Las personas que presenciaron el asesinato a tiros de un hombre en el barrio granadino del Zaidín el pasado 10 de diciembre de 2010, cuando iba a recoger a su hijo en un punto de encuentro familiar, han visto en los rasgos del procesado por el crimen "bastante similitud" con los de la persona que efectuó los disparos con una escopeta de caza mayor.
Durante la segunda sesión del juicio que se sigue en la Audiencia Provincial de Granada, varios de los testigos han declarado que el que se sienta en el banquillo de los acusados podría ser, "aunque no con un cien por cien" de certeza, el hombre que, ataviado con una peluca negra y unas gafas de sol oscuras, descerrajó dos tiros, uno en la cabeza y otro en la espalda, a su víctima. Solo una de los testigos que han revisado el aspecto físico del inculpado, que es el actual marido de la exmujer del fallecido, no ha considerado que se trate del mismo hombre.
El resto de las personas que estaban presentes en el lugar de los hechos, la calle Monachil, a la hora en la que ocurrieron, poco antes de las 18,00 horas, sí han reconocido en la cara del acusado, por lo que pudieron ver, indicios de similitud. No obstante, los testimonios sobre la posible edad o estatura del autor de los disparos han sido dispares, y algunos han apuntado a que podría tratarse de una persona de unos 30 ó 40 años, otros de 50, de 1,60 o de uno 1,80 metros de altura.
El primero en declarar ante el jurado ha afirmado que la persona a la que vio aquel día era "un poco más delgado" que el acusado, que se enfrenta a 21 años de prisión por un delito de asesinato y de otro de tenencia ilícita de armas, y ha declarado que, junto a él, vio a una persona "obesa" que podría haber actuado como su cómplice.
Otro hombre, que asegura que vio al asesino a unos 40 centímetros de distancia, ha indicado que el acusado tiene "bastante parecido" con el individuo que observó, especialmente en la órbita del ojo y el mentón, y ha indicado que tenía el rostro "muy pálido". Al testigo, que ha comparecido tras una mampara para evitar ser reconocidio, le llamó la atención la forma de correr "peculiar" de aquel hombre cuando huía del escenario del crimen, y que no tenía patillas debajo de la peluca, por lo que podría estar calvo, como el procesado lo está.
Según ha dicho, cuando presenció lo ocurrido, pensó que el asesino podía ir en su busca, porque él llevaba entonces una vestimenta muy similar a la víctima y había sido objeto de amenazas de muerte. Otro joven, que se encontraba en la zona en el interior de su vehículo parado en un semáforo, también ha destacado la forma de moverse del acusado, como de una persona "que no es atlética" y a la que le cuesta correr, como de unos 50 años y robusta.
Otra testigo, que vio parte de la boca del autor de los disparos, no ha contemplado ningún rasgo característico en el acusado que le recuerde al que presenció, mientras que otra joven, que ha declarado tras ella, ha indicado que está "bastante segura", aunque "no cien por cien", de que acusado y asesino tienen "el mismo mentón y perfil".
En la jornada de este martes también ha declarado una de las trabajadoras del punto de encuentro familiar, que ha relatado que aquel día la madre del niño al que la víctima tenía que recoger llegó "antes de su hora", lo que no había ocurrido nunca hasta entonces y no era por tanto lo habitual.
Según ha dicho, aunque no conoce en profundidad la relación que mantenían los excónyuges, sí ha considerado que ésta "no era buena". El hijo de ambos, de unos 9 años, no quería irse con su padre nunca y siempre "verbalizaba" que éste le pegaba y que nunca se había preocupado por él, aunque la madre siempre intentaba decirle que tenía que verlo o, al menos, saludarlo.
Aquel día, ella se encontraba hablando con la exesposa del fallecido cuando escucharon dos detonaciones, como de "petardos" y no le dieron importancia, si bien cuando una de las compañeras salió a la puerta a ver qué había pasado, ésta se puso muy nerviosa a gritar. Entonces, la trabajadora también salió y vio a un hombre que yacía fallecido en el suelo que intuyó que podría tratarse del padre al que estaban esperando. "La mujer no reaccionó cuando oímos los disparos, ni tampoco preguntó de quién se trataba, aunque sí qué había pasado", ha mantenido la trabajadora.
Asimismo, han comparecido los forenses que practicaron la autopsia al fallecido, que han constatado que murió a consecuencia de dos disparos "a muy pocos centímetros", y que éstos se realizaron "por la espalda". Los agentes de Policía Nacional que realizaron la inspección ocular han relatado, por su parte, que por los cartuchos hallados en el cuerpo de la víctima, el arma probablemente utilizada fue una escopeta de las usadas en la caza mayor, para abatir jabalíes.
El abogado defensor, que intenta demostrar que su cliente pudo contaminarse de partículas de residuos de disparo cuando fue trasladado por la Policía a la Comisaría para declarar voluntariamente, ha hecho reiteradas preguntas a los policías que se encargaron de recoger las muestras, concretamente acerca de si alguien que llevaba peluca y gorra podría tener esos residuos en la cabeza, a lo que los testigos-peritos han contestado que no pueden descartarlo, aunque no son expertos en la materia.
El juicio continuará este miércoles con la declaración de los familiares de la víctima y también del procesado. El viernes, una vez se hayan practicado todas las pruebas, el jurado podrá emitir su veredicto de culpabilidad o no culpabilidad.
Acusación del fiscal
Según consta en el escrito de acusación provisional del Ministerio Público, al que ha tenido acceso Europa Press, la víctima llevaba separado legalmente de su mujer desde 2006, y tenía un régimen de visitas a su favor para poder encontrarse con el hijo de ambos. Sin embargo, la custodia del menor y el reconocimiento del derecho del padre habían generado "problemas graves" entre los dos excónyuges. De hecho, la exesposa se negaba a que su exmarido, de iniciales J.M.R., ejerciera su derecho, lo que llegó a enfrentar a éste último con el entonces esposo de la mujer, que incluso llegó a darle un puñetazo en la cara por este asunto y que acabó en un juicio que no llegó a celebrarse.
Esta situación, que "contrariaba" a la mujer, fue el "caldo de cultivo" para que el acusado, "que se había propuesto acabar con los sufrimientos de su esposa", anidara la idea de acabar con la vida de J.M.R. Así, como sabía dónde iba a estar, se dirigió sobre las 17,45 horas del viernes 10 de diciembre de 2010 al punto de encuentro familiar, entre la Avenida de Dílar y la de Cádiz, adonde iba a recoger a su hijo.
Para asegurarse su objetivo, ocultó su rostro con unas gruesas gafas negras y una peluca, para evitar ser identificado y lograr su impunidad. Iba provisto de una mochila en la que portaba una escopeta de caza con los cañones recortados y cargada con cartuchos empleados en la caza mayor, para la que carecía de licencia.
Cuando su víctima, que entonces tenía 43 años, estaba junto a la puerta de acceso del local del punto de encuentro, "de forma absolutamente inesperada y sorpresiva", se acercó por su espalda, sin que pudiera reaccionar ni defenderse, y le descerrajó a muy corta distancia un tiro en la cabeza, que provocó que J.M.R. cayera ya muerto al suelo, donde le volvió a disparar otro tiro más en la espalda.