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ALMERÍA - JAÉN - GRANADA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

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Setenta años del inicio de la II Guerra Mundial

19.09.09 - 12:16 -
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¿Hemos construido un mundo mejor?
Hace unos días tuvimos conocimiento de una gran chapuza publicitaria por parte de Microsoft. La división polaca del emporio informático sustituía en su publicidad a un negro por un chico blanco y ‘bien aseado’. No sabemos si esto corresponderá a un error del ‘photoshop’ o a que en este país hay que presentar modelos sociales que respondan a los arquetipos propios de la sociedad polaca. Si fuera el caso, ¿tanto ha cambiado la Polonia de los hermanos Lech y Jaroslaw Kaczynski (éste ya ex primer ministro) de aquella otra que sufrió el despiadado ataque de la Alemania nazi para adoptar fórmulas discriminatorias propias del aquel invasor?
En estos días, todos recordamos, también los polacos, que se cumple el 70 aniversario del inicio de la Segunda Guerra Mundial. Justo el primero de septiembre del año 1939, a las 4,45 horas, el acorazado alemán Schleswig-Holstein disparaba en la base polaca de Westerplatte, cerca de Gdansk, los primeros cañonazos de un conflicto que se extendería por todo el planeta. Se daba así el pistoletazo de salida a una de las mayores tragedias de la humanidad. Una contienda que se cobró la vida de unos 50 millones de personas, entre ellos, cerca de seis millones de polacos.
Hoy, esta segunda gran guerra del siglo XX es sinónimo de destrucción, horror y muerte generalizadas. Ciudades destruidas, campos arrasados, vidas destrozadas. Espeluzna ver las imágenes de las sombras esqueléticas de miles y miles de personas amontonadas sobre carrillos de mano, carretas o amplias fosas, movidos en muchos casos, como si fueran montones de arena, por máquinas excavadoras, para comprender el horror que se vivió durante casi seis años.
La capacidad destructora del hombre se puso de manifiesto y llegó a sus máximas consecuencias no solo con el lanzamiento de las dos bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, sino con la destrucción de muchos de los fundamentos éticos y morales que sustancian la conciencia humana hasta alcanzar cotas de la máxima depravación del ser humano.
Sin embargo, no quisiera ahondar en el relato de los horrores de aquella guerra. El lector tiene a su alcance multitud de manuales que nos detallan cualquier análisis o datos que a tal fin nos interesen. Por el contrario, espero que convenga en que es preferible detenernos en lo que pudo influir en el mundo posterior a ella.
Y lo que vino después de la gran contienda fue, a mi juicio, un mundo igual o peor al que existía antes de ella. Es posible que esta afirmación resulte un poco chocante cuando se han dado pasos tan importantes para preservar los derechos humanos o cuando vivimos en la sociedad del bienestar, las comodidades y el desarrollo. Pero si escarbamos un poco más allá, quizás lo antedicho sea un espejismo que encubre una realidad muy cruda para tres cuartas partes de la humanidad.
Detrás de la gran guerra debería haber llegado un periodo de sensatez y cordura en la convivencia mundial. Y esfuerzos no han faltado: creación de organismos internacionales, con la ONU como principal referencia, conferencias internacionales... El mundo después de la Segunda Guerra Mundial no se convirtió precisamente en un espacio mejor de convivencia y de paz, a pesar del impulso dado por alcanzar una mayor concienciación de la población mundial a favor de la paz. Por ejemplo, el apoyo a la guerra de Irak en Estados Unidos alcanzó tasas de más del sesenta por ciento de la población. Manipulada o no, la opinión pública apoyaba la vía de la violencia en la resolución de conflictos.
Después de la gran guerra no ha existido un solo minuto de paz en nuestro planeta. Y aquí nos sumamos a la conclusión a la que llega Savater, en su ‘Política para Amador’, después de hacer un ‘cómputo’ del número de guerras habidas en la historia y de las vidas segadas, cuando dice que la guerra ha sido una compañera odiosa pero inseparable de las sociedades humanas. Lejos de producirse en nuestros días un choque de civilizaciones, como defiende la falaz tesis de Samuel Huntington, lo que sigue habiendo detrás de cada conflicto es la misma dinámica de intereses económicos, políticos y geoestratégicos que ha primado en la historia de la humanidad. ¿Es que acaso en los conflictos africanos existe un choque entre civilizaciones? A lo sumo choques tribales aderezados por esos intereses económicos, políticos y de control de recursos. Lo que está claro es que la conflictividad no ha cesado en ningún momento desde que se firmaran los acuerdos de Yalta y de Postdam.
La segunda gran guerra supuso una hecatombe mundial, pero las enseñanzas positivas que se sacaron, que fueron muchas, no se han aplicado como debieran. No estaría tan seguro de que el mundo que heredamos tras la Segunda Guerra Mundial fuera un mundo mejor. Posiblemente no tenga los mismos defectos que afloraron antes del estallido bélico, pero existen otros que lo han hecho un espacio bastante inhóspito o inhospitalario, como ustedes prefieran, para el ser humano.
En la época histórica de mayor progreso económico, la que vivimos, los niveles de pobreza no sólo no han disminuido sino que se han incrementado. La pobreza no sólo no ha reducido el territorio afectado sino que se ha extendido por más rincones del planeta. La tensión y los conflictos no se han contraído, más bien se han incrementado y diseminado por todos los territorios.
Las zonas privilegiadas del planeta (zonas desarrolladas, me refiero) quizá hayan quedado fuera de los conflictos bélicos, con sus excepciones (conflicto de Yugoslavia), pero el resto del mundo no se ha librado de la lacra de la violencia. Todos los continentes han tenido guerras al menos en los últimos treinta años.
Haber cumplido 70 años del inicio de la Segunda Guerra Mundial debe movernos a la reflexión más que a la conmemoración. Recordar que se cumplen siete décadas del inicio de una guerra que horrorizó al mundo debe servirnos para aprender una lección que en estos setenta años creo que no hemos hecho nuestra.
Debemos mantener intacta la capacidad de horrorizarnos como medio para no consentir las decisiones arbitrarias y en contra de los derechos humanos que a diario adoptan los gobiernos de todo el mundo. Y que se salve el que pueda.
Podría haber hablado de lo que la humanidad ha progresado en todos los sentidos desde aquella guerra, pero hay tanto dolor y tanta injusticia repartida por el mundo que no podemos instalarnos solo en la complacencia de lo bien que estamos o vivimos en nuestra sociedad de privilegios.
Acaso derivando el comentario en este sentido pueda uno mantener la conciencia activa.
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