La Empresa Pública de Suelo de Andalucía (EPSA) despidió la semana pasada al director del Área de Rehabilitación Concertada (ARC) del Albaicín, la oficina a través de la cual se canalizan y tramitan las subvenciones a particulares para la reforma de viviendas en el barrio histórico. Esta semana, EPSA ha comenzado a trasladar a otras dependencias a cinco de los seis empleados que allí trabajaban. Se trata de un desmantelamiento en toda regla que se produce, curiosamente, en una oficina recién inaugurada: después de casi una década de trámites y obras, el pasado marzo el ARC se trasladó por fin de su antiguo local en la plaza Isabel la Católica al nuevo de Calderería Vieja, 24. El edificio rehabilitado, que costó 1,6 millones de euros, acoge además siete pisos en alquiler para familias jóvenes sin recursos.
Tras su creación en 2001 –fue el primero de Andalucía–, el ARC comenzó a trabajar en el Bajo Albaicín-La Churra, pero en 2007 amplió su ámbito de actuación a todo el barrio y ya ha atendido intervenciones en unas 700 viviendas, "desde la reforma de un cuarto de baño hasta rehabilitaciones integrales".
Según el recién destituido director, el arquitecto Gabriel Fernández Adarve, EPSA ha explicado su decisión en la "crisis económica" y la "escasa carga de trabajo" de la oficina. Un vistazo al estado del barrio morisco –claramente necesitado de ayudas a la rehabilitación– pone en cuestión esa justificación. También la contradice el compromiso del anterior consejero andaluz de Obras Públicas: en 2009, en respuesta a una pregunta parlamentaria, Juan Espadas anunciaba que el área de actuación de la oficina iba a triplicarse, gracias a una inversión de 165 millones de euros en un total de 1.520 inmuebles del barrio a lo largo de los siguientes 8 años, es decir, hasta 2015.
Trabajo premiado y admirado
Fernández Adarve confirmó ayer a IDEAL su cese y el traslado de la mayoría de los empleados; según sus datos, en un mes la oficina quedará en manos de un auxiliar administrativo. Pero, en su opinión, no hay una orden de cierre por parte de la Consejería.
"No quiero hacer sangre", aseguró el arquitecto, que piensa abandonar pronto las listas del paro y volver cuanto antes a la actividad privada que aparcó durante diez años. A su juicio, las actuaciones de la Consejería de Obras Públicas y la Empresa Pública de Suelo de Andalucía en el Albaicín han sido "muy importantes". También las del Ayuntamiento. "No es verdad que las administraciones no estén haciendo nada", insistió. El ARC ha sido premiado y alabado en diferentes foros –incluida la Unesco– y visitado por arquitectos y gestores extranjeros deseosos de conocer esta experiencia innovadora.
Una de las virtudes de la rehabilitación concertada, señaló su exdirector, es que se conceden ayudas a propietarios particulares o comunidades de vecinos dispuestos a asumir el 60% o el 70% del coste de las obras. Eso garantiza que, además de los edificios, se conserva a los residentes. "Se han hecho cosas muy buenas, pero no se ha sabido gestionar bien la crisis económica –reflexionó el arquitecto–. Si hay menos dinero, habrá que hacer las cosas de otra manera". Pero no dejar de hacerlas, que es, en su opinión, el riesgo que se corre al dejar bajo mínimos la única oficina de la Junta en el Albaicín. Las inversiones anunciadas por Espadas, que nunca llegaron a aprobarse, "peligran". "Se les llena la boca hablando de la rehabilitación como tabla de salvación del sector de la edificación, pero no se está dedicando el esfuerzo necesario", advirtió.
Lo ocurrido en Granada no es una excepción. Otras oficinas de rehabilitación andaluzas también han sido ‘decapitadas’: Jaén, Córdoba, Úbeda, Baeza, Arcos, Montoro, Jerez... En cambio, no se han tocado ni la sevillana del Casco Norte ni la del centro histórico de Cádiz.
El martes, el arquitecto granadino se despidió, afligido, de la ponencia técnica de la comisión del Plan Especial Albaicín, de la que era vocal. "Les pedí que cuidaran del barrio", dijo.