Y Andrés se vino más arriba que nunca

El equipo que ayudó a Andrés.
El equipo que ayudó a Andrés. / Alfredo Aguilar

La historia del niño discapacitado de doce años que coronó el Veleta en la carrera más dura del mundo | Gracias al 'empuje' de cinco voluntarios de una oenegé de la localidad murciana de Lorca, el muchacho logró ascender a su primer 'tres mil y pico'

Carlos Morán
CARLOS MORÁNGRANADA

Andrés Pernías tiene la sana costumbre de conseguir lo que se propone. Un día se planteó que quería tener un hermano y sus padres se dejaron convencer. «Sí, nos engañó hasta para eso, ja, ja, ja», comenta su madre, María Dolores Chumillas, sin poder evitar una carcajada. El 'engaño' ha cumplido ya seis años y Andrés, doce. Acaba de terminar la Primaria y en septiembre empezará la ESO. Un nuevo reto para un niño que está habituado a los desafíos. Desde que era más chico, padece un trastorno neurológico, diparesia espástica, que le ata las piernas y le impide andar con normalidad. Pese a ello, Andrés no se ha parado nunca. Buena parte de la 'culpa' de su hiperactividad es de la organización no gubernamental lorquina Asociación de Padres por la Atención Temprana (APAT), una entidad que lucha para que niños y adultos que padecen distintos tipos de discapacidad reciban los estímulos que les permitan llegar hasta donde llegan el resto de los mortales.

Volver a aquella playa

El concepto se entiende mejor con un ejemplo que aporta María Dolores, la madre de Andrés. «Dentro de poco, tenemos previsto ayudar a llegar hasta una cala de difícil acceso de Águilas (Murcia) a un antiguo profesor que lleva años en una silla de ruedas porque sufre una enfermedad degenerativa. Cuando todavía andaba, ese lugar le encantaba, pero no podía ir por sus propios medios. Entonces acudió a nosotros y vamos a ir», detalla María Dolores. Aunque parezca mentira, y por fortuna, hay gente que se dedica a hacer estas cosas. Su objetivo no es cruzar la meta los primeros, eso se lo dejan a los deportistas de elite, sino que la crucen todos. Así son felices. No sienten que regalan nada, sino que son ellos los que reciben un obsequio. Ese es el concepto.

El caso es que Andrés, seguramente por ser hijo de quien es, tiene muy interiorizada esa filosofía de vida y se ha empeñado en llevarle la contraria a su diparesia espástica. No le va mal.

El pasado domingo, sin ir más lejos, hizo su primer 'tres mil y pico'. Fue uno de los participantes en la trigésimo tercera ascensión al Veleta, una prueba que muchos consideran como la carrera más dura del mundo. Y Andrés llegó a la cumbre. A pesar de haber participado en varios campeonatos del mundo de 'joëlette' -una silla todo terreno que permite a cualquier persona con movilidad reducida o con discapacidad practicar deporte-, jamás antes había estado tan alto. IDEAL llevó a su portada la imagen de la hazaña. En aquella instantánea se ve a las piernas de Andrés -cinco voluntarios de APAT-Lorca- tirando de la 'joëlette' en las pedregosa antesala del techo de la Península.

«Quiero entrar andando»

La expedición había salido de la capital granadina, casi cincuenta kilómetros más abajo, a las siete y media de la mañana. Siete horas más tarde, hacían cima en el Veleta. Pero antes de traspasar la línea de llegada, Andrés se vino más arriba que nunca y dijo a sus 'porteadores': «Quiero entrar andando». Y como siempre, se salió con la suya. Con dificultad, el niño se puso de pie y sus acompañantes se quitaron los arneses. Cuando sólo quedaban unos diez metros para acabar la prueba, la 'joëlette' quedó aparcada. Andrés y el resto de los miembros del equipo se cogieron de las manos y caminaron juntos hasta la meta. Allí estaba María Dolores, su madre, tiritando de frío y de emoción.

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