Donde parecía amagar con alguna incógnita, Anquela simplemente probaba para ratificar impresiones en esta pretemporada. Pero desde el principio, por la configuración de la plantilla, se adivinaba un posible once titular que ha acabado siendo el elegido por Anquela, corroborado ante el Hércules, ratificado frente al Vitoria de Guimaraes. Tan solo podría alterarse el mecano por los fichajes. Quizás, cuando recupere a los lesionados, cuando los restablecidos cojan la forma, en el momento que el sancionado Benítez pueda contar o si llegan fichajes antes del cierre del mercado, Anquela varíe una alineación que se antoja memorizable. Tan solo hay una plaza donde reparte minutos. Es la portería. Una vez que Toño ha superado su tendinitis, pugna a la par con Roberto, aunque parece que lleva ligera ventaja el gallego. Para la grada el 'gato rosa' siempre sería el elegido, pero los criterios del público están influidos también por otro factor inexcusable: el apego sentimental, ese que hace que siempre se le otorgue mayor confianza al jugador que ya estaba en plantilla, por aquello de los lazos afectivos, que al recién llegado, que todavía no ha despertado el cariño necesario.
Esta situación le tocó vivirla a uno de los referentes del actual equipo. Cuando Siqueira aterrizó en el Granada, Rubén Párraga era el titular en el lateral izquierdo. Con el malagueño la hinchada había disfrutado del ascenso a Segunda, con una actuación plena de fiabilidad en el costado. Para el seguidor era muy difícil asimilar que viniera un jugador que desbancara a Rubén. Encima, Siqueira llegó fuera de forma, arrastrando molestias, y en sus primeras comparecencias su rendimiento fue deficiente. Sin embargo, la calidad del brasileño comenzó a comerle terreno, hasta consolidarse como uno de los mejores laterales del campeonato. Su supremacía llegó hasta tal punto en Primera, ya con Párraga fuera de la entidad, que acabó convirtiéndose en sorprendente referencia goleadora y en tentación de equipos grandes, como es el caso del Valencia.
Algo parecido le ocurrió en su día a Geijo, que vino a recoger el ariete que había sabido manejar también Tariq en la división de bronce. Con el tiempo y los muchos tantos quedó olvidado que, al principio de vestir la rojiblanca, Geijo era cuestionado, recibió algunos tímidos silbidos y se coreaba el nombre de Tariq como reclamo. Geijo acabó siendo el pichichi rojiblanco y, posiblemente, el delantero más imponente que haya pasado por este club en los últimos años.
Estos son casos triunfales, pero no siempre el futbolista es capaz de superar esta presión. Hay otros menos afortunados, como Carlos Calvo, o el más cercano y sangrante de Ike Uche. Al nigeriano le tocó sufrir la hostilidad del público, donde un importante sector le ninguneó como si poco más o menos estuviera expoliando al Granada con sus actuaciones. El caso de Uche fue simplemente el de un delantero en sequía, que se vio obligado a pasar media temporada en una incómoda banda, que acabó con una gran desazón. Su frialdad fue tomada como apatía y hasta cuando hacía algo bien levantó un halo sospechoso. Pero sobre todo fue su ineficacia lo que le castigó más.
También ha habido alguna tirantez en la zaga, sobre la titularidad de Mainz o Borja Gómez. El primero es un símbolo de los dos ascensos, uno de esos jugadores que se arriesgó con el proyecto rojiblanco y que ha acompañado todos sus éxitos. Borja fue un fichaje invernal, pero se ganó pronto la confianza primero de Fabri (que le hizo debutar en su último partido al mando) y luego de Abel. A pesar de su buen rendimiento, algunos seguían teniendo querencia por el otro central. El tiempo ha demostrado que ambos, junto a Íñigo, han aportado soluciones a la zaga, alternándose en esa zona central debido a lesiones y sanciones, ofreciendo los tres un rendimiento alto.
Tal vez Borja haya superado el estigma del novato y sea ya respetado por todos como uno más en el grupo. El recuerdo siempre se endulza y a veces se olvida que un deportista recién llegado merece la hospitalidad para terminar exhibiendo las prestaciones que se le requieren. Toño saltó el otro día en la segunda parte en Los Cármenes y lo primero que hizo al dirigirse a la portería fue saludar al fondo donde iba a jugar. La gente le aplaudió tras el gesto. Tanto él como Roberto ofrecen plenas garantías. El entrenador intentará ser honesto y decidir con justicia. Al que le toque jugar le vendrá bien el abrazo simbólico de la hinchada. Todos, los que estaban y los nuevos, son rojiblancos.