Salvador Rodríguez es un granadino que recorre el mundo en bicicleta. Es licenciado en Ciencias del Deporte por la UGR y profesor de Educación Secundaria de la Junta, actualmente en excedencia. Un gran aventurero que ha recorrido ya África y Asia, y que ahora
se encuentra en Japón, donde lleva tres meses. Mientras los mensajes llegados desde el país del sol naciente alimentan la preocupación, él manda una misiva de esperanza. Es esta:
No hay ningún fin del mundo aquí
Hola a todos. No sé cómo decir esto de una forma calmada, se ve que no aprendo de los japoneses. Tal vez lo mejor sería no ver tanto la televisión. Aquí lo que ha ocurrido es lo siguiente:
1. Un terremoto de 8.9 que no ha conseguido tirar un solo edificio al suelo, lo cual tendría para llenar muchos periódicos y para felicitar al pueblo japonés. El edificio del hotel donde trabajo se movió literalmente como un cocotero, y nada más.
2. Un tsunami posterior que ha dañado la costa del norte. Debido a que los edificios son flexibles para bailar con los terremotos, provoca también que no sean muy sólidos y generen esas imágenes espectaculares, pues las olas los arrancan de cuajo. También el hecho de que en Japón haya mucha riqueza, significa que hay muchos coches, barcos, instalaciones, y todo en muy poco espacio, todo muy junto, por lo que las imágenes se llenan de desastres materiales.
Si el terremoto y el tsunami hubieran ocurrido en otro país, habría cientos de miles de muertos, cosa que no ha ocurrido en Japón pese a la tragedia de miles de muertos que se espera. Los “japo” son muy cívicos y obedientes, muy preparados para desastres, y la mayoría de ellos pudo ponerse a salvo. En esa parte de la costa deben vivir unos 2-3 millones de habitantes, o más.
Sigue el “aftershock” y seguimos teniendo terremotos entre 5 y 6 puntos, por lo que la normalidad no ha regresado a Tokyo, ni las mercancías se reparten correctamente, ni todas las empresas están funcionando. Se espera que mañana o pasado, la alerta del “aftershock” termine. De cualquier forma, por un terremoto no parece que vaya a ocurrir tragedia alguna viendo la capacidad de absorción de los edificios japoneses.
3. Después ocurrió el problema con las fracturas y explosiones en la planta nuclear de Fukushima, e inmediatamente se ha puesto un plan de emergencia para reducir el problema. Cada día que pasa es un día de más enfriamiento y de menos justificación para la alarma. Las cantidades vertidas al exterior son insignificantes para la salud, pues Japón es un pueblo que se pone mascarilla para salir a sacar el perro a mear, y sus niveles para medir la radioactividad están muy, muy por debajo de real amenaza para la salud. Con todo, han evacuado a la gente hasta 30 Km. de Fukushima. Como medida de prevención, no como respuesta a un problema que no existe. Japón es el país tecnológicamente más desarrollado del mundo y se toma la responsabilidad laboral y cívica a un nivel que no existe en Europa. Es el último lugar donde puede ocurrir un desastre nuclear. Sencillamente, no va a pasar.
Y poco más, yo acabo de regresar de una pequeña fiesta con mis compañeros de trabajo y me siento avergonzado de cómo los medios occidentales están hablando del sufrimiento japonés, pues aquí tienen la sensación de que les deseamos un desastre nuclear o un tsunami que hunda medio país o si puede ser, que lo destruya completamente.
Esto no es una película apocalíptica, aquí no va a ocurrir ningún desastre nuclear, ni una nube de humo va a extenderse desde Asia hasta Finisterre. En vez de admirarse sobre la calma, civismo, orden y sensatez con la que los japoneses llevan esta tragedia, y respetar su sufrimiento, parece que a algunos les fastidia que no haya escenas de dolor público, de exhibición del llanto con las que llenar los noticieros. Aquí, la privacidad de los sentimientos no se considera algo público. No digo yo que sean mi pueblo favorito, pero desde luego que hay muchas cosas que nos deberían hacer reflexionar.
Os agradezco, nuevamente, vuestra preocupación y vuestro cariño, Salva.