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Los Reyes Magos con el alcalde de Granada, José Torres Hurtado. /ALFREDO AGUILAR

El saludo de Sus Majestades desde la plaza del Carmen es uno de los momentos más cálidos en esta víspera de Reyes. /ALFREDO AGUILAR
Melchor, Gaspar, Baltasar y Bob Esponja reinaron anoche durante la cabalgata de los Reyes Magos. Si Sus Majestades recorrían las calles del centro de la ciudad en sus barrocas carrozas aderezadas con todo tipo de adornos y músicas; el protagonista de los dibujos animados favoritos de los críos, simplemente, era omnipresente. Los Reyes Magos están en todas partes y al mismo tiempo, igual que Bob Esponja, que ya aparece atado a las muñecas de la chavalería, ya es el protagonista principal de los globos que se venden antes, durante y después de la cabalgata, ya aparece como disfraz de las distintas bandas de música que orquestan la banda sonora del recorrido. Y mientras esto sucede y cada vez que sucede, la chavalería ilumina sus caras, señala con el dedo y todos a una le reconocen y gritan «Bob Esponja, Bob Esponja, Bob Esponja», creando complicidades entre todos ellos de una manera de lo más natural.
La cabalgata, al igual que los gustos de los niños, ha cambiado. Esta mutación está presente en el cortejo de los Reyes Magos en varias aspectos. Por ejemplo, se incorpora de manera visible el último grito, la última moda, la más reciente tendencia. Y si en el camino hay que cargarse al anterior, pues van y se lo cargan. Nadie se acuerda ya, y por eso no hay ni sombra de ellos, de Doraemon y Pokemon. Han sido sustituidos. Bob Esponja está por todas partes. Por todas. Esta capacidad de reacción hace que la chavalería sienta la cabalgata mucho más cercana, más cálida, más suya, simplemente. Y mucho más emocionante. Y parte del gasto, se trasvasa de paso desde el Ayuntamiento a los padres, que son los que tienen que comprar los globos y todo el 'merchandising' que conlleva el Bob Esponja de marras.
La mutación también sirve para darse cuenta de que ya no es tan exótico que haya un rey negro ni tan atractivo que se repartan caramelos. La sociedad global del siglo XXI ha traído la inmigración a las calles de la ciudad y ver personas de diferentes países, etnias, razas es ya algo habitual para las nuevas generaciones de granadinos. Tampoco se libran los caramelos, símbolo en su época del máximo placer. Los caramelos, aunque los chavales (y muchos padres ¿eh?) siguen tirándose a por ellos con la velocidad del rayo, tampoco son un atractivo que defina por sí solo la cabalgata. Una madre contaba mientras guardaba con paciencia los caramelos en una bolsa que «todavía tengo guardados los de hace dos años». Resulta, explicaba desde su posición en la plaza de Isabel la Católica, que «los niños tienen todo tipo de chucherías a su alcance. Vivimos en una sociedad de la abundancia, pese a la crisis, y los caramelos ya no tienen ese componente de premio que tenían cuando nosotros éramos chicos». «Ahora, los niños tienen prácticamente de todo», sentencia. Por eso la imaginación y la ilusión, que no se pueden comprar pero que sí se pueden regalar, siguen siendo los valores que encierra una cabalgata y que encienden los corazones de los niños.
¿Qué les gusta a los niños? ¿Cuándo reaccionan? Por supuesto, ha quedado dicho, con los propios Reyes Magos, el bullicioso colorido, el ambiente de fiesta y este año con Bob Esponja. El rito de los caramelos no se queda atrás aunque luego los caramelos no sean degustados, al menos, no como lo harían los papás y las mamás. O los abuelos. Les encanta y les hace brincar en sus sitios la música. Al paso de las respectivas bandas los peques tararean todas y cada una de las canciones. Porque se las saben todas. El Top Ten de la cabalgata de los Reyes Magos está muy bien escogido, y es una de sus piezas fundamentales. Que con el Rey Melchor suene a todo meter 'El patio de mi casa' no solo hace nacer el ritmo de esta noche en los hijos sino que los padres presentes la reconocen y también sonríen, encantados. Que con el rey Baltasar suene el 'Waka Waka' de Shakira ya es como el culmen. La canción lleva asociados unos pasos de baile muy característicos y de repente la Gran Vía parece Sudáfrica cuando lo del gol de Andrés Iniesta. Mola.
La mutación continúa en los patrocinios. Una idea acertada para compartir gastos a cambio de visibilidad comercial y compromiso con la ciudad y los granadinos. Además, este tipo de acción es más que bien recibida por el público, que ve un esfuerzo en las entidades y empresas participantes. De paso, con la presencia de los patrocinios, la cabalgata asegura su continuidad un año más.
Vuelve a sonar el 'Waka Waka'. Son las 20.30 horas y el Rey Mago Baltasar entra en la plaza del Carmen. Han pasado tres horas desde que la cabalgata saliera del centro cultural Gran Capitán. Salen a saludar al balcón. La plaza está llena en plan ascenso del Granada CF. Es decir, a tope. Los Reyes Magos han vuelto a hacer su trabajo. La cabalgata ha mutado pero la ilusión permanece. Llega la noche mágica en la que todas las personas buenas vuelven a ser niños. Granada está a punto de caramelo.