Los aficionados al slackline reclaman un hueco legal para practicarlo en Granada

Granada Zona Slackline / FOTO: ALFREDO AGUILAR

Los seguidores de esta innovadora práctica ya se han reunido con el Ayuntamiento, hartos de vivir 'sobre el alambre' de la infracción

José Ignacio Cejudo
JOSÉ IGNACIO CEJUDOGranada

Quieren practicar deporte y no pueden, no al menos dentro de la ley. Tampoco piensan dejar de hacerlo, y por ello reclaman un hueco legal que los ampare. Los miembros de la Asociación Slackline Granada han trasladado ya al Ayuntamiento de Granada mediante una reunión su frustración al no poder dedicarse a su pasión sin hacerlo de forma clandestina y al margen de las normas. El Consistorio se ha comprometido a encontrarles el espacio que exigen y que comprende como lícito, pero les pide paciencia.

El slackline es una disciplina deportiva emergente que consiste en mantener el equilibrio sobre una cuerda atada a dos anclajes en dos puntos que suelen ser árboles, aunque también pueden ser rocas o incluso postes de madera y mobiliario urbano. Los aficionados al slackline en Granada lo han practicado durante los últimos años en los parques Tico Medina y García Lorca, pero las advertencias recibidas desde finales del año 2016 y las dos multas que han recibido en lo que va de año les obliga a mudarse al bosque de San Miguel Alto. Una zona en las que las caídas se vuelven más peligrosas por la basura que se acumula y que siempre procuran limpiar antes de montar sus cuerdas. Desean volver a Tico Medina y García Lorca sin miedo a multas y que el Ayuntamiento habilite un espacio adecuado para ellos.

El argumento del Consistorio granadino es que esta práctica viola la Ordenanza de Uso y Protección de Zonas Ajardinadas por la que se sanciona cualquier uso que se pueda hacer de un árbol. «Tras las primeras advertencias solicitamos licencia al Ayuntamiento por registro general. No sabían ni qué era este deporte, se lo expliqué en la solicitud pero me la denegaron. Por esos problemas montamos la asociación. No tenemos respuesta y nos sentimos perseguidos», asegura Blanca Martín, presidenta de la asociación.

Martín se reunió en la primera semana de octubre con Eduardo Castillo, concejal de Participación Ciudadana, Juventud y Deportes. En declaraciones a IDEAL, Castillo subraya que «desde Juventud nos vamos a volcar con cualquier opción de ocio que sea saludable y que tenga que ver con el deporte y el contacto con la naturaleza; nuestra voluntad es favorecerles».

A los aficionados al slackline les perjudica que esta disciplina no esté reconocida como deporte oficial en España y que por tanto no tenga una federación ni una normativa clara, algo que sí existe en otros países como Brasil. Ellos, que aseguran cumplir todas las medidas de seguridad tanto hacia ellos como hacia los árboles, proponen que se traduzcan y se copien otras legislaciones. Castillo reconoce que el 'slack' «es novedoso en España y los primeros pasos son difíciles, todo son inconvenientes porque no está regulado al no haberse hecho antes. Hay que buscar la fórmula y el espacio. Ellos también tienen que adaptarse».

Paciencia

«Hemos quedado en estudiarlo y en buscar un sitio que sea apropiado para que puedan practicarlo, y si a lo mejor no es con árboles que sea con unos postes de madera. Nos plantearon que no valía cualquier sitio porque debía ser un parque. Cualquier actividad que se organiza debe pagar unas tasas de ocupación pública. Si es una actividad de interés general, se les exime y pueden practicarlo gratuitamente y sin riesgo. Salvedades que no son producto más allá del vacío legal al no tener una federación», aclara Castillo, quien espera además que los trámites «no vayan tan lentos porque no requieren demasiada logística, simplemente encontrarle el encaje y que ellos asuman nuestras exigencias sobre todo respecto a los seguros; requiere un camino por andar que queremos hacer juntos».

«No les puedo recomendar que lo sigan practicando; tendría consecuencias. Les pido paciencia», expone el concejal Castillo. Ya se barajan zonas próximas a los parques García Lorca o Tico Medina. Los aficionados al slackline en Granada aguardan su espacio legal.

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