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Una granadina salva la vida gracias a un extraño mensaje de WhatsApp: «Nem ptmomto»

  • Cuando su hermano recibió el mensaje, corrió hacia su casa para llevarla al hospital: «Ahora está bien, hace una vida completamente normal»

«Nem ptmomto». Con este indescifrable mensaje de auxilio salvó su vida Irene. No significaba nada, pero su hermano -a quien iba dirigido el 'whatsapp'- lo entendió perfectamente. «Joder», escribió él, antes de salir pitando hacia la casa de ella. Poco después estaban los dos en el hospital, donde a la mujer le diagnosticaron un ictus isquémico y la trataron rápidamente antes de que la falta de riego causara daños irreparables en su cerebro. Ocurrió hace unos meses. «Irene (nombre ficticio) está muy bien. Hace una vida completamente normal», asegura el doctor José Maestre, jefe de la Unidad de Ictus de Hospital del Campus, en el Parque Tecnológico de la Salud de Granada, que la atendió.

A veces, los mensajes incomprensibles no los ha escrito un borracho con la vista nublada y los dedos torpes. Tampoco son el resultado de la enésima travesura del (maldito) autocorrector. Ni siquiera son fruto de lo que los anglosajones llaman 'butt dial', o sea, 'marcar con el culo', que consiste en enviar un mensaje o llamar por teléfono accidentalmente a un número de nuestra lista de contactos cuando el móvil se encuentra metido en el bolsillo del pantalón. Por último, no tienen nada que ver con las abreviaturas en las que tan creativos son los adolescentes: qtpsa, tq, dfcl o bss.

Nada de eso. Escribir en la pantalla táctil o el teclado del móvil frases disparatadas, palabras sin sentido o letras inconexas puede ser el síntoma de un accidente cerebrovascular o ictus. Así, sin ninguna intención, las nuevas tecnologías han encontrado una nueva utilidad en el diagnóstico de enfermedades fatales.

Uno de los primeros artículos sobre la 'distextia' asociada a un ictus se publicó en diciembre de 2012 en 'The Archives of Neurology': se trataba de una mujer de 25 años embarazada cuyo marido empezó a preocuparse al recibir en su teléfono una serie de notas incoherentes. Los médicos descubrieron que también presentaba debilidad en el brazo y la pierna derechos y que había tenido serias dificultades para rellenar un sencillo formulario en la consulta de su ginecólogo.

Pero el caso más inusual conocido por ahora es el de un individuo de 40 años en viaje de negocios en Detroit que mandó varios mensajes raros a su esposa. «Oh cariño tu», «soy feliz» o «estoy fuera» eran algunos de ellos. A la mañana siguiente se encontraba mal. Ya en el hospital, las pruebas de diagnóstico del ictus no hallaron ninguno de los síntomas asociados a ese trastorno: no presentaba pérdida de fuerza en un lado de la cara o el cuerpo, sensación de hormigueo y alteraciones de la sensibilidad, dificultades para hablar, dolor de cabeza repentino, pérdida de visión ni fuerte vértigo. «No tenía impedimentos en comprensión, lectura ni descripción de objetos», relata el neurólogo Omran Kaskar, del Hospital Henry Ford de esa ciudad de Michigan. El hombre podía repetir frases e incluso copiarlas a mano sin problemas. Entonces el médico le pidió que escribiera en su móvil este texto, tal cual, sin abreviaturas: «El doctor necesita una nueva BlackBerry». Su 'traducción' ya revelaba alguna dificultad: «Ejl médico ncccsita una nueva bb».

Una zona inexplorada

El escáner del cerebro del paciente detectó una lesión en el área de Broca, que controla la producción del lenguaje. El doctor Kaskar, que presentó el caso ante la Academia Americana de Neurología, maneja la hipótesis de que el 'texting' podría ocupar en nuestro cerebro una zona específica, distinta de la que usamos para escribir a mano, hablar o incluso teclear en el ordenador. Al fin y al cabo, enviar mensajes con el móvil es una rutina incorporada muy recientemente a nuestras destrezas lingüísticas y conlleva aspectos innovadores, como las abreviaturas o los emoticonos. «Puede ser una nueva área de comunicación que aún no ha sido explorada», aventuraba el especialista a 'The New York Times'.

Independientemente de que los mensajes absurdos o balbuceantes puedan ser tomados como un síntoma en sí mismo, su propia existencia es interesante para la investigación. Teniendo en cuenta la frecuencia con la que redactamos este tipo de textos, un simple vistazo al móvil del enfermo permitiría determinar el momento exacto en que algo empezó a fallar.

«Cuando una persona sufre un ictus en compañía, es fácil que quienes la rodean se den cuenta. Pero si está sola, quien recibe los mensajes percibe que pasa algo raro», resalta el doctor Maestre. Y, cuando se habla de ictus, nunca hay que menospreciar el factor tiempo. «El ictus isquémico, que se produce por obstrucción de una arteria, es 'tiempodependiente' -subraya-. Si abrimos la arteria a tiempo, no se produce el infarto cerebral. Es cuestión de horas». Irene pudo contarlo. Aunque lo hiciese mal.