Si no tienes ni el título de ESO estás muerto; eres el último mono, es que ni te miran». A Marcos T., 19 años bien cumplidos, no se le espera estos días en el despacho del ministro de Educación, Ángel Gabilondo, para la ronda de contactos en busca de un pacto educativo, y tampoco ha elaborado sesudas teorías sobre la deriva del sistema de enseñanza. Sin embargo, el chaval encarna de arriba abajo el primero de los males de la educación en España; el abandono prematuro de los estudios una vez concluida la etapa obligatoria, a menudo sin titulación y siempre sin cuantificación para lanzarse con mínimas garantías al ruedo laboral. Décima arriba, décima abajo, un 31% de los jóvenes entre 18 y 24 años no terminó la Secundaria superior -Bachillerato o FP media-, el doble que la media europea. Sólo Portugal y Malta están peor. El fracaso escolar es un fenómeno más amplio, pero su síntoma más grave es justo esa deserción masiva de las aulas de la juventud española. El dato no es nuevo, pero sus efectos se magnifican ahora, en medio de la peor crisis económica de las últimas décadas. Cuando han dejado de abrirse nuevos tajos, cierran los negocios que otrora florecían como setas, el turismo se resiente y el paro vapulea sobre todo a los trabajadores peor formados. En este contexto, el título de la ESO que corona la etapa obligatoria a los 16 años es casi una carta de ciudadanía. Por eso mismo Marcos, como muchos otros jóvenes con poco apego por los libros -todavía no hay cifras oficiales, pero la tendencia es clara- intentan volver a subirse al tren educativo. En su caso, aferrado a los libros de una academia privada en la madrileña Plaza de Callao. Otros llaman a las puertas de cursos formativos específicos, de módulos de FP o de la universidad a distancia. El axioma es irrebatible: cuanto mejor formados, más escapan de las garras del desempleo. Según Eurostat, el paro se dispara hasta el 21,7% entre los españoles de 25 a 64 años que tienen sólo estudios básicos, primaria o ESO. Entre los titulados universitarios o en FP superior, el desempleo es inferior al 9%. Mientras, fuera de las aulas y de las oficinas del INEM suena como runrún de fondo el pacto educativo que busca el Ministerio de Educación. Ángel Gabilondo pretende tener un texto listo a finales de este mes, consensuado con buena parte del espectro político, sindicatos y comunidad educativa. Un acuerdo de Estado, o casi. Por primera vez parece factible. Hay unanimidad en que así no se puede seguir. «Ahora no tiene sentido mirar atrás y ponerse a ver si la culpa es de la LOGSE, de la LOCE o de qué, sino de unir esfuerzos y dejar trabajar al ministerio», reclama José Campos, responsable de la Federación de Enseñanza de CC OO.
Sociedad - 05-02-2010 - 14Kb
http://www.ideal.es/granada/v/20100205/sociedad/asignatura-pendiente-20100205.html