El equipo Overtone es lo que por aquí se llama 'reunión temporal de empresas' para apuntarse al plan Z por ejemplo; y por allí, All Stars: un cuatro en uno, de momento ocasional, y que tuvo su embrión en la banda que hace dos años actúo en el festival de Monterrey, aunque con el cubano Rubalcaba en el piano. Potter y Holland volvían a estar ya juntos como cuando el bajista inglés descubrió al saxofonista de Chicago.
En el teatro Isabel la Católica quedó claro que la bella elegancia del contrabajista complementa perfectamente el brillo y el espesor del americano. Este tipo de encuentros corren el riesgo (alguna vez sufrido en todos los festivales) de terminar siendo una jam sesión (de luxe, eso sí) en gira; en otras ocasiones, los miembros engranan bien en el conjunto total y todo se redimensiona.
En este caso, buscar una denominación común sugiere un esfuerzo de equipo empujando simultáneamente en la misma dirección.
A falta de material a ocho manos, el concierto se lo repartieron entre todos a partes iguales, salomónicamente tocaron a dos piezas por persona, incluidas las del baterista Eric Harland, que después del ejercicio zen de su predecesor en el cargo, George Gary, sonó a traca valenciana. El segundo en amigable discordia resultó el pianista Jason Moran que, aunque viejo conocido de los aficionados granadinos, nos sorprendió con la invención de la 'slide 1925', nuevo instrumento de cristal verde que se frota contra la cuerdas del piano, eso sí tras vaciar previamente su contenido.
Sobrio y señorial
Si en el piano, salvo experimentos cerveceros, escuchamos a un tipo vivaracho y muy suelto, con el eléctrico coloreaba de retrofuturismo 'vintage' el paquete sonoro. Nada que añadir. por último, a lo ya dicho en otras ocasiones sobre Holland o Potter; el primero, un genio capaz de hacer cantar o llorar su contrabajo (esta vez el semi que se está poniendo de moda por sus facilidad de movimientos) como comprobamos, con un lirismo muy emotivo, en la introducción de 'Veil of tears', momento cumbre de un trabajo en equipo, como siempre en él sobrio y señorial, que otorgaba con una sonrisa de bendición casi todo el solismo a su protegido Potter.
El saxo de este personaje deslumbrante goza de un timbre muy bonito y un cuerpo amplio que rememora a titanes como Sony Rollins o Lester Young; hace malabarismos a velocidades supersónicas, mientras otras veces juega con sonidos inalcanzables, laberínticos, elaboradísimos, con la facilidad del que está poseído por el talento y tiene sobrada técnica para expresarlo; se le considera el número uno de su generación y el saxofonista que marca la pauta actualmente, está claro por qué. Con esta conjunción de estrellas en formación, hasta Leire Pajín se hubiese quedado muda.