La imagen de Mauricio Baldivieso, un chaval anónimo de 12 años, dio la vuelta al mundo hace unas semanas cuando saltó a un campo de la Primera División boliviana para defender la camiseta del Aurora de Cochabamba, entrenado por su padre. El niño hizo alguna que otra travesura sobre el césped hasta que un veterano rival le dio un curso acelerado de madurez mal entendida al lanzarle una tarascada para darle la bienvenida al profesionalismo. Al término del partido, el rostro de su padre transmitía una felicidad inmensa. El del hijo, sin embargo, era una mezcla de alegría y dolor emocional.
El revuelo por el debut de un chico de 12 años fue de tal magnitud que, pocas jornadas después del gran día, ambos abandonaron el club presionados por sus dirigentes. «Me cortaron las piernas», declaró entonces Mauricio parafraseando a Maradona cuando tuvo que abandonar el Mundial de 1994 por dopaje. El chaval ha regresado al Estudiantes, equipo que milita en la Primera 'A' de la región de Cochabamba. Estuvo en la cima sólo unos minutos antes de volver a la realidad.