La mezcla de rabia, enfado y miedo ante los recortes anunciados por el Gobierno de Mariano Rajoy actúan como barrera para expresar públicamente cómo están viviendo la situación tanto los ciudadanos de Granada como los funcionarios. Todos tienen ese punto en común: no se atreven a hablar por la temida consecuencia, el despido.
El ambiente en el Complejo Administrativo Almanjáyar de la Junta de Andalucía está bastante caldeado. Todos se muestra muy cabreados y enfadados antes estas nuevas medidas del Gobierno, pero ninguno se atreve a hablar de viva voz o que sus rostros y nombres se vean: "La situación es muy complicada como para dar la cara", afirma una de las funcionarias del complejo que no estaba dispuesta a hablar. Ni sus compañeros. Afirma una de ellas que se podría producir una situación muy incómoda al ser cargos públicos atendiendo a los ciudadanos: "Si contamos nuestra opinión sobre los recortes y cómo nos está afectando la gente puede increpar enseguida porque su situación es peor que la nuestra. Mejor evitar el alboroto".
Los contratados, de agencias, que no son funcionarios evitan hablar con tal de no aumentar la tensión entre los compañeros. "La Administración se ha dedicado a meter diferentes colectivos, entonces se está dando una idea, una imagen de: como no hay dinero para todos, pues unas personas se tendrán que ir para beneficio de los todos", explica Ana María Ruiz Díaz, responsable de funcionarios de CCOO en Granada. "La tensión proviene de que muchos consideran que si echaran a los contratados no les tendrían que recortar el dinero que se está recortando. Una idea totalmente equivocada", afirma Ruiz.
En la calle la situación no es muy diferente. Decenas de personas aglomeradas por las calles del centro de Granada y ninguna se atreve a hablar. "¿Es anónimo o tengo que dar mi nombre?", es la pregunta inmediata de muchos. A todos les une un punto en común: el miedo a que sus jefes, su empresa vean su nombre o su cara en un medio de comunicación y llegue la temida consecuencia: el despido. A pesar de los pesares, "ahora quien tiene un trabajo, tiene un tesoro", era la máxima de mucho teniendo en cuenta cómo está el panorama. "Tengo una familia, una hipoteca, nos cuesta llegar a fin de mes. Siempre terminamos pagando los mismos: los más débiles". Era la razón principal por las que varios granadinos solicitan explícitamente el anonimato. Como mucho consienten dar su nombre de pila, y claro está, ninguna fotografía, mucho menos vídeo. Miran la cámara con recelo e incluso la apartan.
En Bib Rambla, un grupo de hombres sentados en una terraza ya andaban con el debate sobre la mesa. "Lo que deberían hacer es bajarse ellos los sueldos, esos altos cargos que cobran una barbaridad y se supone que miran tanto por nosotros, el pueblo, precisamente los que les hemos elegido, y mira cómo estamos", explica indignado uno de ellos. Sus amigos asentían según iba desarrollando su discurso. "La mitad de los que están en el Congreso, nos sobran. Nadie entiende por qué en España hay más de 400.000 políticos cuando en otros países como Alemania no alcanzan ni los 200.000". "¿Por qué no dimiten ellos, se van a sus casas y los sueldos los reparten a los que verdaderamente les hace falta?", añade uno de sus compañeros. "Nos estamos dejando pisar y el miedo nos impide actuar".