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el eje

Lo que el tiempo te enseña en Granada

Hace tiempo aprendí que el martes es el día perfecto para ir al Hannigan a por una pinta y el jueves se presta a cenar de tapas en El Guiño. Un buen viernes empieza con dos rondas en La Romana: sándwich y lomo adobado. A mitad de semana, día del espectador, combina muy bien cine con Sancho. Si hace bueno, la noche del sábado debe arrancar en la Glorieta de Arabial, calentando en las terrazas antes de pillar una esquina repleta de jarras en algún garito de Pedro Antonio. Ah, y los domingos, sobre todo si llueve, se debe colonizar una mesa de El Continental para jugar al Risk o al mus.

No obstante, el paso del tiempo -y las nuevas responsabilidades- me ha llevado a aprender otro tipo de cosas, también valiosas, para disfrutar de Granada.

La Bella Ciao no está de moda, pero es la mejor pizzería de Granada por dos razones: están ricas y tardan poco en llegar. Todas las noches, menos los martes porque cierran, la Abuelita Luisa regala con los crepes para llevar unos zumos granizados que están exquisitos. Hay varias hamburgueserías magníficas en la ciudad, pero sólo una que consiga que lleguen a casa en su punto: BurBu (vienen dentro de una caja maravillosa que mantiene la temperatura a las mil maravillas). Hay shawarmas mucho más ricos que los de la madrugada callejera, te los comes en casa y encima no son indigestos: Del Chef. La ensalada césar del PadThaiWok es lo que más me gusta de la comida tailandesa. Los de Sushi More te dejan cambiar las bandejas de 24 unidades de maki si eres alérgico al marisco. Y la Mona Lisa de El Gourmet de la Patata es la mejor patata asada de todas.

Niños, que no os engañen: Nacer en Granada es un privilegio; pero crecer en Granada es un placer. Haceos viejos sin miedo, que cada vez mola más.

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