Cuando en un titular nos convenía poner 'Padul' a secas, siempre esperábamos la llamada de José, que con aquella inconfundible voz rajada nos conminaba a que la próxima vez no cometiéramos esa falta, «porque es El Padul, como ya lo dejaron escrito los moros», nos decía. Eran broncas entrañables porque comprendía que para lo que nosotros, los redactores, no tenía importancia, para él sí la tenía».


