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La inolvidable luz que refleja la Sierra los días de Navidad

Federico Mayor Zaragoza, en su casa de Madrid, junto a uno de los belenes que adornan la Navidad.
Federico Mayor Zaragoza, en su casa de Madrid, junto a uno de los belenes que adornan la Navidad. / IDEAL
  • Cree con firmeza que la cultura es la base para la paz y que Granada es un paraíso de gente maravillosa coronado por un espacio natural incomparable

No ha olvidado las noches de Fin de Año en el albergue universitario, en las cumbres de Sierra Nevada, y otras junto al mar, en su casa de Salobreña. Federico Mayor Zaragoza, una de las personalidades internacionales más arraigadas en el corazón de Granada y su gente, cree que la Navidad es tiempo para darse a los demás, «es la oportunidad que se nos brinda cada año para recordar a la gente más querida, para el reencuentro, un tiempo propicio para tener presentes a los que ya no están pero que siguen siendo parte fundamental de nuestra vida, aunque ya sean invisibles».

¿Cómo era la Navidad en su niñez, en Cataluña?

Me acuerdo muchas veces de cuando en Barcelona celebrábamos el Tronco de Navidad, al que los niños íbamos y golpeábamos con un bastón y de ahí salían los juguetes, los turrones. Y después en Madrid y Granada, todo se hacía alrededor del Nacimiento. Lo del árbol y Santa Claus vinieron después y han sido algo más decorativo. Lo esencial era el belén y a su alrededor los hijos, y después los nietos y ahora la biznieta, Martina, la gran protagonista de este año, una preciosidad, estoy encantado.

Ocupó el Rectorado de la Universidad de Granada, el Ministerio de Educación, la dirección general de la Unesco y así el nombre de Mayor Zaragoza se unió para siempre a la solidaridad, la concordia y la relación entre los pueblos. Ahora preside la Fundación Cultura y Paz y cree que deberíamos extender el sentimiento navideño al resto de los días del año. «Sobre todo en estos momentos en los que sufrimos una profunda crisis, en los que hay personas con problemas muy graves. Son tiempos para la solidaridad y el amor». Tras años de observar la realidad de los pueblos, afirma que la Navidad es tiempo de balances. «Y para darnos cuenta de que debemos estar más atentos a los demás».

Granada siempre ha estado muy presente en su vida, ¿añora la ciudad en esta época?

Se echa de menos siempre. Mire, recuerdo tiempos en los que pasábamos la Nochevieja en el albergue universitario. Aquello sí eran 'navidades blancas', pero es que Granada es especial, creo que es un privilegio poder vivir una ciudad donde hay tantos signos de convivencia, arte, cultura. La luz de Granada es inolvidable.

Federico Mayor Zaragoza se considera afortunado por haber podido compartir parte de su vida con los andaluces y los granadinos. «Los considero verdaderos artífices de la concordia. Creo que Granada es arte y amistad y los granadinos lo hacen posible».

¿Cómo se ha sentido con la inclusión de Sierra Nevada en la Lista Verde Internacional?

En realidad yo no he tenido ningún mérito en este asunto, porque Sierra Nevada es una maravilla, es un ejemplo de sostenibilidad, se merece todo. Es un espacio único en el mundo, donde además se trabaja con excelencia. Estoy muy a favor de la labor que realiza el Observatorio del Cambio Global, al que hay que tener muy en cuenta porque nos ayuda a ver el funcionamiento de la naturaleza y podremos, ahora con urgencia, actuar ante el cambio climático. No podemos olvidarnos de sus más de 60 pueblos, con sus gentes y su historia.

El presidente del Consejo de Participación de Sierra Nevada se siente orgulloso del espíritu de colaboración que se ha conseguido en este órgano, «donde se respiran aires de democracia y pasión por la sierra, desde los empresarios a los políticos, ecologistas, alcaldes. Todos a una».

Mayor Zaragoza considera que Granada debe ser un ejemplo de concordia para el mundo y bajo esta idea cree que se debería modificar la fórmula del dos de enero, el Día de la Toma, para evitar situaciones de confrontación. «Y que los granadinos den muestras de conciliación y respeto por la paz y los pueblos, porque saben hacerlo mejor que nadie».