Un caramelo puede ser memoria. Las golosinas tienen la capacidad de transmutar el azúcar en recuerdo a través del sabor o eso desprendía cierto anuncio televisivo en el que un abuelo y su nieto dialogaban acerca de lo excelso de un buen dulce. Esto se hace extensivo al resto de chucherías para muchos.
Un solo mordisco basta para volver a la infancia, a correr por las aceras o a subir a los árboles. Sin embargo, como en la magia, el efecto no es algo milagroso sino que está construido de manera consciente. Hay toda una ciencia detrás de cada golosina, una tecnología específica, unas materias definidas y una elaboración prefijada para lograr el truco.
¿Cuáles son las más sanas?
La composición de cada golosina es un mundo, aunque casi todas se apoyan sobre los azúcares simples. Tal y como explica Rosa Caballero, experta nutricional, el gusto es muy importante y por ello "están constituidas principalmente por azúcares simples como sacarosa, fructosa o glucosa; y esto las convierte en productos con un aporte en calorías vacías, es decir, que solo tienen valor energético".
Los valores nutricionales y la composición de las golosinas se ponen al servicio de la atracción. Por eso, otro elemento que forma parte de las golosinas son los colorantes. Son los responsables del color y hace más llamativo el producto final. Conforman la punta de lanza del producto por su capacidad de atracción hacia el rango de público al que en teoría van destinadas las chucherías, los niños. Asimismo, la textura también provoca reacciones positivas. Para ello, "son empleados espesantes, saborizantes para intensificar o aportar el sabor, además de conservantes", afirma Caballero.
Un análisis de las chucherías las presenta con libres de grasa, algo que usan comercialmente para promocionarse, pero con una gran cantidad de hidratos de carbono y un porcentaje mínimo de proteínas debido a la estructura gomosa que posee. Al adquirir únicamente un valor energético, son rechazadas por los especialistas puesto que no ofrecen beneficios de ningún tipo al cuerpo. Las excepciones a estos consejos son aquellas chucherías basadas en frutas naturales y siempre en pequeñas cantidades.
¿Cómo se fabrican las gominolas?
No basta con la materia prima, la forma también es un elemento de distinción entre chicles, caramelos o gominolas. No obstante, el cocinado del producto parte, en muchos casos, de un mismo sistema llamado 'extrusión'. Según Rosa Caballero, "se trata de un proceso completo que combina diferente operaciones unitarias, siendo éstas; la mezcla, el amasado, la cocción y el moldeado".
Las materias primas se combinan en un primer momento según cada receta, teniendo en consideración que posean entre un 15 y un 40 por ciento de contenido de agua. Posteriomente esa mezcla se hace entrar en el 'extrusor', es decir, una maquina que posee un recipiente en forma de tubo y en cuyo interior reposa la sustancia a la temperatura que sea requerida. Acto seguido se aprieta un tornillo situado en el extremo de la estructura hasta hacer salir la mezcla por el extremo opuesto. Es durante este momento cuando, a través de la presión o del calor aplicado a la sustancia, se convierte en una masa viscoelástica moldeable. El producto viscoso pasa entonces a los moldes donde finalmente adquieren la forma con la que el público las identificará.
El consumidor de a pie pocas veces conoce el proceso. En cada bocado está el resultado de toda una cadena de decisiones destinadas a atraer al público, de hacer la golosina el producto más deseado posible. En definitiva, toda una tecnología puntera al servicio del arte de dulcificar momentos.