Un año después de participar en la sección oficial del Festival de Berlín, 'Ricky', la décima película en la filmografía del cineasta galo François Ozon, llega hoy a las pantallas españolas. La cinta, protagonizada por el catalán Sergi López, indaga en el concepto de familia, «del lugar que ocupamos en ella, de cómo la llegada de un nuevo miembro perturba su equilibrio, ya sea un nuevo cónyuge o un niño», afirma el director francés.
Considerado por algunos el Almodóvar galo por su humor ingenioso y satírico y por su peculiar punto de vista sobre la sexualidad humana, Ozon fija el origen de 'Ricky' en un relato de la novelista inglesa Rose Tremain. «Lo que me gustaba era la irrupción de un acontecimiento maravilloso, extraordinario, en el seno de un ambiente muy anclado en una realidad pobre, pero ese aspecto fantástico me daba miedo, me parecía poco factible». Ozon se refiere al hecho singular que encierra el filme: a Ricky, el bebé protagonista, le van creciendo unas alas que finalmente le permitirán volar.
López señala que esta extraña capacidad podría convertir a Ricky en un ángel. «Pero François no aborda en absoluto ese lado simbólico. Nos muestra otra realidad mucho más inquietante», explica. «Ricky es un bebé precioso, rubio y de ojos azules, pero tiene algo de monstruoso con esas plumas que le crecen», dice.
«Esta ironía de la escritura de Rose Tremain encaja conmigo y quería mantenerla en la película. Cuando la historia toma un cariz demasiado fantástico o extraordinario, hay momentos álgidos de humor y de distanciamiento que salvan la escena o que aflojan la tensión», señala Ozon.
El realizador galo señala que le gustan los retratos de mujeres y que quería «volver a abordar el tema de la maternidad de forma diferente que en 'Mira el mar', donde dos aspectos del instinto maternal se dibujaban a través de dos mujeres opuestas: la buena madre y la madre ogro». «Aquí -añade-, esos dos aspectos están reunidos en un único personaje: Katie».
Sergi López, que esta semana ha presentado en París 'Petit indi', la última obra de Marc Recha, concluye destacando de Ozon su capacidad para «sembrar de pistas falsas una película y luego engañar al espectador».