centímetros de lado».

El punto III.19, sobre «Publicidad e instalaciones en el espacio exterior», dice: «Queda prohibida la instalación de soportes publicitarios en los parámetros, cubiertas y muros de las edificaciones, cualquiera que fuese su estado, así como en los espacios exteriores vinculados a ellas o en los cierres permanentes de los mismos». Añade: «Podrán instalarse soportes publicitarios en los solares y en las obras en ejecución siempre que no estén comprendidos dentro de un espacio protegido». En resumidas cuentas, con el Plan Albaicín en la mano, pueden hacer desaparecer todos los carteles, rótulos, toldos, mesas, sillas, sombrillas y todo tipo de ornamento, anuncio o mobiliario de hostelería que esté en la calle o en las fachadas. Este es el centro del debate, según las dos asociaciones del Albaicín.

1- Las terrazas no han recibido todavía las notificaciones./ 2 -La empresa que restaura San Nicolás ha puesto un cartelón /3 -La tienda de cerámica tiene carteles de quita y pon. / Alfredo Aguilar

Le ha ocurrido, por ejemplo, a la pequeña tienda que hay en el interior de la iglesia de San Nicolás, que saca a sus puertas una máquina de recuerdos, el clásico dispensador que funciona con monedas. «Le han obligado a meterlo dentro, pero lo sacan fuera todos los días», confirman los comerciantes del entorno, quienes argumentan que a ellos les hacen cumplir las normas «para tener que aguantar luego que el mejor sitio de toda Granada, el Mirador de San Nicolás, está tomado por los hippis que venden sus baratijas. Es indecente», critican no sin resquemor. Y, ya puestos, hay una lona colorada de grandes letras que anuncia, en el propio lomo de la iglesia de San Nicolás, el nombre de la empresa encargada de la restauración. Otro agravio comparativo, dicen.

El tema está caliente entre los empresarios y comerciantes del barrio Patrimonio de la Humanidad. La tienda de cerámica 'Sueños de Agua', junto al aljibe, tiene hasta cuatro carteles en la fachada y en la calle, «pero son de quita y pon. Y, hasta ahora, se permitían. Además, cuando cerramos la tienda, no queda nada», argumentan.

La mitad de ingresos

Hay más casos. Por ejemplo, la tetería Marrakech, entre la Gran Mezquita del Albaicín y la trasera de la iglesia de San Nicolás. «Le obligaron a quitar los carteles y el toldo enorme que tenía, pero han puesto ahora los carteles colgando de las puertas, de forma que son de quita y pon y, cuando cierran, no se ven». Es la picaresca, la finta dentro del engaño envuelto en un truco.

«Queremos saber si se aplica la norma por igual en Calderería»

El presidente de la asociación de vecinos del Albaicín, Antonio Jiménez, asegura que también están de acuerdo con la aplicación del Plan Albaicín, «pero nuestra postura -indica- es que hay que ejercer la acción sobre todo en los lugares donde hay más desmadre, como es el caso de la calle Calderería, Plaza Nueva o la Carrera del Darro. Nos gustaría saber, tener información de cómo actúa el Ayuntamiento en estos lugares, donde la tienda ocupa más espacio en la calle que en el propio local. Y queremos también soluciones para todos los establecimientos».

Quien ha cumplido a rajatabla es Aurelio, el propietario de la Heladería San Nicolás, bajo al Mirador del mismo nombre. Este parisino cuenta que recibió la visita de los inspectores de Urbanismo, «Que me dijeron que si no quitaba de inmediato los carteles me caerían 6.000 euros de multa. Y los he tenido que quitar».

«El problema es que necesitamos publicitar nuestra oferta, anunciar que somos comercios, establecimientos, y que la gente entre y consuma. He perdido en una semana la mitad de los beneficios por quitar los carteles. He pasado de mil clientes al día a quinientos». Eso sí, el agravio lo tiene en la propia pared: un cajero automático, autorizado por Urbanismo.

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