Un embarazo es una de las experiencias humanas más importantes para una mujer, la que más transformaciones produce en su cuerpo. Un nudo de variaciones que se superponen desde el momento de la gestación, en la que ellas suelen acarrear con el peso desde el primer día, en todos los sentidos. Pero eso no significa que el padre no pueda implicarse con intensidad y responsabilizarse de un proceso que acarrea el maravilloso milagro de dar vida. El desconocimiento de la pareja ante un periodo lleno de cambios se puede despejar de muchas maneras. Se puede recurrir a la familia o amistades, lo que conlleva el riesgo de conocer costumbres ya superadas; Investigar por cuenta propia en Internet, sin saber la veracidad de las fuentes; o recurrir al método más académico: los cursos de educación maternal. Unas clases que despiertan el interés de las futuras madres pero que no son excluyentes para los padres. De hecho, lejos de ser una anécdota, son cada vez más los que rompen con la timidez y acuden a estas sesiones formativas, que también les instruyen a ellos en su faceta.
De hecho, los hombres a veces se convierten en elementos de mayor curiosidad que las propias embarazadas, sirviendo con frecuencia de altavoz de las inquietudes que les susurran, comprendiendo reacciones inesperadas que ellas desarrollan durante los nueves meses. Como cuenta Antonio Izquierdo, médico del Centro de Salud de la Chana y matrono durante de décadas, que ejerce de profesor, “los padres tienen que aprender a ser serviciales con ellas, porque son momentos en las que están delicadas y necesitan más que nunca su cariño, sin sorprenderse de que ellas a veces reaccionen mal, se pongan ariscas y les den una coz”, explica con simpatía. “Son momentos en los que hay que estar templados, no preguntar si les duele, porque es obvio. No agobiarlas y sobre todo protegerlas de aquellas personas que, de tanto preocuparse, a veces las ponen como locas”, continúa.
Los padres se convierten en un elemento decisivo en las atenciones durante el parto pero también en las semanas previas. Pueden ayudar haciendo masajes que alivien los típicos dolores de espalda, participar en los ejercicios de respiración que tan importantes serán el día que se entre en el hospital y conocer todas las fases, las que pueden acarrear algún sufrimiento y las posteriores, desde el momento del alumbramiento hasta que se cumple el puerperio, la etapa de estabilización tras el nacimiento del vástago.
Las obligaciones laborales hacen complicado que muchos de estos futuros papás asistan a estas importantes lecciones. La mayoría se intenta esforzar por encontrar un hueco o pedir un día libre que les permita conocer más sobre lo que les sucede a sus mujeres. Al final habrá información que no se asimile y reacciones inesperadas, pero seguro que casi todos sacarán algunos detalles en claro, desmontarán mitos y afrontarán con mayor seguridad el embarazo y el parto. Eso sí, estarán en el momento clave si la sangre no les marea, aunque seguro que el sacrificio personal merecerá la pena porque les necesitan, cualquier molestia es incomparable a las que ellas pueden sentir, y todo se pasa al ver la cara de la criatura que viene a alegrarles el hogar.