La mujer que el pasado 6 de agosto ingresó en la prisión de Albolote (Granada) tras ser condenada a tres años de cárcel por agredir a la maestra de su hijo, de 5 años, al enterarse de que el menor no había podido comerse su bocadillo durante el recreo goza desde este lunes del tercer grado penitenciario.
Según ha informado su abogado, Alejandro Martín, a partir de ahora la mujer permanecerá interna en el centro de inserción social de Granada, de donde podrá salir los fines de semana.
El letrado entiende que en la decisión de conceder el tercer grado penitenciario a esta mujer ha debido pesar su situación personal -madre soltera a cargo de dos hijos menores-, su buen comportamiento y el hecho de que haya satisfecho plenamente la responsabilidad civil y la indemnización fijadas en la sentencia.
La mujer ingresó en prisión el pasado 6 de agosto después de que la Audiencia Provincial confirmara la sentencia del Juzgado de lo Penal 1 de Granada que la condenó a tres años de cárcel por un delito de atentado al agredir a la maestra de su hijo tras enterarse de que éste no había podido comerse su bocadillo durante el recreo.
La condena incluía el pago de una multa por una falta de lesiones y que indemnizara a la víctima en 300 euros.
La acusación particular informó en su momento de que la ejecución de esta sentencia suponía el ingreso en prisión por primera vez de la madre de un alumno por pegar a un funcionario.
Los hechos ocurrieron el pasado 18 de noviembre, poco antes de las dos de la tarde, cuando la mujer, E.C.F., de 23 años, se personó en el colegio público Federico García Lorca de la localidad de Fuente Vaqueros (Granada) y se dirigió al aula de su hijo, en la que entró "violentamente", según la sentencia.
En ese aula, en la que se encontraban una veintena de niños de 5 años y dos profesoras, la mujer preguntó quién de ellas había dejado sin merienda a su hijo.
Una de las docentes respondió que había sido ella, momento en el que la procesada la cogió del pelo, le propinó un empujón y la lanzó contra la pizarra.
A consecuencia de estos hechos, que se produjeron en presencia de los menores, la agredida sufrió un ataque de ansiedad, según recogía la resolución judicial, que calificaba la conducta de la condenada de "un grado de gravedad extrema" dentro de los supuestos hipotéticos de ataque a un docente público.
Todo ello, añadía, no precisamente por el resultado, que ciertamente no fue tan grave, "sino por la forma y el contexto en que se llevó a cabo".