«He pretendido una visión del proyecto del Granada CF a largo plazo, buscar un respaldo definitivo del mundo empresarial, económico y social, y veía razonable que podría ser provechosa la llegada de la familia del Granada Atlético». La frase es de Ignacio Cuerva, pero no la pronunció recientemente, sino el 30 de marzo de 2007, cuando anunció su dimisión como vicepresidente del club rojiblanco en la etapa de Paco Sanz al mando.
Es posible que para un sector de los aficionados esa cita tuviera aún vigencia y que entre los motivos del desencuentro con Quique Pina, que han conducido a su inminente despedida como presidente del Granada, se encuentre la rotura de negociaciones que iban a convertir a los rojiverdes en filial del 'histórico' el pasado verano.
A Cuerva le ha costado quitarse de encima el sambenito de 'topo' de aquel proyecto empresarial desde que se vinculó como directivo al fútbol, en aquel verano del ascenso del Granada a Segunda B. Era el término con el que le apodaban algunos de sus compañeros de la junta Sanz a su espalda. Ni siquiera los todavía no alcanzados nueve meses de su presidencia han convencido a una pequeña facción de hinchas de la pureza de sus intenciones rojiblancas.
El primer roce entre Pina y Cuerva surgió a raíz del rechazo atlético, porque el granadino respaldaba el gran proyecto que traía la familia Pozzo, pero no quería perder una naturaleza plenamente granadina, aunque viniera de empresarios descreídos del futuro del club con anterioridad. Pero la gran ruptura se genera a partir del momento en el que el murciano adquiere poderes máximos, amparados por la firma del presidente y entabla gestiones con empresas de calado, como CajaGranada.
Cuerva se siente una mera figura de decoración, en una aventura que ya lidera Pina, respaldado por la inversión italiana. El tránsito del club hacia la ley concursal es el único motivo que ha frenado la marcha de Cuerva. Una vez encarado el proceso, sólo quedaba poner fecha a la dimisión.
Cuerva, en el fondo, siempre estuvo convencido de que lo importante no era sólo introducir al Atlético y lo que representaba en el Granada, sino crear un clima de concordia dentro del fútbol de la ciudad que se constituyera como base de supervivencia, aunque el salto de prosperidad se lo diera la mano extranjera.
Su reaparición en el fútbol tras aquella etapa de vicepresidente se produjo en el verano de 2008, cuando se constituyó la llamada mesa 'prounión'. Ignacio, su hermano Gerardo y Javier Jiménez, todos ellos pesos pesados dentro del asociacionismo empresarial, apadrinaron los encuentros entre la gente de Paco Sanz y los directivos del Granada Atlético. El madrileño rompió el clima sosegado de las negociaciones imponiendo un ultimátum, con requerimientos leoninos para los rojiverdes. Sanz se jactaba de tener cubierto su presupuesto sobradamente, conjeturaba intenciones dañinas en los empresarios y asumía la salud de su gestión.
Impagos de Sanz
Pero los problemas se sucedieron con el paso de las semanas. Los impagos con los que acabó la temporada el Granada aparecieron desde el arranque de Liga. El invierno se alcanzó con un pulso dramático, con el equipo perdido en la tabla y los jugadores amenazando con reivindicaciones drásticas.
Ya entonces empezó a rumorearse que los hermanos Cuerva y Jiménez recobraban su afán de formar una entente en la ciudad para reflotar al fútbol. Sanz y los suyos, por su parte, se ven entre la espada y la pared. Aunque amagan con distintas salidas imprevistas, acaban dimitiendo y convocando elecciones. Nadie se presenta, por lo que siguen en el cargo.
Las fuerzas vivas de Granada trataban de mover una alternativa, pero todos se mostraban remisos ante el tremendo caos económico en el que se sumía el Granada. Además de su engordada deuda, estimada en algo más de 10 millones de euros, era necesario un millón y medio para concluir la campaña 2008-2009.
