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Todo es posible en Otura

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Todo es posible en Otura

El alcalde ha sorteado otras situaciones difíciles. Desde juicios en los que ha salido absuelto hasta las críticas por facturas en el Txistu

04.10.12 - 22:36 -
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El alcalde de Otura convocó un pleno extraordinario el pasado viernes 22 de octubre a las ocho de la mañana. Pero lo verdaderamente extraordinario fue que Ignacio Fernández-Sanz no acudiera a la sesión para evitar encontrarse con el secretario del Ayuntamiento. A estas alturas no hace falta decir que el secretario y el alcalde no quedan los domingos para jugar al golf.
Ese viernes Ignacio Fernández-Sanz ya sabía -porque un agente de la Policía Nacional se lo había notificado- que llevaban investigándole desde el 23 de noviembre de 2009 a raíz de una denuncia que el funcionario presentó en el Juzgado de Santa Fe y que ha permanecido diez meses bajo secreto de sumario. No sólo a él, también al resto de la junta local -otros cuatro concejales del PP y tres de un grupo independiente (GIO)-, lo que ha provocado que todo el gobierno municipal esté bajo sospecha. Pero también hay que contar la otra mitad de la historia. Todavía no hay ningún imputado y los aludidos ni siquiera han prestado declaración.
El zafarrancho no ha alterado en exceso al alcalde de Otura, que ha pasado media semana en París en un viaje organizado por el Ayuntamiento para vecinos del municipio. La expedición aterrizó ayer de vuelta e Ignacio se encontró la movida judicial y una huelga de basura en el pueblo porque la empresa de limpieza acumula una deuda que ronda los 2,5 millones de euros.
La parte buena para el alcalde -si existe- es que ha escapado de situaciones peores. En abril salió absuelto de un juicio en el que un promotor le acusaba de haberle pedido 6.000 euros para pagar las bandas de música. La declaración del constructor en el juicio dejó en evidencia que tampoco juega al golf con Ignacio Fernández: «Ha hecho con nosotros una cantidad de perrerías, me recepcionó una urbanización por motivos que él sólo conoce. (...) ¡Hice muy mal en darle los 6.000 euros con recibo, tenía que haberle dado 300.000 sin recibo y no estaría aquí!». Y aunque en este escenario cualquiera estaría con el agua al cuello, el alcalde de Otura sigue a flote. Que tiene su mérito.
Todo es posible en Otura y no se trata de un eslogan publicitario. Aunque visto lo sucedido podría serlo.
Perfil político
Ignacio Fernández-Sanz es un viejo conocido de la política granadina. Fue gerente del PP en la etapa de Juan de Dios Martínez Soriano y en su día se presentó en las listas por el municipio alpujarreño de Cáñar, probablemente en una pirueta para intentar entrar en el Diputación.
Su llegada a Otura también tuvo efectos colaterales. El partido le encomendó el municipio -gobernado entonces por el PSOE- y lo eligió como candidato para 2007, lo que provocó la salida del anterior líder del PP de Otura, Eduardo Anguita, que arrastró consigo a sus cuatro concejales en el Ayuntamiento. El ambiente podía cortarse con un cuchillo. El PP denunció a Anguita y al ex tesorero por haberse quedado supuestamente con 2.310 euros de la Lotería de Navidad, una querella que acabó archivada.
Con un partido hecho trizas y con una división interna que pronosticaba el fracaso, Ignacio Fernández llegó con un equipo nuevo y ganó las elecciones de 2007 al PSOE. Un año más tarde, el PP consiguió el 51% de los votos en los comicios generales.
Como en la política no existen los extraños compañeros de cama, Ignacio Fernández acabó pactando en Otura con Eduardo Anguita, que se presentó a las municipales con un grupo independiente.
Encontronazos a tres bandas
En el pueblo la política se mastica en la calle. Se vive con tanta tensión que los encontronazos han sido en alguna ocasión más que dialécticos. Y estos episodios salpican a todos los partidos.
Un concejal del PP fue condenado hace tiempo a un mes de multa por un rifirrafe con un socialista. Y, recientemente, el PP ha desvelado sendas condenas al portavoz local de IU y a un familiar de un edil del PSOE por insultar al alcalde. Ignacio Fernández también tiene entre sus archienemigos a un promotor, con el que chocó a raíz de una urbanización en la que había en juego una fianza de tres millones de euros. Fue el propio regidor quien denunció en el juzgado que habían intentado comprarle.
Y todo este revuelo se ha desatado en tan sólo tres años. Las arcas municipales -como en otros tantos sitios- están raquíticas. El PSOE dice que la deuda puede rondar los ocho millones. Sea la cantidad que sea, el propio alcalde reconoce por escrito que el «Ayuntamiento está atravesando una falta de liquidez temporal».
Por eso quizás chirríen los gastos y los viajes del gobierno municipal. En la denuncia que ha presentado el secretario en el juzgado hay una relación de facturas de una empresa de catering que suma 123.507 euros. «08/09/09. Feria de día, paella, invitación hermandad: 16.229 euros»; 13.289 euros en tiques de consumiciones; o pinchitos en la feria de día: 8.025 euros.
Facturas que, en alguna ocasión, han tenido el reparo de la interventora. Así empieza una resolución del 14 de noviembre de 2007: «Que por la presente se da una orden de pago de 2.000 euros en concepto de gastos para viajes y atenciones protocolarias y representativas del señor alcalde sin presentar hasta la fecha justificante de gasto». Por aquella época se presentó un recibo de 333 euros por cinco comensales en el conocido restaurante Txistu de Madrid. Gastos que conviven con otros muchos más austeros, como los 7,44 euros por el recambio de un bolígrafo.
Durante los tres años que lleva en el cargo, el PSOE ha filtrado tiques llamativos. Como dos recibos de gasolina de 40 y 50 euros emitidos en domingo, a las 00.17 y las 02.17 de la mañana. Y otros dos facturados el mismo día con un solo minuto de diferencia.
La penúltima comidilla en el pueblo son los 5.082 euros que se ha gastado el Ayuntamiento en dos acacias y los 911 en una magnolia grandiflor gallis.
Desde que llegó, Ignacio Fernández está sometido al acoso y derribo. Quizás lo haya puesto fácil. Ahora atraviesa un momento crítico, con una investigación que no se sabe en qué quedará. Todo es posible en Otura.
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