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El Granada saca el simulacro

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El Granada saca el simulacro

Los rojiblancos muestran sus dos caras, embarrada en la primera parte y mejorada en la segunda, siendo clave con su gol el suplente Ortega para empatar y seguir primeros

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La difícil convivencia del Granada con sus dos caras empieza a hacerse permanente, pero al menos le alcanzó para empatar en el primer simulacro serio de la temporada. Fue un ensayo de fase de ascenso en toda regla ante un Melilla con galones, afeado por el confuso comportamiento rojiblanco en la primera parte, con alivio en una segunda mitad más organizada. Es un Granada inclasificable, que tan pronto parece abotargado y a merced del rival, para transformarse en una fiera hambrienta de victorias, con argumentos aniquiladores de sobra.
Afrontó el encuentro desnortado, con separaciones kilométricas en el centro del campo. Un patinazo de Amaya a los cuatro minutos trajo el desastre momentáneo, con un robo ágil de Carlos Ruiz y el tanto de Andrés Ramos. El rostro se les iluminó en un segundo acto de mayor compostura y energía. Los problemas se espantaron cuando rebosó la calidad. Benítez armó un ataque decisivo que culminó un suplente crucial, Martín Ortega.
Las alertas saltan una y otra vez en el Granada pero no hay movimiento táctico que las silencie. Los rivales ya le han tomado la matrícula y, al menos, plantean medidas para rascar en sus defectos. Al Melilla le bastó con imponer una superioridad de efectivos en el centro del campo para colapsar a los de Tomé. El técnico retocó el mecano con Torrecilla, pero el relevo de Cámara no varió la tendencia a expandirse de este equipo. Era cuestión de cantidad. Felipe flotaba lejos de la sala de máquinas y la defensa se aculaba con parsimonia. Si las bandas ni abanican, como ocurrió en el arranque, los rojiblancos se quedan en apnea.
Lo leyó bien el Melilla, que tejió una maraña enorme a través de sus versátiles centrocampistas. Su intensa presión aflojó cualquier movimiento visitante y les sirvió para adelantarse debido a una pifia morrocotuda.
Amaya recibió el balón como último zaguero y lo controló defectuosamente. Se trastabilló pisando el esférico y Carlos Ruiz, atento al quite, dio un toque justo para que el esférico cayera a los pies de Andrés Ramos, que hizo una carrera corta y lanzó con gran tino, sin defensas a su sombra.
Disfrutaba la grada con los suyos, que por momentos borraban del campo al primer clasificado, sumido en nervios y el pateo profundo cuando llegaba a recuperar la posesión. Al menos, los de Tomé conservaron la solvencia defensiva que han hecho gala en otros partidos, sobre todo con un Nyom cuya escalada es considerable, ofreciendo un despliegue generoso y una soberbia colocación.
Tan sólo Casares sacaba un poco los pies del tiesto, poniendo en jaque al lateral Jonay. Tariq disponía su habitual rutina. Entrega total, enormes controles pero deficiente pegada.
Mutación
La nubosa impresión del inicio comenzó a mutar tras el descanso. Se juntó el Granada más y apareció su futbolista más determinante. Benítez, intacto casi en el primer acto, se ofrecía como alternativa constante por la banda izquierda. Tomé apreciaba la estilizada compostura de sus hombres y doblaba su apuesta por el gol con la introducción de Martín Ortega, de importancia capital en el desenlace. El extremo se acomodó como falso lateral derecho, con proyección clara. En una llegada muy estética, encontró su tanto reivindicativo.
Fue, sin duda, la mejor elaboración rojiblanca. La encabezó Benítez, en una maniobra eléctrica. Recogió el balón en su terreno, de espalda al marco, y se midió en carrera con Mahanan. Con el cuero pegado al pie, le sacó varias cuartas. Frenó con un quiebro que dejó a su par tirado en la hierba. Su centro preciso lo receptó Casares en el área, que de un toque retrasó para Ortega. Armó la pierna y fusiló a Dorronsoro.
El Melilla, pese a todo, no perdía el compás. Carlos Ruiz estrelló el esférico en el larguero con un remate de cabeza tras el bote de una falta y el técnico rojiblanco reculó para contener con una zaga de cuatro defensas puros, al introducir a Lucena. La inclinación de cada a uno a sus plazas originales le resultó propicia. El Granada anda bien en lo físico y siguió controlando con entereza ante un Melilla en franca regresión. Los rojiblancos estrecharon el cerco, ya con Berrocal en el campo. Rubén, con un tiro cargado de intenciones, pudo voltear el resultado, pero Dorronsoro anduvo fino repeliendo.
Berrocal casi goza de un remate en los últimos coletazos, pero un central salvó la posibilidad con un cabeceo.
El Granada tuvo hasta el pitido final alguna opción de gol. El Melilla encadenaba sus cambios con visible intención de perder tiempo, con sus hombres dejando el campo a pasos lentos. En el último córner del partido, a punto estuvo Tariq de conquistar el triunfo, pero su remate fue desajustado, como todos los anteriores.
Así se gestó un empate justo que permite al Granada aprobar uno de los test de altura de la temporada. La calidad de sus futbolistas permitió capturar un punto que las carencias como equipo estuvo a un paso de condicionar. Al final, son tantas las opciones virtuosas que pesan más y compensan las debilidades. Pero puede haber un día que no sea así. Por eso, los rojiblancos no pueden dormirse porque hay aspectos que maquillar. Aunque sigan primeros.
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