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La Leyenda de la Bernarda

GRANADA

La Leyenda de la Bernarda

Granada, Ciudad Real y Sevilla se reparten el origen de una de las expresiones más llamativas de nuestro vocabulario

06.05.12 - 02:53 -
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Cada civilización, a lo largo de la historia, ha tenido sus propias expresiones. Son sentencias imperecederas que han quedado grabadas en las mentes de muchos y cuyos orígenes se pierden en un cúmulo de sombras de carácter legendario. Las legiones de Julio Cesar cruzando el Rubicón con el eco del 'Alea jacta est' en las botas o la desastrosa muerte de Ricardo III de Inglaterra, 'mi reino por un caballo', son algunos momentos mitificados con estas frases que han llegado hasta nosotros como parte del bagaje lingüístico de nuestra sociedad. Sin embargo, otras nacen al amparo de personas y costumbres de otros tiempos, alejadas de la épica y el boato de las sentencias latinas.
El caso más evidente y castizo es la expresión 'el coño de la Bernarda', que alude hoy en día a elementos desordenados y carentes de seriedad, cuyo origen se mueve en una difusa línea entre leyenda y realidad. Averiguar el comienzo de tan célebre cita es una ardua tarea con imposibles resultados, toda vez que son varios los lugares que se autoproclaman como nacimiento de la expresión. Estas zonas son Granada, Ciudad Real y Sevilla, espacios por los que la mítica Bernarda ha hecho fama a partir de una parte de su cuerpo.
Literatura y leyenda
A través de Manuel Talens, la Alpujarra granadina se erige como nacimiento de la leyenda. El escritor alude en uno de sus libros a una hipotética relación de sucesos de Higinio Torregrosa en la que se cuenta la historia de una santera hija de reyes llamada Bernarda que recorría los pueblos de la zona en el siglo XVI con tablillas de oraciones y que poseía cierta fama de curandera. Un sueño en el que se le presenta San Isidro Labrador es la excusa para permitir un acercamiento sexual al que posteriormente será el protagonista de la expresión, un hecho que cambia todos los malos sucesos que estaban ocurriendo en las Alpujarras por aquel entonces. Se narra en la relación que muchos lugareños se acercaban a donde ella vivía para tocarla y lograr curaciones, fortuna o mejores cosechas. A su muerte, Bernarda es enterrada y una serie de calamidades asola la región, por lo que se decide desenterrar a la pobre señora, tras lo cual se descubre que una parte de su cuerpo, la que le dará la fama, permanece incorrupta. Es esta ‘devoción’ y desorden en torno a Bernarda la que se convertirá con el paso de los siglos en el motivo principal de la expresión, aunque esta sería la explicación granadina del asunto ideada por Manuel Talens.
Por otra parte, en algunas zonas de Ciudad Real es conocida otra explicación de la leyenda que comparte numerosos elementos con la granadina, como la fecha –siglo XVI- y dedicación por la santería. La Bernarda manchega carece del elemento literario ideado por Talens; es en este caso una curandera humilde que vive como eremita en las cercanías de Sierra Morena. Acogía a pastores a los que curaba los animales enfermos, siempre y cuando tocaran tan nobles partes. La expectación creada al calor de los milagrosos hechos le ocasionan problemas con la Iglesia, por lo que es examinada por los monjes de la época. Su confirmación le procura fama de santa en la provincia y, como en el caso granadino, a su muerte se descubrirán sus genitales incorruptos.
La leyenda sevillana es diferente, como salida del mítico cuadro de Courbet sobre el origen de la vida; el escenario cambia y la profesión también. Bernarda vive en la Sierra Sur de Sevilla, en lo que quedaba de banda morisca tras la conquista de Granada, y ejercía la prostitución. Su historia carece del elemento religioso que hay tras las leyendas granadino-manchegas y se limita a explotar la cantidad de hombres que pasaban por las sábanas de la señora para posteriormente revelar su fin, muerta por castigo divino. De esta manera, se señala de nuevo al caos propio que la expresión destila en nuestros días y se enfatiza la moraleja.
Más allá del mito
Los mitos no son más que formas de narrar una realidad. Tras la fachada de santería, prostitución y elementos religiosos, las tres leyendas reflejan una clara crítica a un momento y unas circustancias determinadas. Son narraciones en las que la religión y la santidad quedan ridiculizadas ante la 'efectividad' del sexo femenino, capaz de realizar milagros, de doblegar a una institución con un poder e influencia enormes en la época.
Esta crítica encubierta hacia la Iglesia no se delata en el mito sevillano, que alude más a un modelo de enseñanza moral en la que la prostitución queda como ejemplo del caos. Sin duda, elementos que dan una perspectiva diferente a una expresión tan cotidiana y tan nuestra.
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