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La ceremonia de consagración del rey de Bacatá, hoy Bogotá, hizo nacer el mito de El Dorado en el siglo XVI, reflejado en la película de Carlos Saura
29.08.09 -

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Decían que había una ciudad de oro escondida en las entrañas del Nuevo Mundo. La llamaban El Dorado. Muchos la buscaron, pero no apareció. Francisco de Pizarro, Sebastián de Belalcázar y Nicolás Federmann lo intentaron a partir de 1535, y disputaron mucho sobre tierras que todos aseguraban haber sometido. Les siguieron Gonzalo Jiménez de Quesada y Francisco Orellana, en 1536 y 1541. Habla de ello Carlos Saura en 'El Dorado', película en la que Omero Antonutti da vida al sanguinario colonizador Lope de Aguirre. ¿Perú, Colombia, Amazonas? ¿Dónde estaba el tesoro?
El mito de El Dorado nació de la ceremonia que ratificaba al cacique de los muiscas en el lago colombiano de Guatavita. En 1638 Juan Rodríguez Freyle la describe así: «Desnudaban al heredero... y lo untaban con una liga pegajosa, y rociaban todo con oro en polvo, de manera que iba todo cubierto de ese metal». Se subía en una balsa «y a sus pies le ponían un gran montón de oro y esmeraldas para que lo ofreciese a su dios». El indio dorado volcaba el tesoro en el agua y luego le imitaban otros cuatro jefes, y entonces «quedaba reconocido por señor y príncipe».
Así consagraban al 'zipa' de Bacatá, que hoy es Bogotá, la ciudad del dominguero Mercado de la Pulga, y la vida nocturna de la Zona Rosa y el Parque de la 93. En el centro, el barrio de La Candelaria habla del pasado criollo y español, con el Teatro Colón, el Capitolio y el Palacio Nariño. Para una fiesta por todo lo alto, están los restaurantes Andrés carne de res, El patio y Los últimos virreyes. Pero, si deja deudas, se las verá con 'las diablesas', que son la versión colombiana de 'el cobrador del frac', aunque más sexys y con perros. Nada que ver con la Catedral de la Sal, que está a cincuenta kilómetros de Bogotá, en Zipaquirá, excavada en el corazón del mayor yacimiento salino del país; templo y mina funcionan al mismo tiempo: unos rezan y otros extraen la sal.
En Colombia no hay rastro del oro de los muiscas. Pero el aeropuerto bogotano se llama El Dorado, como la avenida que lo comunica con el centro de la ciudad. En la región de Cundinamarca se celebra anualmente el Festival de El Dorado y se elige a la cacica guatavita, aunque la laguna donde los indios adoraban a la diosa Chie tenga el fondo destrozado por la excavación que en 1926 buscó el mítico tesoro. Sólo los codiciosos conquistadores europeos creyeron en él. Los colombianos prefieren contar a los turistas que El Dorado nace del amor entre el cacique de Guatavita y su esposa, que le engaña con un joven guerrero. El rey mata al amante, le arranca el corazón y se lo sirve para comer a su esposa. Ella lo descubre, enloquece, huye y se arroja a la laguna de Guatavita con su hija recién nacida. El marido se siente culpable y le hace una ofrenda cada luna llena, cuando ella asoma del lago convertida en serpiente.
Cojo, pequeño y peligroso
Once años tenía Inés Sastre cuando rodó 'El Dorado', en el que Lope de Aguirre nunca creyó. Era cojo, pequeño y peligroso. Así lo muestra el filme de Carlos Saura, basado en 'La aventura equinoccial de Lope de Aguirre', de Ramón J. Sender. 'La ira de Dios', como le apodaban, propició la muerte de Pedro de Ursúa y Hernando de Guzmán para encabezar la búsqueda de El Dorado en Perú. Mató a enemigos, compañeros y amigos por docenas.
Se enfrentó al rey de España y asesinó a su propia hija para que «no la conocieran por la hija del traidor ni quedara para colchón de rufianes». Para Carlos Saura, Aguirre tenía los problemas de cualquier político actual: «Entonces se solucionaban estos casos con un acto de violencia brutal y ahora los métodos son más sutiles. Pero la mecánica para llegar al poder es la misma».
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