José Luis Serrano presentó ayer su última novela, 'Brooklyn Babilonia' (Ed. Alcalá), una obra muy diferente a la serie negra que protagoniza Amparo Larios y muy distante de la novela andalusí 'Zawi'. En esta obra, Serrano pone un eslabón más en toda la tradición literaria referida a Nueva York. García Lorca, Cernuda, Machado y la música de José Ignacio Lapido, Enrique Morente y Juan Perro están presentes en esta historia de amor entre Brooklyn y Babilonia.
-¿En qué consiste 'Brooklyn Babilonia'?
-En síntesis, es la historia de un reencuentro entre dos amantes, veinte años después y cumplidos los cincuenta. Él vuelve desde Nueva York y se ha convertido en un hombre lineal e ingenuo como aquella ciudad. Ella siempre ha vivido aquí y es profunda y oscura como Babilonia. En otras palabras, es una novela de amor, reencuentros, desamor y los reencuentros a los cincuenta.
-¿Es una de sus novelas más literarias en relación a su serie de Amparo Larios o a 'Zawi'?
-Sí, es una novela sin género, no es ni negra ni histórica. Eso ahora se ha dado en llamar 'novela literaria'. Curiosa denominación, porque parece redundante: ¿hay alguna novela que no sea literaria?
-¿Qué uso ha hecho de la literatura y de la música en su obra?
-'Brooklyn Babilonia' está llena de referencias a Vicente Aleixandre, Luis Cernuda, Rafael Alberti, José Ángel Valente, Luis Rosales, José Agustín Goytisolo... Hay también un bolero, 'Encadenados', que me sirve como eje argumental de la novela, y citas a canciones de Carlos Cano, Enrique Morente, Radio Futura, Juan Perro y José Ignacio Lapido. Siempre he intentado aclimatar esos materiales para que no rompan la tensión narrativa, pero a veces, en las partes más vitales de la novela han brotado solos y se han puesto en el centro. Creo que la explicación es que más que lo que escribimos, somos lo que leemos y lo que escuchamos.
-¿Qué fuerza y peso tiene la tradición literaria de Nueva York en la novela?
-La novela comenzó siendo una versión en prosa de 'Poeta en Nueva York', de Federico García Lorca. Después de vivir unos meses en Nueva York, me di cuenta de que mi experiencia íntima con aquella ciudad era análoga a la de Federico García Lorca, que pasó por allí sesenta años antes que yo. Se me despertaron los mismos sentimientos que a él: la comprensión del siglo XX y las ganas de entender a Babilonia.
Influencias
-¿Qué hay en su obra de esa especie de nueva narrativa americana, con Auster como máximo representante?
-No lo sé. Conozco algunas obras de esa narrativa e imagino que algo me habrán marcado, pero también me han comparado con autores que no he leído. No sé a qué se puede deber. Tal vez al hecho de que los autores movemos la pluma, pero las novelas nos son dictadas por lo que los románticos llamaban el 'Volksgeist', el espíritu de la época.
-¿Por qué la magia y la historia, lo esotérico en la novela?
-El único elemento que se puede llamar mágico en la novela es la construcción de personajes que cuando se les acerca la muerte recuerdan no sólo lo que les ha pasado a ellos, sino también a sus antepasados. Pero eso no es tan mágico. Vivimos una doble existencia como seres individuales y como eslabones de una cadena. Y los recuerdos grandes se quedan a vivir en el corazón, retornan cuando quieren durante toda la vida y se transmiten, si no por la sangre, sí por la lengua que hablamos. No se trata de un discurso de tipo esotérico, es literatura.