Al mal tiempo buena cara. La sentencia puede aplicarse perfectamente al lanzamiento que Warner realizará el próximo martes para conmemorar los treinta años de Loquillo en la carretera: una caja con cinco cedés y tres DVD que reúnen un centenar de canciones, entre ellas un álbum de inéditos, además de un documental y decenas de vídeos del roquero catalán. El tema que sirve de ariete a la producción es 'El hombre de negro', una versión del clásico de Johnny Cash que José María Sanz (Barcelona, 48 años) ha recreado con Andrés Calamaro, Jaime Urrutia y Enrique Bunbury.
Loquillo aún saborea el éxito de su anterior disco, 'Balmoral' -finalista de los Grammy pese a no sonar en las radiofórmulas-, mientras pone el punto final a 'Los muchachos del verano', su segunda novela. En esta entrevista habla de música y política -Stema este último que le apasiona-, lanza dardos dialécticos -otra de sus pasiones- y, como el resto de los españoles, confiesa que se aprieta el cinturón. Eso sí, a diferencia de la mayoría, él lo hace en la cama.
-¿No es arriesgado lanzar simultáneamente siete discos en tiempos de crisis?
-Que una compañía haga algo así es un lujo. Pero para llegar a eso, tú también tienes que ser un lujo. Sin eso, es inviable. Hay gente con diez años de historial que hace una recapitulación de su obra y le dan un gran bombo y platillo. Yo creo que esas antologías sólo se pueden hacer cuando alguien tiene una carrera larga y eclécticamente interesante.
-¿Afecta la crisis a los roqueros?
-No voy a 'supersuites' de hoteles de cinco estrellas. Y si acudo a hoteles de esa categoría es porque no hay muchos establecimientos que tengan camas de dos metros en las que quepa. Estamos pasando una crisis y sé adaptarme a lo que hay. Yo crecí en una casa de cincuenta metros cuadrados donde vivían mis padres, mi tía y mi abuela.
La inminente publicación de su antología, la más masiva que tiene lugar en el rock español sobre la obra de un autor, sitúa a Loquillo en la línea de clásicos de largo recorrido, a la altura, por ejemplo, de la cantautora rebelde de América Rickie Lee Jones -también festeja tres décadas de trayectoria con una reivindicación global- y lo incluye en un selecto trío de grandes retrospectivas, con Andrés Calamaro, que recientemente lanzó un 'box' de ocho discos, y Tom Petty, que a finales de mes publicará una colección de cinco cedés y dos DVD.
-¿El tamaño, importa?
-Si se hace, se hace bien. Lo que uno no debe permitirse en este negocio es pecar de humilde.
-De nuevo, ¿le pierde la boca?
-Sí, ¿qué pasa? Estas cosas hay que recordarlas de tanto en tanto. Y no en vano, sino en base a una obra y muchos años de trabajo. Mire, si yo tengo que agachar la cabeza no será ante el Rey, sino ante Miguel Ríos, Los Sirex y los grupos de los 60 que formaron la generación que introdujo el rock en España.
-¿Le quieren las discográficas?
-Salvo una catalana, me ha ido muy bien con ellas, con Emi y Warner-Dro. En esta caja están representadas todas las discográficas con las que he trabajado. Y lo digo ahora, cuando corren malos tiempos, de vacas flacas, y es muy fácil echar las culpas a las compañías.
-Tremenda noticia: Loquillo defiende a las discográficas.
-Igual había que haberlas criticado cuando era época de vacas gordas y el dinero fluía. ¿Por qué entonces no y ahora sí? El que hace esos reproches quizá debería vigilar bien a su 'manager' porque igual le está robando. Son frases propias de primero de rock. Además, si un artista está disconforme, ya sabe qué hacer: se graba el disco, lo produce y lo mueve. Yo lo hice con 'Cuero español' y 'Feo, fuerte y formal', y puedo decirle que desgasta mucho y limita tremendamente la creatividad. En esta profesión, cada uno debe hacer su parte. Una de mis películas favoritas es 'El Padrino' y hay una frase que lo dice todo: los jefes siempre pactan. Prefiero llegar a acuerdos con las compañías que nos beneficien a todos.
