«Los escoceses son muy parecidos a los andaluces, usan un idioma particular»

Escocesa de Glasgow, la primera vez que llego a España tenía cuatro años, era el principio de la década de los años 60 del siglo pasado. Aquí se quedó y ahora da clases de inglés, entre otras muchas cosas

JOSÉ UTRERAHUÉSCAR
Alison junto a su hija, en su domicilio de Huéscar. :: J. UTRERA/
Alison junto a su hija, en su domicilio de Huéscar. :: J. UTRERA

Alison Caldwell es una mujer escocesa que se enamoró de España siendo muy pequeña. Sus padres fueron de los primeros turistas que llegaron a la Costa Brava. Tal es así que una vez, en Lloret de Mar, cuando su padre salía del agua, lo estaba esperando una pareja de la Guardia Civil por llevar un bañador que era normal en su país. Corrían los años 50. Entonces por las costas españolas no eran habitual utilizar este tipo de prendas, que hoy usan todos los hombres. «La intención de los del tricornio era llevárselo al cuartel, pero se salvó por su condición de policía. Aunque la indignación no se la quitó nadie», relata.

Alison Caldwell veraneaba todos los años en la Costa Brava, Mallorca o Benidorm y recuerda cómo en su juventud formada parte de una pandilla con la que pasó veranos inolvidables.

Cuando le tocó elegir una carrera lo tuvo muy claro. Estudió Filología Inglesa e Hispánica, además de francés y portugués, porque su intención era vivir en España. Se licenció en el año 1982 y ya pudo venirse a España como profesora de inglés, trabajando en Cartagena y Valencia, pero le pagaban en pesetas, que al cambio con la libra era poco dinero. Su padre la invitó para que hiciera un posgraduado en márketing. Lo hizo en Edimburgo, donde pasó un año y después trabajó en Londres, en una empresa relacionada con el turismo rural y con España.

Habituada a vivir en España, el choque cultural y emocional de vivir en Londres no le gustó en absoluto. Los horarios de trabajo, el estrés, no ver el cielo, cuando estaba habituada al del Mediterráneo. Tener solo media hora para comer, no poder echar una siesta... eran demasiados factores en contra para permanecer en Inglaterra. Cuando la empresa en la que trabajaba cerró, Alison lo tuvo muy fácil, regresó a España y se instaló en Denia como profesora de inglés. Allí estuvo seis años y conoció a Julián, su marido, que es de Castril de la Peña.

Su marido también tenía nostalgia de su tierra, vendieron el restaurante que tenían y en 1992 se instalaron en Huéscar, a solo 25 kilómetros del pueblo de Julián. «Cuando salía a la calle, la gente se quedaba mirándome porque llevaba a mi hija en una mochila rosa, no lo habían vista antes y la gente me decía que la iba a espachurrar», recuerda la escocesa de Huéscar.

Alison lleva 21 años viviendo en Huéscar donde ejerce como profesora particular de inglés y como profesora de yoga, incluso tiene una asociación llamada Yoga, salud, y naturaleza.

«Estoy encantada, es un privilegio poder dar clases a niños desde los seis años y hasta que se van a la universidad, porque los ves crecer y te haces amigos de ellos y de sus familias. Es muy gratificante compartir tantos años con ellos. Estaré eternamente agradecida a los oscenses por su acogida y por la confianza que han depositado en mí como profesora de inglés, vecina y amiga».

No da clases a personas mayores pero sí les ayuda y aconseja a utilizar el mejor método que existe para aprender. Busca a un inglés y a un español, los presenta y les propone que se hagan amigos y practiquen conversando uno con el otro.

Alison se mantiene en un estado de forma ideal, practica mucho la natación, como hacía su padre, casi todos los días del año se baña en la piscina natural de Fuencaliente en Orce, incluso en invierno. «Es una gozada meterte en el agua, con traje de neopreno, eso sí, a un grado bajo cero y ver sobre tu cabeza el vapor del agua formado un capa de niebla. Gracias a los baños me conservo sana», asevera esta escocesa que durante el verano cambia los baños en la piscina de Fuencaliente de Orce por la de Fuencaliente, pero de Huéscar. Se mueve en bicicleta, hace senderismo y practica yoga en plena naturaleza. «Lo que más me gusta son las nacimientos de agua que hay en la comarca, los he recorrido todos, incluidos los de la Sierra de Castril», afirma. También conoció a El Maestrillo, el último ermitaño que tenía su choza en lo más alto de la sierra a un tiro de piedra de la Sierra de Cazorla y al que le gustaba leer los libros que le solían regalar las personas que lo visitaban.

Nobleza

De Huéscar, destaca que para ella ha sido una verdadera escuela humana, «la gente tiene nobleza, todavía vale la palabra dada, los niños van solos a la escuela, es una zona maravillosa para criar a los hijos, la paz, los cambios de estaciones, todo lo vives plenamente, hasta cuando vas a la compra, tardas más porque la dependienta te saluda y hasta te puede contar sus vida».

Alison comenta que los escoceses del nordeste son muy parecidos a los andaluces, utilizan un idioma muy particular, con palabras que solo se conocen en cada lugar, como ocurre en Huéscar y muchos pueblos de la zona donde hay expresiones y palabras cuyo significado solo conocen los lugareños.

Esta profesora afincada en Huéscar que derrocha vitalidad, tiene una hija, Carolina que cuenta con 21 años de edad, que dice no ser inglesa, española, o andaluza, sino que es oscense y ejerce como tal. Carolina estudia inglés y alemán en Málaga.

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