El primer día del congreso de los socialistas andaluces, el 12 congreso en el año 12, que se celebra desde el viernes en El Toyo (Almería), parece diseñado por Mr Higgs para demostrarnos su teoría del ‘bosón’. Aparece el personaje y se arremolinan delegados, invitados, periodistas. A mayor importancia del protagonista, mayor revuelo. A veces también se registran en ausencia, anticipando su llegada, y otras les siguen como halos, como colas de cometa que dejan a su paso aquellos que más mandan o de quienes más se espera: Susana Díaz, vicepresidenta del Gobierno andaluz in pectore; Mario Jiménez, confirmado número dos de la nueva ejecutiva; Rosa Torres, presidenta con continuidad más que probable, o en alguna otra área, los candidatos a puestos relevantes, Alvarez de la Chica, hasta el esquivo Juan Cornejo, las figuras invitadas... y por supuesto «el líder», Griñán, el secretario general que se ha convertido en el socialista con más poder de España y que ha de administrar este momento en orden interno, regional pero también nacional. Aparte de intentar demostrar que es posible otra política en un contexto de máxima hostilidad.
Hay también bosones en torno a los ‘príncipes negros’ los ‘maudits’, los críticos, aunque el secretario general haya dicho para empezar la mañana que no sabe que tenga ninguno. Pues pese a ello, hay un efecto de atracción de partículas –curiosas, morbosas o fieles– hacia la masa de gente como los sevillanos Limones, Celis, o el expresidente Borbolla, que aparece como un verso suelto en el panorama interno con un discurso discrepante que choca con sus prácticas en el pasado, lo que indica que la vida es evolucionar.
‘Pepote’ ya acompañaba a quienes esperaban con el hacha en la noche del 25M, en una habitación alquilada en el mismo hotel, a nombre de una fundación, para cobrarse la cabeza del que suponían derrotado y humillado Griñán.
Controlar y estabilizar estas bolas de materia dispersas y volátiles es el trabajo de estas horas para el ‘aparato’ del PSOE-A. Cómo se integrarán y quiénes tendrán un sitio a su sol es la cuestión. De momento, las llamadas a la unidad son la constante, pero enseguida llegan los matices que nadie deja de registrar. Así, resonó en el salón del plenario como eco en una cueva, esa frase del discurso de gestión del secretario general: «No olvidaré las luces ni las sombras para que no vuelvan a sorprenderme», dijo al recordar su difícil y solitaria campaña electoral.
Así también las palabras de Elena Valenciano, la mano derecha de Rubalcaba, que proclamó que «todos hacen falta» en estos tiempos críticos y declaró estar consagrada a la misión de conseguir la continuidad en el partido, que concibió «no como una montaña rusa, sino como una noria» en la que a veces se está en un punto y otras, en otro.
Nadie cuenta con que haya integración, a pesar de que tampoco se espera una gran gresca a la hora de cerrar la ejecutiva, porque muchas guerras van a aplazarse a los congresos provinciales. De hecho, Griñán ha asegurado que la tendrá a las diez de la noche. Nadie le cree.