Los jardines del Triunfo, bajo un albo manto de nieve

Los jardines del Triunfo, bajo un albo manto de nieve

Les ofrecemos un repaso de las fiestas navideñas con la hemeroteca de IDEAL como excusa. Una mirada en sepia de aquellos días sencillos y humildes de los que quedan bonitos recuerdos

AMANDA MARTÍNEZ

La nieve sorprendió a los operarios que trabajaban en la instalación del aparato para los cambios automáticos de los chorros de agua de la fuente del Triunfo, que pesaba una tonelada. En los más jóvenes, la nieve provocaba una excitación especial, animaba a correr sobre su blanca superficie, a sacar los esquíes y deslizarse por la Gran Vía y a improvisar muñecos en los jardines del Triunfo. En los más mayores, en cambio, la nieve animaba a no salir de casa y a buscar buen acomodo junto a un brasero. Acababan de casarse Fabiola y Balduino, una boda que los españoles celebramos como si hubiéremos casado a una infanta. Aquel enlace pudo seguirse en directo por televisión y supuso una de las pocas ventanas al exterior del régimen franquista. Como la película de Marisol que, por cierto, se estrenó en el Aliatar el 22 de diciembre de aquel año, los españoles comenzaban a ver 'Un rayo de luz'. La ciudad, cuenta un cronista de IDEAL en uno de los ejemplares de aquel invierno de 1960, estaba «pletórica de vitalidad, con movimiento de dinero -aunque algunas extras se retrasen- y galas brillantes». Animaba que habían caído siete millones de pesetas del tercer premio (13.140). Ríos de gente acudían a visitar los belenes, aquel año uno de los más celebrados fue el nacimiento viviente de los Hermanos Obreros de María. Era una tradición ofrecer donativos para que los quinientos niños acogidos en su casa de San Juan de los Reyes pasaran una feliz Navidad. Se donaba dinero pero, sobre todo, comida: cuatro cabras, leche Puleva y lo que más gustó a los chicos, la aparición de un camión de Coca-Cola con un botellín para cada uno «cosa que constituyó una nota simpática ver a cada chavea empinarse su botella».

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