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ALMERÍA - JAÉN - GRANADA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Lunes, 13 febrero 2012

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Los vinicultores de la comarca de Guadix trabajan por mejorar la originalidad de los caldos accitanos que cada vez ganan más calidad entre los enólogos

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«Cascamorras pincha las uvas», asegura el refrán en la comarca de Guadix en clara alusión de la cercanía de la fiesta de septiembre con la vendimia. Lo que marca el final del verano y el comienzo del otoño es también, de un tiempo a esta parte, una industria cada año más importante para la comarca accitana.
La alquimia vitivinícola se enfrenta cada año a unas condiciones climáticas diferentes que, incluso, atrasan o adelantan la maduración del fruto. No hay fecha fija como, tampoco, hay añadas iguales entre los vinos. Cada año es un vino diferente. Este año el fruto tiene una acidez óptima, asegura Antonio Vílchez de la bodega Naranjuez, lo que parece augurar una buena añada.
La vendimia reúne a grupos de amigos y aún hoy mantiene el carácter festivo. Amparo Martos -bodega Vertijana- confirma el carácter festivo de la recolección vitivinícola. «Reservamos un día de vendimia exclusivamente para los amigos y lo hacemos un día de fiesta», comenta. Las palomitas se sustituyen por uvas y Martos incluso no puede evitar recordar la película 'Un paseo por las nubes' en época de vendimia.
Enoturismo
En la bodega Cauzón, Ramón Saavedra asegura que durante estos días emplea poca mano de obra porque son «muchos amigos venidos de todos los rincones de España los que quieren venir a vendimiar», y añade: «Es una especie de enoturismo». En el caso de la bodega Naranjuez de Antonio Vílchez la labor se realiza entre amigos y miembros de la familia.
A pesar del carácter festivo de la vendimia, no es menos cierto que la labor en la viña es para madrugadores. «Normalmente empezamos con la primera luz y terminamos en cuanto hace calor, a las diez o las once de la mañana», recuerda Antonio Vílchez. Preservar a la uva del calor es esencial porque con ello «se retrasa la fermentación del fruto», según Saavedra.
En Vertijana sí se recurre a la contratación externa. Dependiendo de la vendimia, entre unas diez o doce personas trabajan durante los días de vendimia. Unos trabajan en bodega y otros en la viña, de modo que el fruto pasa de la viña al lagar según se corta. Para los que trabajan el vino se trata de un momento importante.
La duración de la vendimia no sólo viene determinada por las hectáreas cultivadas. La uva se recoge por variedades -tempranillo, merlot, cabernet sauvignon, pinot noire-. Pero la vendimia es un solo proceso, una labor que no se puede dejar a medias porque «cuando comienza la vendimia, ésta tiene que terminar», comenta Martos.
Tampoco la vendimia es el final del trabajo para conseguir un buen vino; es casi el principio. «Ahora es cuando comienza la tarea y hay que controlar la maceración, la fermentación, los trasiego,...», dice Amparo, y así hasta Navidad con los cinco sentidos en la bodega.
Cada vez, mejores
Los vinos de la comarca accitana luchan por la calidad. «No podemos competir ni en medios ni en cantidad y por eso apostamos por la calidad», afirma Amparo Martos a modo de lema de las bodegas de la comarca. Una de las vías para aumentar la calidad está en limitar la producción de uva. Ramón Saavedra acude a las matemáticas. «En algunas denominaciones de origen cinco hectáreas producen 30.000 botellas de vino, en mi caso sólo produzco 8.000».
La apuesta por la calidad ha hecho que los vinos de la comarca, y entre ellos los tres consultados -Cauzón, Naranjuez y Vertijana-, aparezcan cada vez con más frecuencia en publicaciones especializadas con altas puntuaciones, reciban premios -Vertinaja presume del 'Torre de la Vela'- o se encuentren en mercados como Estados Unidos, Canadá, México o Bélgica -en el caso de Cauzón-.
Nuevamente menos es más. Menor producción de uva supone una mayor concentración de polifenoles, alcohol y acidez, ingredientes fundamentales para obtener unos vinos de estructura y cuerpo para hacer un «crianza original» o «singular», como subraya Antonio Vílchez.
Apuesta por lo natural
Ramón Saavedra añade que sus vinos son naturales, «un paso más allá de lo simplemente ecológico». Esta característica supone, dice, el respeto al medio ambiente pero, además, la ausencia de sulfitos en los caldos.
Las características geográficas y térmicas de la comarca la convierten una zona especial para la la cría de la vid. No obstante, las diferencias geográficas entre un viñedo y otro terminan aportando los elementos diferenciadores a cada vino.
Antonio Vílchez, destaca que la ubicación de su viñedo determina las características de sus vinos, comercializados bajo la marca Naranjuez. «Son vinos de altura y éstos suelen ser vinos complicados, pero ahora están de moda», subraya Amparo Martos, quien añade que el cambio climático pude haber influido en el cambio de gustos.
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