
Antonio Braos juega con las medusas sin miedo a las picaduras :: F. M. O.
«No les tengo miedo, aunque sí respeto». Quien dice esto es Antonio Braos Pozo, un nativo de la playa de Melicena, y se refiere a ese animal marino que se ha vuelto tan popular cada verano en las riberas mediterráneas: las medusas.
Una medusa tarda siete décimas de segundo en disparar un pequeño arpón venenoso con el que hace sentir su picadura. Sin embargo, a este hombre de sesenta y tres años las medusas no parecen afectarle con su toxicidad.
Es más, juega con ellas entre sus manos sin apreciar la más mínima molestia, algo que ha despertado numerosas leyendas urbanas entre la gente que lo ve sacar las medusas del mar. Hay quien se plantea que se aguanta el dolor, mientras otros afirman que a sus manos, al tener la piel tan curtida, no les afecta el picor. Su mujer, Encarna, cuenta con cierta ironía que el antígeno que utiliza lo da su propio organismo. No falta quien propone que le contrate algún organismo oficial para que vaya por las playas despejándolas de estos ‘bichos’ molestos que privan de un baño sosegado.
Antonio es trabajador municipal desde hace catorce años del Ayuntamiento de Sorvilán. Se encarga de la limpieza de los anejos de Los Yesos y Melicena. Descubrió que las medusas no le ‘picaban’ mientras buceaba siendo un jovenzuelo de tan solo dieciséis años. Entonces recordó que a su padre tampoco le afectaban las picaduras de los escorpiones. «Mi padre cogía los alacranes con la mano y no notaba si le picaban o no. Yo vi cómo le dejaron tres marcas de picadura y se limpió con unas hierbas del campo».
Relata que aunque siempre ha habido medusas, antes llegaban más «salpiqueadas» y no como estos últimos años, donde además de haber crecido en número son diferentes a las antiguas ‘aguacuajá’, que eran de mayor tamaño y solían traer dentro pequeños peces. Antonio juega con ellas entre sus manos igual que un niño lo hace con una mascota doméstica, pero se cuida de que no se le peguen a partes más delicadas del cuerpo, como los ojos y otros órganos sensibles.
Mientras responde a las preguntas de los transeúntes con los pies metidos en el agua del rebalaje de la playa y lo miran con curiosidad, hay algún bañista que trata de darle explicaciones de cómo debe actuar con las medusas, algo que Antonio no recibe de buen agrado. «Sabrán algunos lo que hay que hacer con las medusas», señala.
Los consejos en caso de picadura de una medusa son no rascarse, lavar la zona con agua salada y seguidamente secar con una toalla. Si hubiera síntomas más graves lo ideal sería acudir al médico. Aunque hay un remedio natural infalible y que empieza a extenderse entre los afectados: las hojas de la planta de aloe vera, ya que su contenido activa funciones antiinflamatorias y antisépticas del cuerpo humano. Antonio, afortunadamente, no necesita nada de esto.