La Fiscalía de Granada ha mantenido este miércoles su petición de 12 años de prisión para el hombre de nacionalidad rumana, e iniciales C.S., que ha sido enjuiciado desde este lunes en la Audiencia de Granada acusado de matar a un compatriota de una paliza en el domicilio que ambos compartían en Baza (Granada) el 30 de julio de 2006.
El Ministerio Público le atribuye un delito de homicidio, y, aunque en principio contemplaba en este caso la atenuante de encontrarse bajo los efectos del alcohol, ha decidido finalmente retirarla, aunque manteniendo la misma solicitud de condena. Su defensa, por su parte, pide la libre absolución o, alternativamente, un máximo de cuatro años por homicidio imprudente, han informado a Europa Press fuentes del caso.
Ya han finalizado las pruebas testificales y las periciales, y las partes han leído sus informes finales con lo que el jurado que se encargará de declarar la culpabilidad o no culpabilidad del procesado recibirá este jueves el objeto de veredicto y podrá reunirse a partir de ese momento a deliberar y dar a conocer su decisión, probablemente por la tarde.
Durante la primera sesión del juicio este pasado lunes, el acusado se declaró inocente de lo ocurrido y aseguró que ya se encontró muerta a la víctima en una habitación de su domicilio cuando regresó para dormir.
Tras el crimen se marchó a Rumanía
El hombre se negó a responder a las preguntas de la Fiscalía, pero sí lo hizo ante su defensa. A respuesta de las cuestiones planteadas por su abogada, explicó con la ayuda de una intérprete que el 29 de julio de 2006, un día antes de lo ocurrido, coincidió con la víctima, con la que no tenía mucha relación, en la fiesta que un amigo había organizado en su casa. El fallecido, de iniciales I.N.N., se marchó del lugar sobre las once de la noche, mientras que el procesado se fue con unos amigos unas dos horas más tarde.
Se dirigió hacia su domicilio, en el que vivía en régimen de alquiler junto a otros dos compañeros, y allí se encontró en uno de los dormitorios a I.N.N., que podría haber entrado con alguna llave que alguien le hubiera facilitado.
Al principio, el inculpado "pensó" que estaba inconsciente, e intentó reanimarlo "dándole unos golpes" en la cara y echándole agua con un cubo que encontró en la terraza, pero después se percató de que no despertaba porque en realidad estaba muerto. Al día siguiente, según dijo, recibió una llamada de su hijo, que había sufrido un accidente de coche y se marchó a Rumanía.