El alcalde pide que alguien se lance al ruedo y a principios de febrero nace la mesa de la salvación, un cónclave de empresarios, políticos de distinto signo, representantes municipales y peñistas. No se convoca a nadie vinculado a Sanz. Allí reaparece Ignacio Cuerva y es donde se decide la creación de una sociedad mercantil para captar recursos para el club. No se designa a nadie como 'presidenciable', aunque Cuerva suena fuerte en las 'quinielas'. En una entrevista en IDEAL, sin embargo, niega verse como futuro mandamás, pero a reconocer que en otras circunstancias le haría ilusión.
Pocos días después acontece la jornada crucial para el cambio de gobierno. Tras un partido en el que la plantilla había mostrado una vez más su descontento poniéndose de rodillas, los Cuerva y Jiménez visitan el palco de Los Cármenes e improvisan una reunión con la directiva. Los jugadores, mientras, esperan la recaudación, ya que el encuentro había sido designado como de ayuda directa para ellos, tras varios meses sin cobrar.
Entre tanto, el trío empresarial baja al vestuario esquivando a los periodistas y dan un mensaje de respaldo a la plantilla, ofreciendo soluciones si se marcha definitivamente Sanz. El grupo, con su capitán Javi García a la cabeza, se agarra al clavo que le ofrecen y aumenta su presión.
Pero sigue sin aparecer un candidato. Cuerva es reticente y sólo se plantearía dar el paso en una gestora. La asamblea del 25 de febrero, muy convulsa y con conjeturas sobre una posible espantada a última hora del empresario, convierte finalmente a Cuerva en máximo exponente de una junta transitoria, sin compañeros elegidos todavía para que le secunden.
«Decidimos tomar la iniciativa ante una situación de desamparo, pero sin culpar a nadie de nada. La directiva ha llegado hasta donde ellos han podido llegar y con la mejor intención. Y el tiempo que le han quitado a sus responsabilidades personales y familiares merece su agradecimiento», entonó en su discurso.
La gestora
Cuerva empieza a ejercer y forma un grupo de subordinados bastante inexperto en tesituras futbolísticas, pero que demuestra una cohesión desconocida y una capacidad de trabajo sin límite. Consiguen ir pagando cantidades pendientes a los empleados, originan una campaña de salvación entre los seguidores y empiezan a fraguar un acuerdo con los futbolistas para que perdonen parte del dinero adeudado. El 29 de mayo alcanza otro hito. Se presenta un protocolo de intenciones para integrar al Granada Atlético en la estructura del Granada. El viejo sueño de Cuerva se iluminaba.
Una vez enfiladas las exigencias a corto plazo del Granada, el presidente desea acometer una solución integral para el club y plantea con seriedad su introducción en un concurso de acreedores que depure las arcas y concrete qué y a quién debe dinero. Al mismo tiempo afronta un proyecto deportivo algo modesto pero sin poner techo, cuya cabeza visible sería el técnico leonés Miguel Álvarez Tomé.
Sin embargo, entre bambalinas se teje otra posibilidad. Javier Jiménez, junto al directivo González Segura, contacta con Quique Pina, al que ya conoció cuando quiso vender el Ciudad de Murcia, y le ofrece desembarcar en el Granada. Pina avanzó que él sería el abanderado de una propuesta ambiciosa, respaldada por los dueños del Udinese italiano. La cosa germinó y así entablaron relación Pina y Cuerva. Pese a alguna filtración, el secretismo fue clave para consumar las conversaciones.
El 11 de junio se da a conocer los detalles en una presentación pública. El 23 de julio, en la asamblea de socios, Cuerva saca adelante todas sus propuestas con un enorme respaldo. La intervención de Pina queda como broche final. El murciano es aclamado por los socios. Ese día de gloria para Cuerva, del que sólo le faltó ser paseado a hombros por la calle, comenzó a concluir su reinado. Pina se fue agigantando, asumiendo su rol de gobernante definido y emisario de los italianos. La estela de Cuerva se fue apagando desde entonces. Su legado, ahí queda.