Barricada y Vetusta Morla
Loquillo anda estos días enfrascado en un nuevo álbum que rendirá homenaje a la poesía de Luis Alberto de Cuenca y la producción de un documental de su pareja, Susana Koska, sobre el movimiento feminista durante la España de la Transición, que sigue la estela histórica del excelente 'Mujeres en pie de guerra'. La experiencia le conduce a la idea de que, en política, las líneas aparentemente divergentes a veces son casi gemelas: la Comunidad de Madrid, en manos del PP, denegó la ayuda oficial -«no una subvención»- al disco que recreará la obra del antiguo secretario de Cultura de Aznar. Y el Ministerio de Cultura socialista ha hecho lo propio con un filme sobre «unas mujeres que lucharon por romper el ostracismo del franquismo y reivindicar el papel que hoy tienen; paradójico, ¿no?».
-¿La cultura tiene sus lobbies'?
-Hay clanes. En el cine ha habido y hay magníficos actores y directores en la lista negra o denigrados porque no forman parte del chiringuito. En la música también ha ocurrido, aunque la diferencia es que el músico no está a las órdenes de un director que pueda apartarle si no le es afín.
-¿Los músicos son más rebeldes?
-Son más individualistas, por los motivos que ya le he expuesto. Hace mucho que han dejado de estar al lado del poder. ¿Por qué se subvenciona al cine y no a las discográficas, si también producen cultura?
-¿Por qué?
-La cultura en España está en amplio retroceso y tiende hacia una situación peligrosa. Nos están educando en la mediocridad y la frivolidad y no se vende la cultura del trabajo ni de la investigación. Así surgen los artistas del consenso; es decir, los que no arriesgan, no se hacen preguntas, no critican, sino que aprietan manos y quedan bien con todos. Rompo una lanza a favor de Barricada porque nos han dado un gran ejemplo con su disco sobre la Guerra Civil. Es posible que el mundo del rock se esté agitando más que otros.
-Siempre ha sido así, ¿no?
-Existe un rock de radiofórmula. Argentina exporta a Calamaro y nosotros enviamos a Bisbal. Pero ahora existe afortunadamente un público que investiga en la Red y que ha permitido fenómenos como el éxito de Vetusta Morla. Las radiofórmulas van camino de convertirse en reductos. Falta pluralidad y calidad. Hoy, 'Camino Soria' sería impensable de pinchar en una emisora comercial y en 1987 se escuchaba en todas. Y es de una calidad indiscutible. Su autor, Jaime Urrutia, escribe; los demás, lo intentamos.
-¿Qué siente al revisar su obra y retrotraerse a 1980?
-¡Qué morro teníamos! Me siento tranquilo porque he hecho lo que tenía que hacer en cada momento. Ahora soy un clásico y estoy satisfecho. No me gustaría volver a los 22 o 23 años, aunque no reniego de nada. Pero debo tener la edad que aparento. Todo el mundo tiene derecho a pasar su etapa hedonista y frívola. Lo importante es madurar.
-¿Es de esos artistas que, a la hora de recapitular, se arrepiente de algo?
-Buf. No me iría a vivir al campo para componer. Soy urbanita y acabaría escribiendo de las margaritas. Tampoco entiendo a todos esos músicos que ahora se redimen de su etapa de drogadictos y te lo cuentan. Primero tienes que escucharles que son toxicómanos y que vaya pena. Y luego la historia de su redención.
-¿Ya no quedan malditos?
-Vivimos un momento curioso. Los Jonas Brothers son evangélicos; los Killers, mormones, y los U2, católicos a ultranza. Yo he crecido en una generación en la que el rock and roll era el diablo. ¿Por qué las religiones utilizan el rock para llegar a los fieles? Hay tanta gente salvando el mundo que debemos estar muy tranquilos.
