El atracador del cuchillo de cocina 'inocuo'

El atracador del cuchillo de cocina 'inocuo'

Tres años y medio de cárcel por asaltar una gasolinera de Baza y rebatir sin éxito ante la Audiencia el tamaño del arma que esgrimió

Yenalia Huertas
YENALIA HUERTASGranada

Ni pequeño, ni grande, ni mediano. El tamaño del cuchillo de cocina que usó un siniestro asaltante para atracar a principios de este año una gasolinera de Baza no ha importado. El tribunal ha avalado su condena por un delito de robo con intimidación «y uso de armas», pues con independencia de lo que midiera la hoja, el cuchillo cumplió su finalidad: «amedrentar» a la cajera, que le entregó «asustada» 575 euros en efectivo.

La sentencia de la Audiencia de Granada, a la que ha tenido acceso IDEAL, rechaza todas las alegaciones del procesado -tanto las que rebatían las dimensiones del arma como las demás- y confirma la pena que el impuso el Juzgado de lo Penal 5 de Granada en la sentencia que dictó a finales de mayo: tres años y medio de prisión.

El caco, que «era consumidor de cocaína desde hace meses», huyó tras el atraco pero fue detenido rápidamente puesto que la cajera facilitó «de inmediato» la matrícula del vehículo en el que se dio a la fuga. Gracias a su veloz reacción, los agentes se presentaron «instantes después» en el domicilio del asaltante, que reconoció los hechos. El dinero sustraído fue recuperado.

Tampoco el botín (575 euros) ha sido tenido en cuenta para rebajar el castigo

El asalto ocurrió sobre las 22.45 horas del día 20 de enero. El hombre iba con el rostro cubierto «con una braga que impedía reconocer sus facciones» -ha sido apreciada la agravante de disfraz- y esgrimió un «arma de grandes dimensiones», según la sentencia ahora confirmada. Sin embargo, su defensa discutía este detalle y pedía que la Audiencia rectificase el fallo del juez y aminorase el reproche penal por el atraco. Quería que se considerase un hurto -que conlleva un castigo menor- y no un robo con intimidación. Sostenía que no existía «prueba concluyente» del tamaño y características del cuchillo que sacó dentro de la tienda de la estación de servicio. Lo exhibió exactamente en el mostrador de la zona de caja donde estaba la empleada.

«Es verdad que durante el juicio oral no se mostró el cuchillo, lo que habría sido el medio óptimo para que el juzgador pudiera valorar por sí sus características sin necesidad de acudir a otros medios de prueba más subjetivos o menos precisos», admite el tribunal, para subrayar que tampoco consta que este utensilio de cocina no estuviera a disposición del juzgado por si era preciso examinarlo «como pieza de convicción del delito».

En el terreno judicial, la pieza de convicción no es otra cosa que un objeto relacionado con el crimen que se investiga y que sirve para formar el convencimiento de un juez sobre la realidad de lo acontecido. No consta tampoco -añade la Audiencia- que la defensa del acusado hubiera reclamado que se mostrara el arma «para probar su ineptitud para intimidar o causar daño en la integridad física de una persona».

La sentencia recuerda que al procesado se le imputó el delito de robo con intimidación porque usó el arma para que la cajera le entregase la recaudación «sin resistencia ante el temor infundido por el asaltante de sufrir una agresión inmediata de no acceder a sus exigencias». Por eso, pone de relieve que «pretender que no hubo intimidación sólo porque según la parte se desconocen las dimensiones del cuchillo (...) es resultado de un exceso de voluntarismo en la defensa del recurrente carente del más mínimo sentido común, y no digamos ya de rigor jurídico».

¿Y cuál era realmente el tamaño del cuchillo? El juez consideró probado que era de «grandes dimensiones», mientras que en el juicio el acusado dijo que era «pequeño». La Audiencia zanja el debate y concluye que era «mediano», pues existe una grabación -el establecimiento contaba con cámaras de videovigilancia- que ha sido revisada por los magistrados. Es más, se refieren a esas imágenes como «la prueba más objetiva de todas cuantas se poseen».

En la secuencia, pese a su mala calidad, se puede observar -como revelan- que era noche cerrada y que la mujer estaba sola en el establecimiento cuando el acusado entró. Lo hizo «vestido de oscuro y con el rostro y la cabeza completamente cubiertos». Portaba un objeto también «oscuro, estrecho y afilado», con el que se acercó al mostrador «haciendo ostentación del objeto puntiagudo».

La grabación resuelve las dudas sobre el tamaño del arma: las imágenes, «si no permiten afirmar que se trataba de un cuchillo de enormes o generosas proporciones, tampoco amparan la idea de la inocuidad de este instrumento como arma blanca». No era un cuchillo de carnicero ni tampoco un cuchillo jamonero; era de tamaño «mediano y de hoja ancha como la gran mayoría de los que se utilizan en los hogares para cocinar».

Fuera cual fuera su tamaño, sirvió para que la empleada entregara el botín, aunque el hombre -que sabía que la trabajadora se hallaría sola en el cambio de turno y que estaba recién hecha la recaudación- no hiciera el amago de lanzarle una puñalada y «dame el dinero» fuese lo único que dijera.

Tampoco el tamaño del botín, que no llegó a 600 euros, ha sido tenido en cuenta -como se pedía- para rebajar el castigo, pues tampoco fue «tan pequeño o insignificante como se pretende». Así, las únicas medidas en este caso que han prosperado son las privativas de libertad.

En la vista, la cajera, que estaba sola en la gasolinera cuando el tipo irrumpió para robar, dio fe del «miedo que racionalmente sufrió por el cuchillo que ese individuo encapuchado le mostraba al tiempo que le exigía el dinero, aunque no utilizara palabras amenazadoras». Este extremo es ensalzado por el tribunal para dejar claro que «intimidar significa crear miedo» y que este atracador, con su cuchillo 'inocuo', lo consiguió.

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