-O sea, que ustedes en su época no llevaban el anillo de la pureza y la abstinencia de los Jonas Brothers.
-¡Joder! Fuimos la generación que vivió el primer periodo democrático y la Transición. Estábamos en un momento en que las 'leyes' no existían. Vivimos el sexo sin tapujos; no teníamos el peso del franquismo y todavía no había llegado el sida.
Los gustos de Zapatero
-Zapatero le confesó que sus referencias fueron Serrat y Paco Ibáñez. El lehendakari Patxi López prefiere a Los Punsettes. ¿Los tiempos van cambiando?
-Yo prefiero a un presidente que hubiera tocado en un grupo pop y new wave, como dicen de Tony Blair, porque era lo que correspondía a su época en Gran Bretaña. Queda muy bien decir lo de Serrat e Ibáñez, pero estoy seguro de que Zapatero tuvo que escuchar a Radio Futura, Ejecutivos agresivos y Alaska y los Pegamoides. Alaska hizo más por romper moldes y dar a conocer una España diferente y el cambio de país durante los 80 de lo que muchos pueden alardear. Pero con el rock hay cierto recelo.
-Siempre se ha evaluado como la forma ociosa de la música.
-Un error. Los grupos de los 60 formaban la contracultura. Fueron ellos quienes empezaron a romper moldes en una época difícil. Luego vino el resto. Se ha puesto a los cantautores como ejemplo de libertad y de lucha, pero ¿y el rock? Aquellos roqueros estuvieron antes y al tiempo. En los 80 se abominó de las bandas de los 60 y fue un error. Hay una tendencia a despreciar a la generación anterior a la tuya, pero en el rock tienes que apreciar a quienes están delante de ti. También a nosotros nos llegó esa época, nos llamaban 'cadáveres ambulantes' y tuvimos que bajar a picar piedra. Y luego está el desprecio por nuestra cultura. La música que se hace en Andalucía no se escucha en Euskadi y al revés. Las autonomías se han convertido en compartimentos estancos.
-Pero ahí quizás intervengan factores políticos.
-Sí. En España todavía somos adolescentes a nivel democrático y no queremos crecer. Los tres poderes del Estado comen juntos en el mismo restaurante. No hay independencia entre ellos, como en EE UU. Y el virus del franquismo ha mutado, se ha sabido adaptar a la democracia y campa a sus anchas. Por eso, los viejos conflictos y los viejos clichés siguen presentes. Si todos los idiomas del Estado hubieran sido protegidos, habríamos ganado mucho culturalmente. Quizá mejore el día que en el Congreso de los Diputados un político pueda hablar en castellano, catalán, gallego o euskera. Y que un diputado catalán pueda expresarse en castellano en Cataluña sin que lo tachen de nada.
-Complicado...
-Pero, ¿qué es la democracia? Que nos respetemos y entendamos. Todas las ideas, siempre que no se defiendan con violencia, pueden discutirse. ¿Por qué hablamos del derecho de autodeterminación en el Sáhara y no aquí? No soy independentista, pero hay que escuchar a los demás, aunque piensen diferente. Insisto: sin violencia.
-Y luego está la corrupción...
-La democracia es un trámite para el poder. Lo hemos visto en Cataluña. El famoso 'oasis catalán'. Una panda de chorizos. Eso sí, todos envueltos en la bandera. Lo malo de eso es que el ciudadano deja de confiar en la clase política. Aunque se han dado casos de políticos que se preocupan por el ciudadano.
-Deme nombres.
-Conozco alguno. Quizá haya que ir a una regeneración, nuevos partidos, pero tenemos que seguir votando porque es la esencia de la democracia. Nuestros mayores sufrieron y murieron por la democracia y la libertad. ¿Les hemos olvidado?